Películas que se convirtieron en dibujos animados en los 80 y 90 (y quizá no recuerdes)

Hoy en día parece que hay una fijación por sacar todos los productos de animación en Live Action.

Y esto siempre se ha hecho, sí, pero últimamente hay un aluvión. Que si anime, que si DreamWorks… Hasta Popeye o Winnie the Pooh tienen su versión real en película de terror, nada menos. 

Y Disney se lleva la palma, claro. No sé vosotros, pero yo ya he perdido la cuenta de cuantas adaptaciones llevan y no siempre con mucho acierto, las cosas como son. 

Ya sólo falta Dragon Ball. Raro es que todavía no hayan hecho nada… Porque no hay ninguna película de Dragon Ball en imagen real, ¿verdad?


Pero hubo un tiempo que funcionaba justo al revés.

En los 80 y los 90, había una fiebre de adaptarlo todo a dibujos animados (cuando éramos pequeños, nada de animación. Eran dibujos animados). Y cuando digo todo, digo TODO. 


Daba igual si la película iba de atrapar fantasmas, de viajar en el tiempo o de un robot policía que revienta criminales. Si lo petaba en taquilla, no le hacían un remake innecesario, no. La convertían en una serie de dibujos. 




A veces el resultado era una joya que expandía el universo de la película y otras veces… bueno, era un experimento muy loco que nos dejaba con ese sentimiento de “¿cómo es posible que esta peli tan brutal acabara siendo para niños?”


Pero de eso nos dimos cuenta más tarde. En ese momento era la época dorada de merendar bocadillo de Nocilla viendo cómo nuestros héroes de acción se volvían caricaturas para vendernos juguetes.

Y oye, ni tan mal. 


Prepárate, porque vamos a desbloquear unos cuantos recuerdos que tenías guardados en las cintas VHS. 



Loca academia de policía (Police Academy) 1988


Si lo piensas fríamente, es de locos.

La saga original de películas era de todo menos para niños: humor verde, situaciones que hoy harían que Twitter (o X, como se llame ahora) implosionara y un grupo de inadaptados que, en el mundo real, no estarían autorizados ni para llevar un cortauñas.


Pero su éxito fue tan grande, que no solo sacaron secuelas sin parar. Warner Bros. decidió que esa gamberrada era el material perfecto para hacerlo todavía más exagerado y caricaturesco, literalmente, y llevarlo al dibujo animado. 


La serie era básicamente lo mismo, pero más “suave”.

Teníamos ese espíritu coral de las películas y agentes demasiado torpes, pero con perros policía con más protagonismo, que eso siempre mola, persecuciones más locas y villanos muy ridículos y coloridos.




Mahoney por ejemplo, el protagonista, perdió todo ese aire de vividor que tenía en el cine y lo convirtieron en un boy scout más ejemplar. 

Un lavado de cara en toda regla mientras nosotros flipábamos con los efectos de sonido de Jones, que en dibujos funcionaba incluso mejor.


Eso sí, Michael Winslow, el actor que lo interpretaba en las películas, no puso voz a su personaje animado. Ni él, ni ninguno del reparto.

Claro, así se ahorraban un pastizal, pero le faltaba esa chispa. Estaban todos los personajes de las películas, aunque no continúa su historia.


También había personajes nuevos que funcionaron, como el villano Kingpin.

Sí, igual que el de Marvel y sí, el aspecto era calcado. Coincidencia o no, Marvel sacó 6 cómics inspirados en estos dibujos. 


La serie solo duró dos temporadas, con 65 episodios. Un ejemplo perfecto de esa época en la que una película popular con colores más chillones y menos palabrotas, también podía funcionar los sábados por la mañana.


Karate Kid 1989

¿Cuántas veces han expandido ya este universo?

Esta fue la primera y es otra de esas que no tienen ni pies ni cabeza. En las pelis teníamos a Daniel LaRusso aprendiendo a dar patadas para que no le pegaran en el instituto, un drama adolescente con su toque de superación.

