Ahora mismo seguro que todos estamos con el subidón nostálgico: vuelve Scary Movie. Sí, la madre de todas las parodias, la reina de los chistes “políticamente incorrectos” y la película que traumatizó (para bien) nuestra adolescencia regresa a los cines.
Y regresa fuerte. Con los hermanos Wayans de nuevo y prometiendo dar más caña que nunca y ese humor que tanto se fue perdiendo en el resto de la saga. Y claro, con la tontería, a mí me ha entrado una morriña de videoclub que no os podéis imaginar.
Porque hubo una época, a principios de los 2000, en la que Hollywood descubrió una gallina de los huevos de oro y decidió exprimirla hasta la náusea.
Todo empezó con la propia Scary Movie. Su éxito fue tremendísimo, así que no solo empezaron a sacar secuelas sin parar. Todo el mundo decidió subirse al carro de la comedia absurda sin ningún tipo de pudor y de la noche a la mañana, las carteleras se inundaron de títulos clónicos: Date Movie, Epic Movie, Disaster Movie, Superhero Movie... ¡Hasta en España nos apuntamos con aquella Spanish Movie donde Leslie Nielsen compartía plano con Chiquito de la Calzada! Fantasía.
Durante casi una década, la industria del cine se rigió por una fórmula matemática infalible: juntar un puñado de taquillazos del año, destrozarlos a base de gags, añadir la palabra “Movie” al final y asegurarte de que Carmen Electra o el mítico Leslie Nielsen (que ya venía de su propia fiebre la de las parodias de los 80/90) aparecieran en el reparto.
El problema es que el género se saturó tanto y de forma tan cutre (Disaster Movie, te estoy mirando a ti) que muchas joyas absolutas se quedaron enterradas.
Por eso hoy vamos a rescatar esas verdaderas obras de arte del absurdo. De las que hay que ver sí o sí y que quizá no se tengan tan en mente como otros clásicos. Hablamos de películas que no se limitan a reírse de los clichés de un género, sino de clones que agarraron títulos hiperconcretos y los fusilaron escena por escena. Diez propuestas gamberras que exigen haber visto la obra original para captar el chiste y que merecen una segunda oportunidad.
Spaceballs (La loca historia de las galaxias, 1987)
¿A quién parodia?: La trilogía original de Star Wars.
Es imposible hablar de clones perfectos sin arrodillarse ante el gran Mel Brooks. Y justamente se escapa por completo de ese aluvión dosmilero y probablemente sea la que ha visto todo el mundo (y si no es tu caso, de verdad, ya estás tardando), pero es que el calco que hace del universo de George Lucas es legendario y esta película nunca puede faltar en ninguna lista. Además, también regresa en 2027. Ojo.
Aquí no se andan con sutilezas. Tenemos a Bill Pullman que se calza el chaleco de un Han Solo venido a menos, Lone Starr, acompañado de su fiel Barf (Vómito en la versión doblada española), un John Candy representando a Chewbacca, que es mitad hombre, mitad perro e interpretado. Juntos tienen que rescatar a la consentida Princesa Vespa (Daphne Zuniga) de las garras de Dark Helmet, un Darth Vader ridículo con un casco tan gigante que casi no le deja respirar, interpretado por un soberbio Rick Moranis.
Brooks calcó de forma brillante los planos y la estética espacial para regalarnos gags míticos: la nave viajando a "velocidad absurda", las espadas de luz que se enredan o ese alienígena que sale del pecho de John Hurt y se marca un número musical con sombrero de copa incluido. Un clásico incontestable que demuestra que, para destrozar un mito, primero hay que amarlo muy de cerca.
Me parece que sé lo que gritasteis el último viernes 13 (Shriek If You Know What I Did Last Friday the 13th, 2000)
¿A quién parodia?: Scream, Sé lo que hicisteis el último verano, Viernes 13...
Salió exactamente el mismo año que la primera de Scary Movie y, cosas del destino, decidió reírse exactamente de las mismas películas. Sin embargo, mientras los Wayans triunfaron en taquilla, esta joyita se quedó relegada a los estantes del videoclub.
Y casi parece más una parodia de Scary Movie que de las películas a las que hacen “homenaje”. Lo divertido es que coge prácticamente las mismas escenas, pero aquí son más estúpidas y exageradas aun. El épico arranque de Scream lo hacen glorioso: que el identificador de llamadas del teléfono ponga literalmente “El asesino” es una chorrada tan simple como genial, igual que ver al psicópata quemarse la mítica máscara de hockey y acabar con la de Ghostface por accidente.