Pero llegó 1989 y alguien en la NBC dijo: "¿Sabéis qué le falta a este chaval que limpia coches? Un santuario mágico y viajes por el mundo".


Se olvidaron por completo del torneo de All Valley y de la rivalidad con Cobra Kai.

Daniel y el Sr. Miyagi se dedican a recorrer el planeta buscando reliquias mágicas antes de que caigan en manos equivocadas.

Sí, pasamos de "dar cera, pulir cera" a una trama de aventuras tipo Indiana Jones pero con kimonos.





La serie introduce además a un personaje nuevo, Taki, que acompaña a Daniel y Miyagi en estas misiones internacionales mientras un grupo de villanos intenta adelantarse a ellos en cada episodio.


Duró solo una temporada de 13 capítulos, así que no tuvo tiempo de asentarse demasiado. Y tampoco es canon con las películas, más bien usaron a los personajes como excusa para tratar de aprovechar el tirón de la franquicia y nos colaron historias independientes.


También nos vendieron la moto con la voz de Pat Morita en la intro, pero la realidad es que ni él ni Ralph Macchio pusieron las voces a sus personajes en la serie. 

Lo más curioso es que Daniel ya no era un novato, en los dibujos es prácticamente un maestro que reparte leña a diestro y siniestro. Claro, aprovecharon también que no peleaba Ralph Macchio… 


Uno de esos casos curiosos que visto hoy, resulta bastante surrealista que Daniel LaRusso pasara de dar la patada de la grulla… a perseguir artefactos místicos por medio mundo. 



Los auténticos Cazafantasmas (1986)


Tras el éxito enorme de Ghostbusters en 1984, la franquicia dio el salto a la animación con The Real Ghostbusters en 1986.


La serie seguía a Peter, Ray, Egon y Winston cazando fantasmas por Nueva York con su equipo habitual: mochilas de protones, trampas y el mítico Ecto-1.


Y sí, también estaba Slimer, Moquete en España.

En la primera película era simplemente un fantasma baboso que pasaba por allí. Pero la serie fue tan popular que decidieron que Moquete no solo era bueno, sino que era la mascota oficial del equipo.

Fue un cambio tan radical que hasta le dieron su propia serie en 1988. 


Además, los personajes no se parecen en nada a los actores de la peli.

Egon pasó de tener el pelo oscuro a lucir un tupé rubio platino altísimo y un traje verde. ¿Por qué? Porque no querían pagar derechos de imagen a los actores originales por usar sus caras en los dibujos. Tampoco usaron sus voces. 

A Peter Venkman, por ejemplo, le doblaba Dave Coulier, Joey en Padres Forzosos. 




Y no fue la única “lucha legal” que tuvieron. 

¿Te has preguntado alguna vez por qué el título original era The Real Ghostbusters?

Pues resulta que la productora Filmation ya tenía una serie de los 70 (con actores reales y un gorila, ojo) llamada Ghostbusters.

Además, también hubo una serie animada derivada, que la sacaron, “casualmente” el mismo año que ésta.

Así que hubo una pelea de despachos tan gorda que los dibujos de la película tuvieron que cambiar el nombre y decidieron remarcar que eran “los auténticos”. 


A diferencia de otros dibujos basados en películas, aquí sí hubo recorrido: 7 temporadas y más de 140 episodios, convirtiéndose en una de las adaptaciones animadas más exitosas de los 80.

Resultado: una serie que amplió el universo de la película, añadió muchos monstruos nuevos y ayudó a que la franquicia siguiera viva mucho después del estreno original. 



RoboCop 1988


Esta es, probablemente, la decisión más surrealista de la historia de los despachos de Hollywood. Alguien vio una película donde a un policía lo acribillan a balazos y luego él va por ahí volando cabezas con una violencia extrema y pensó: “oye, esto a los niños de 8 años les va a encantar…”

Y pasó.