Lo mejor es la fantasía de caras televisivas de los 2000. Majandra Delfino ejerce de sufrida protagonista junto a Harley Cross, que interpreta al soso de turno parodiando al mismísimo Dawson con lloreras incluidas. Tiffani Amber Thiessen como reportera trepa a lo Courteney Cox, Julie Benz espléndida encarnando a una mezcla de Sarah Michelle Gellar y Rose McGowan. El chiste se cuenta solo si recuerdas que Julie fue compañera de ellas en Buffy y Caramelo asesino; su recreación de la mítica escena de la gatera del garaje es insuperable.
Completando el plantel tenemos a Simon Rex, que se estrenó aquí antes de saltar a las secuelas de Scary Movie, y a un jovencísimo Danny Strong en plan salido total al más puro estilo American Pie.
Es una película que no se toma en serio ni un segundo y que precisamente por eso resulta una genialidad divertidísima y muy superior a muchas de las secuelas comerciales que vinieron después.
Distracción fatal (Fatal Instinct, 1993)
¿A quién parodia?: Instinto básico, Atracción fatal, El cabo del miedo, Nueve semanas y media...
Los años 90 estuvieron plagados de thrillers eróticos súper intensos, con abogados atormentados, mujeres fatales y tramas de cuernos que siempre terminaban en tragedia. Pues bien, el director Carl Reiner decidió que la mejor forma de rebajar tanta tensión era reírse de ella. El resultado es esta joya oculta que copia las escenas más famosas de ese cine para dinamitarlas desde dentro.
La premisa es un enredo magnífico: Armand Assante interpreta a un detective que es, a la vez, el abogado de sus propios sospechosos. Su vida se vuelve un caos absoluto cuando se ve atrapado entre su mujer (Kate Nelligan), su secretaria (una encantadora Sherilyn Fenn) y una misteriosa y peligrosa cliente, una desatada Sean Young que se encarga de parodiar el rollo psicópata de Glenn Close.
La película copia con una precisión milimétrica la estética y los planos de los taquillazos de la época, recreando desde el mítico e incómodo interrogatorio de Sharon Stone hasta las amenazas del villano hipermusculado de El cabo del miedo y miles de referencias más a un montón de películas. Una rareza divertidísima y muy visual, que funciona precisamente porque se toma muy en serio el material original para poder destrozarlo con estilo.
Superhero Movie (2008)
¿A quién parodia?: Spider-Man, X-Men, Batman Begins, Cuatro Fantásticos...
A finales de los 2000, los superhéroes empezaban a dominar la taquilla mundial, así que era cuestión de tiempo que el género recibiera su correspondiente ración de parodia. El peso de la película recae en Drake Bell, que interpreta a Rick Riker, un estudiante torpe al que le pica una libélula genéticamente modificada y se convierte en el héroe "Libélula".
El reparto es un auténtico regalo para los fans del género absurdo. Tenemos a la mítica Sara Paxton haciendo de Jill Johnson, la vecina de la que está enamorado (el calco de Mary Jane), a Christopher McDonald clavando el papel del villano corporativo "Reloj de Arena" (la versión cómica del Duende Verde de Willem Dafoe), de nuevo a Simon Rex como Antorcha Humana, la mismísima Pamela Anderson como Mujer Invisible y, sobre todo, al colosal Leslie Nielsen haciendo de tío Abert (en lugar de Ben), regalándonos uno de sus últimos grandes papeles cómicos antes de dejarnos.
La película clona con mucha gracia la estética de los cómics y sabe reírse muy bien de las tragedias de los orígenes de los héroes, los trajes ridículos y los discursos motivacionales que tan en serio se tomaban estas superproducciones.
Híncame el diente (Vampires Suck, 2010)
¿A quién parodia?: La saga Crepúsculo (Crepúsculo y Luna nueva).
Hubo una época en la que el fenómeno fan de los vampiros adolescentes que brillaban como purpurina bajo el sol, desató una auténtica locura colectiva. El subidón de hormonas e intensidad era tan exagerado que la parodia se escribía sola. Lo mejor de esta película es que clona al milímetro esa atmósfera gris, deprimente y melancólica de las películas originales para reírse de la intensidad de sus personajes.
Está escrita y dirigida por Jason Friedberg y Aaron Seltzer, dos de los guionistas de toda la Scary Movie y más de las “movies”, así que sólo con eso ya puedes imaginar que, cortarse en ridiculizar, no se cortan.
El trío protagonista es un acierto absoluto porque clavaron físicamente el casting. Jenn Proske debuta en el cine imitando de forma brillante todos y cada uno de los tics, tartamudeos y gestos incómodos de la Bella Swan de Kristen Stewart (aquí llamada Becca). A su lado, Matt Lanter interpreta a Edward Sullen, el vampiro pálido y atormentado, mientras que Chris Riggi es Jacob White, el hombre lobo que no puede evitar quitarse la camiseta a la más mínima oportunidad y que lidera a una manada de tíos cachas que parece sacada de un videoclip pop.