En 1988 llegó RoboCop: The Animated Series, que mantenía la idea básica: Alex Murphy patrullando una Detroit futurista mientras intenta imponer algo de justicia entre tanto criminal tecnológico.




Pero para que no hubiera traumas infantiles, tuvieron que meterle un tijeretazo de censura importante, claro.

En la serie, Robocop no usa balas. Su mítica pistola disparaba rayos láser porque, naturalmente, el láser no mancha y no mata, solo "aturde".


También tenía una luz roja que se movía en su casco muy similar a KITT, el coche fantástico o los Cylons de Galactica. Porque en los 80, si eras un robot y no tenías una lucecita roja que hiciera "fiu-fiu", no eras nadie.


RoboCop pasó de ser una sátira oscura sobre corporaciones a una especie de superhéroe con armadura metálica.

Y tenía sentido, ya que esta serie estaba producida por Marvel Productions, lo que hoy se conoce como Marvel Animation vaya. Y sí, por supuesto hubo una línea de juguetes y de cómics. 


La serie duró 12 episodios, de los 13 que tenían planeados.

El presupuesto del último fue destinado a otra serie que pensaron que funcionaría mejor: X-Men. La de animación de 1992, sí. Ya sabéis, una parte de su éxito se lo debéis a RoboCop...


Y aquí, nos dejaron claro un concepto que sólo podían existir en los 80: convertir una película bastante adulta en un dibujo animado de sábado por la mañana… y pretender que era lo más normal del mundo. 



Beetlejuice 1989


Si viste la película de Tim Burton y luego pusiste los dibujos, seguramente te quedaste a cuadros.

En el cine, Beetlejuice es el villano que quiere engañar a Lydia para volver a la vida; pero en la serie, el guión dio un giro de 180 grados: Lydia y él son mejores amigos.


Ella lo invoca simplemente para escapar de su aburrida vida y juntos se van de excursión al No-Mundo (Neitherworld), que aquí es un sitio mucho más colorido y menos burocrático que en la gran pantalla. 





La serie apostaba mucho más por el humor surrealista y los gags visuales que por el tono oscuro de la película, algo que encajaba perfectamente con el estilo exagerado de Tim Burton, creador del personaje.


También era distinto en los personajes. Aquí no hay ni rastro de los Maitland (el matrimonio de fantasmas que cuidaba a Lydia en la peli).

A cambio, nos presentaron a toda la familia de Beetlejuice, incluyendo a su hermano Donny, que es lo opuesto a él: limpio, educado y un poco repelente.

Además, Lydia dejó de ser esa chica deprimida que escribía notas de suicidio para ser una gótica aventurera con un poncho de telaraña icónico.


Y funcionó muy bien: 4 temporadas y casi 100 episodios, convirtiéndose en una de las adaptaciones animadas más recordadas de los 90.


Un caso curioso donde el personaje secundario más caótico de la película terminó protagonizando un dibujo animado completamente loco… pero sorprendentemente divertido. 



Rambo La fuerza de la libertad 1986


Puede parecer extraño, pero en esta versión animada cogieron a un personaje que en las películas originales acumulaba un contador de bajas de más de 70 personas y lo convirtieron en un héroe apto para todos los públicos.


Lo más surrealista es que, a diferencia del John Rambo de Sylvester Stallone, solitario y atormentado, aquí le pusieron al mando de una unidad especial llamada "La Fuerza de la Libertad" (muy sutil el nombre, ¿verdad?), enfrentándose a una organización terrorista conocida como S.A.V.A.G.E., con misiones alrededor del mundo.




A pesar de que Rambo iba armado hasta los dientes con ametralladoras y explosivos, a lo largo de la serie no mató a ni una sola persona. ¡Ni una! Se pasaba el día disparando a tanques y helicópteros, pero los pilotos siempre saltaban en paracaídas o salían corriendo del vehículo justo antes de la explosión diciendo algo tipo "¡Ugh!". 


La serie solo tuvo una temporada de 65 episodios, muy en la línea de muchos dibujos de acción de los 80: aventuras rápidas, villanos exagerados y un claro espíritu de serie pensada para acompañar a su línea de juguetes.


Al final de cada capítulo, Rambo incluso nos daba lecciones de moral sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Imagínate a Stallone haciendo eso en el cine... no cuadra, ¿a que no? Un giro que solo los años 80 podían permitirse.



Regreso al futuro 1991


Si pensabas que con el tren volador de la tercera peli ya estaba todo dicho, es que no viste la serie.

Tras el éxito de Back to the Future y sus secuelas, la saga también dio el salto a la televisión con Back to the Future: The Animated Series, estrenada en 1991.


Se sitúa justo después del final de la trilogía y aquí el protagonismo se centra mucho más en Doc, su mujer Clara y sus hijos, Jules y Verne, mientras Marty aparecía de forma más puntual, aunque revelaron que su segundo nombre es Seamus, en honor a su antepasado de la tercera película. Todo queda en familia.


Cada episodio solía llevar a los personajes a algún momento del pasado… con consecuencias que, como era de esperar, acababan descontrolándose.

Lo más loco es que el DeLorean, que acabó hecho puré al final de la tercera peli, aquí vuelve a estar impecable (y hasta se pliega en una maleta, muy práctico).




Christopher Lloyd no puso la voz a su personaje animado (lo hizo Dan Castellaneta, que es nada menos que la voz de Homer Simpson en EEUU), pero sí que salía en carne y hueso al principio y al final de cada episodio en un laboratorio real.

Hacía experimentos científicos locos junto a un ayudante que te sonará: Bill Nye, The Science Guy. Fue la primera vez que Bill Nye apareció en la televisión nacional antes de hacerse ultra famoso.


El actor de Biff Tannen, Thomas F. Wilson sí que volvió para doblar a su personaje en dibujos.

 

La serie duró 2 temporadas y 26 episodios viajando por distintas épocas a bordo del DeLorean, mezclando aventuras históricas con los típicos líos temporales que ya conocíamos de las películas.


Un experimento bastante peculiar que ampliaba el universo de la trilogía sin tocar directamente la historia de las películas… aunque ver al DeLorean en versión dibujo siempre tenía su encanto.




La máscara 1995


Si hay una película que pedía a gritos ser de animación, era esta.

Stanley Ipkiss ya era básicamente un dibujo animado de carne y hueso en el cine, gracias a las muecas de Jim Carrey, así que la serie directamente abrazaba ese espíritu cartoon total. 


Aquí retomaban la idea de la película: Stanley Ipkiss, un tipo normal y bastante tímido, encuentra una máscara mágica que lo transforma en un personaje completamente descontrolado capaz de romper todas las leyes de la física… y del sentido común.





Lo mejor es que, al no tener el presupuesto limitado de los efectos especiales de los 90, se volvieron loquísimos: la cabeza de La Máscara podía convertirse en un martillo gigante, un cañón o cualquier transformación imposible que se te ocurriera sin que quedara raro. Un humor muy heredero de los clásicos de Warner Bros. Animation.


Algo que también pudieron hacer gracias a la animación, fue juntar a dos personajes de Carrey.

Sí, si. Hubo un crossover oficial con la serie de Ace Ventura, que también tuvo su adaptación en 1995.


En un episodio de dos partes titulado "The 'A' List", los dos "Jim Carreys" se encontraban.

Lo más gracioso es que, aunque Stanley Ipkiss es un trozo de pan y Ace es un caos con patas, terminaron siendo el dúo dinámico que nadie pidió pero todos necesitábamos.




Se emitió durante 3 temporadas entre 1995 y 1997, y para muchos fue una de las mejores adaptaciones animadas que salieron de una película de los 90.