El argumento sigue los mismos dramas de la peli original, pero destapando lo ridículo de la trama: Becca debatiéndose entre un muerto viviente que se alimenta de sangre y un perro gigante que se pasa el día enseñando los abdominales. Una sátira gamberra ideal para reírse de los traumas góticos que vivimos en el instituto.
Dance Flick (Dance Movie, 2009)
¿A quién parodia?: Step Up, Street Dance, Save the Last Dance, Fama, Footloose, Hairspray...
Las películas de bailarines callejeros que solucionan todos sus traumas familiares a base de batallas de 'breakdance' se pusieron tan de moda que la familia Wayans olió la sangre y decidieron hacer lo que mejor se les da: coger los clichés del género y destrozarlos a base de humor bestia.
Dirigida por Damien Dante Wayans, escrita por Marlon y Shawn Wayans y protagonizada por Shoshana Bush y Damon Wayans Jr., la película se mete de lleno en el mundillo de los concursos de baile más exagerados y no deja títere con cabeza. Parodia absolutamente todas las películas de baile que se te puedan ocurrir. Repito: TODAS, hasta las más clásicas. ¿Cantando bajo la lluvia? Sí, también.
La historia nos presenta a Megan, una chica blanca y pija que baila ballet clásico, que termina en un instituto del gueto tras una tragedia familiar. Allí conoce a Thomas, un bailarín de hip-hop con el que tendrá que aliarse para ganar la típica competición final que lo soluciona todo. El humor es un desfase total que se ríe de las poses intensas de los coreógrafos, los mentores absurdamente duros y los dramas metidos con calzador. Si te tragaste el bum del cine de baile de los 2000, te vas a reír pero bien con este relevo.
Casi 300 (Meet the Spartans, 2008)
¿A quién parodia?: 300, Troya, Gladiator, Casino Royale y la cultura pop de los 2000.
Imposible que no conozcas esta, pero también es imposible no ponerla. Cuando Zack Snyder reventó las taquillas a base de capas rojas, frases lapidarias, filtros oscuros y tíos hipermusculados gritando a cámara lenta, la parodia era inevitable. Esta película coge ese universo tan sumamente exagerado y lo convierte en un desfase de humor absurdo que no tiene vergüenza ni la conoce.
El peso de la película recae en Sean Maguire, que hace un trabajo desternillante imitando las miradas intensas, la barba perfecta y los gritos del Leónidas de Gerard Butler. El casting es un festival de conocidos de la época: Carmen Electra haciendo de la reina Margo, el culturista Jareb Dauplaise interpreta al torpe espartano Dilio, y contamos con el puntazo de ver a Kevin Sorbo (el mismísimo Hércules de la televisión de los 90) como el capitán del ejército.
El argumento sigue la misma línea que la original: Leónidas liderando a un ejército (que aquí son solo 13 espartanos) para defender su tierra contra el gigantesco Jerjes. La gracia está en cómo ridiculiza la masculinidad exagerada del filme original (aquí los guerreros van dando saltitos y saltando a la comba).
Además, la trama aprovecha para masacrar los realities y programas del momento, transformando el mítico pozo de la muerte de Esparta en una fosa donde Leónidas va lanzando a imitadores de Britney Spears, Paris Hilton o los jueces de American Idol. Una opción idónea si buscas humor directo, absurdo y puramente visual.
¡Mafia! (Jane Austen’s mafia!, 1998)
¿A quién parodia?: El Padrino, Uno de los nuestros (Goodfellas), Casino y el cine de gánsteres clásico.
Si estás harto de las típicas parodias que solo buscan el chiste fácil, esta joya de finales de los 90 es una bendición. Está dirigida por Jim Abrahams, una de las mentes maestras detrás de Aterriza como puedas, lo que te asegura ese humor absurdo, visual e inteligentemente ridículo donde pasan mil cosas a la vez en el fondo del plano. Una maravilla si buscas algo menos trillado.
La película es un repaso desternillante a la historia de la familia Cortino. Jay Mohr interpreta de forma brillante a Anthony Cortino (el lado cómico del Michael Corleone de Al Pacino), el hijo que regresa de la guerra y se ve obligado a tomar las riendas del negocio familiar. Junto a él, el inolvidable Lloyd Bridges (en su último papel en el cine) clona con una dignidad cómica impecable al patriarca Don Vincenzo Cortino, y una genial Christina Applegate interpreta a la novia pacifista que intenta alejar a Anthony del crimen.