Una prueba más de que, cuando alguien se ponía la máscara… cualquier cosa podía pasar.



Godzilla 1998


Si la película de Matthew Broderick te dejó frío, los dibujos eran la calefacción que necesitabas.

La serie empieza literalmente donde termina la película.


Aquí el equipo científico que se enfrentó al monstruo en Nueva York descubre que uno de los huevos que aparecían al final había sobrevivido. De ahí nace un nuevo Godzilla que lo primero que ve es a Nick y se piensa que es su padre y en lugar de sembrar el caos, acaba colaborando con los humanos para enfrentarse a otras criaturas gigantes.




En la serie arreglaron el mayor "pecado" de la película: el aliento atómico.

En el cine, el Godzilla americano solo soplaba aire fuerte (una decepción total), pero en los dibujos recuperaron el mítico fuego azul neón de las pelis japonesas originales, aunque aquí es verde.


Además, se enfrentaba a monstruos gigantes en cada episodio, convirtiendo la serie en un "Pressing Catch" de Kaijus que era mil veces más divertido que la peli de imagen real.


El protagonista vuelve a ser el científico Nick Tatopoulos, interpretado en la película por Matthew Broderick y aquí doblado por Ian Ziering, ahora liderando un grupo que investiga amenazas monstruosas por todo el mundo.


La serie duró 2 temporadas y 40 episodios, y con el tiempo el público ha señalado algo curioso: para algunos, esta versión animada terminó siendo mejor que la propia película de la que salió.

Una forma magistral de reconciliar a los fans con el diseño americano del monstruo. 



Men in Black 1997


Si las películas te gustaban por los alienígenas raros y el carisma de Will Smith, los dibujos eran como meterse un chute de cafeína galáctica. 


La serie funciona como continuación directa de la primera película, aunque hicieron una "trampa" de guion genial.

Al final de la peli de 1997, el Agente K (Tommy Lee Jones) se jubilaba y le borraban la memoria, ¿verdad? Pues en los dibujos decidieron que eso no podía ser, así que se inventaron que K regresaba de su jubilación porque era el único capaz de frenar una amenaza nueva.


Así que, retomaron las aventuras de los agentes J y K, mientras siguen manteniendo el planeta a salvo de extraterrestres problemáticos… y de paso intentando que los humanos no se enteren de nada.





Con 4 temporadas y 53 episodios, ampliaba bastante el universo de la película, presentando nuevas especies alienígenas, misiones más locas y un tono que mantenía bien el humor y la estética del film.


Por ejemplo, profundizaron muchísimo más en el pasado de la agencia.

Nos enteramos de que los Men In Black no empezaron en los 60, sino mucho antes, y nos presentaron a Alpha, el antiguo mentor de K que se volvió malo (un villano que, por cierto, era bastante aterrador porque se iba "cosiendo" partes de alienígenas al cuerpo).


Para muchos, fue simplemente otra serie de ciencia ficción divertida en la tele. Pero en realidad era una de las adaptaciones animadas más sólidas que salieron de una película en los 90.




Al final, lo mejor de estas series no era si el guion ganaba un Oscar o si se parecía 100% a la película.

Lo que de verdad nos flipaba era que ese universo que nos había dejado con la boca abierta en el cine, seguía vivo un ratito más cada tarde en nuestro salón. 


A veces salían cosas muy curiosas, otras bastante raras, pero todas tienen ese encanto de haber crecido con ellas sin preguntarnos demasiado de dónde venían.

Porque en aquel momento no pensábamos en “franquicias”, ni en universos compartidos, ni en estrategias de marketing. Simplemente encendíamos la tele y ahí estaban: policías torpes, cazafantasmas, cyborgs, monstruos gigantes o agentes secretos luchando contra alienígenas… pero en versión animada.

y no necesitábamos explicaciones. 


Y ahora me queda la duda.

¿Qué película de los 80 o 90 te habría gustado ver convertida en serie de dibujos animados?


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