El argumento es un festín que recrea al milímetro los momentos más icónicos del cine de Scorsese y Coppola: desde casinos repletos de trampas absurdas hasta tiroteos donde las pistolas fallan de las formas más ridículas. Una comedia con mucha clase, un ritmo endiablado y un respeto tremendo por el cine mafioso.
Cincuenta sombras de Black (Fifty Shades of Black, 2016)
¿A quién parodia?: Cincuenta sombras de Grey, Magic Mike, Whiplash y los clichés del cine erótico.
Si el bestseller de Anastasia Steele y Christian Grey ya rozaba involuntariamente la comedia por su intensidad, estaba cantado que Marlon Wayans iba a meterle el diente para hacer de las suyas. El cómico se lo guisa y se lo come prácticamente solo: coescribe el guión, produce la cinta y se mete en la piel del misterioso magnate Christian Black. La gracia aquí es que, en lugar de ser un seductor impecable, este Christian es un completo desastre en las distancias cortas, un tacaño de manual y un tipo cuya supuesta "oscuridad" es solo una fachada para tapar que es un torpe extremo.
A su lado, Kali Hawk parodia a la perfección las miradas inocentes y el morderse el labio constante de la original (aquí es Hannah Steale). También tenemos a la mítica Jane Seymour como la madre adoptiva racista y adinerada; y el veterano Fred Willard pone el toque delirante como el padre de Christian.
El argumento sigue al milímetro el retorcido romance que ya conocemos, pero dándole la vuelta a las escenas clave. El famoso y lujoso "cuarto rojo del dolor" se transforma en una leonera cutre y mal equipada, y los encuentros íntimos se convierten en un festival de caídas, golpes absurdos y malentendidos que destapan las vergüenzas de la sumisión. Es una parodia muy física que desmonta por completo el misticismo del cine erótico de Hollywood y que cumple de sobra si buscas echarte unas risas sin complejos.
No es otra estúpida película americana (Not Another Teen Movie, 2001)
¿A quién parodia?: Alguien como tú, Crueles intenciones, Varsity Blues (Juego de campeones), Nunca me han besado, American Pie, 10 razones para odiarte...
Y bueno, no he llevado orden alguno, pero me he dejado para el final mi debilidad absoluta y la que es, para mí, la reina indiscutible de las parodias. Y ojo, que os lo dice alguien que se ha tragado todas y cada una de las películas de las que se mofa y que las tiene entre sus favoritas de la adolescencia. Pero las cosas como son, tienen cosas muy parodiables y aquí vienen a reventar y a reírse sin piedad de todos esos dramas de instituto con los que crecimos.
El argumento hila con muchísima mala leche los clichés de esos taquillazos. La trama principal destroza la de Alguien como tú, con esa apuesta absurda de instituto para convertir a la chica "fea" y marginada (Chyler Leigh, cuyo único defecto es llevar gafas y coleta) en la reina del baile. A partir de ahí, es un no parar de puñaladas directas a los engaños de Crueles intenciones, las infiltraciones ridículas de Nunca me han besado y las hormonas desatadas de American Pie.
El reparto está sembrado porque nadie se toma en serio. Ver a un jovencísimo Chris Evans, años antes de ser el Capitán América, haciendo del chulito del instituto (Jake Wyler) y entregándose al ridículo con la mítica escena de la nata no tiene precio. El resto del elenco calca de maravilla los peores arquetipos estudiantiles: Jaime Pressly borda a la animadora cruel, Mia Kirshner clava a la retorcida Catherine y Eric Christian Olsen está brillante como el rubio arrogante.
Pero el puntazo definitivo para los que nos conocemos estas pelis al dedillo es ver al gran Ron Lester parodiándose a sí mismo, regalándonos una versión descacharrante de su mítico y entrañable Billy Bob de Varsity Blues. Una salvajada de película que se mea en los tópicos de nuestra juventud y que, por méritos propios, es una obra maestra del humor adolescente.
Seamos realistas: la gran mayoría de estas películas son malas con ganas, carne de videoclub de la época y pesadillas para los críticos de cine. Pero ahí reside su auténtica magia. Son de esas que tienen esa maravillosa cualidad de ser tan rematadamente malas, cutres y desvergonzadas que acaban siendo buenas. No buscan ganar un Óscar ni pasar a la historia del séptimo arte; su único objetivo es hacer el ridículo más absoluto sin ningún tipo de vergüenza.
Si te apasiona esa clase de humor absurdo, estúpido y sin filtros, estas cintas son auténticas genialidades. Son ese placer culpable (o no tanto, que aquí los complejos los dejamos en la puerta) idóneo para apagar el cerebro un rato y reírse a carcajadas de la pura locura. Al fin y al cabo, el cine también sirve para esto.











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