Cuando terminó Friends en 2004, aquellos quienes pasamos 10 años con ellos y, algunos hasta crecimos, nos quedamos vacíos. Se acabó mucho más que una serie, fue una etapa de nuestras vidas. Fue el fin de una era… Uno de los momentos televisivos más difíciles de superar.
NBC, ese año también perdía a Frasier. Y sin sus dos grandes series, veía su audiencia en peligro.
Y entonces pensaron: oye, si Frasier fue un tremendo éxito después de Cheers, ¿por qué no repetir la jugada y darle a Friends inmediatamente un spin off también? ¿Qué podría salir mal? (Spoiler: varias cosas).
Así que es justo lo que hicieron.
¿Y quien tenía más sentido? Joey Tribbiani.
Era el único que no tuvo un final cerrado en Friends (Monica y Chandler a los suburbios, Ross y Rachel juntos, Phoebe casada…).
Él seguía ahí: actor, soltero, buena gente, con una carrera inestable y todo un futuro incierto.
Perfecto para seguir su historia y, sobre el papel, mucho material para desarrollar.
La serie se estrenó con un subidón: el piloto reunió a casi 18,6 millones de espectadores, la curiosidad inicial fue enorme y la necesidad de Friends aún más. Pero aquello empezó a caer en picado más rápido de lo que tarda Joey en comerse un sandwich.
Joey Tribbiani empieza de cero (otra vez)
La premisa era sencilla: Joey se muda a Los Ángeles para perseguir su carrera como actor.
Sí, otra vez. Dejaba Nueva York, el sofá y a sus amigos y cruzaba el país con maletas, esperanzas y un número infinito de castings fallidos. Porque Joey y los castings rechazados fue su historia de amor más larga.
Pero ahora si lo tomaba más en serio y pretendía ser una estrella de verdad. La serie quería mostrar el “lado B” de Joey: el esfuerzo, las pruebas, las pequeñas victorias y los ridículos más épicos del mundillo hollywoodiense. En definitiva, profundizar más en su carrera de lo que veíamos en Friends. Claro, aquí era el protagonista y había más tiempo para eso.
Y aunque seguía siendo el mismo adorable despistado amante de la pizza, también intentaron darle un poquito más de seriedad y madurez. Un poquito.
Nada que un “How you doin’?” no volviera a equilibrar.
Pero aquí no tenía a Chandler para prestarle dinero, ni a Ross explicándole cosas que él no quería saber, ni a Monica preparándole un banquete todos los días…
Tenía un sobrino súper inteligente y una hermana que gritaba como si hubiera nacido dentro de una bocina.
La dinámica funcionaba bien: Joey como figura “paterna” de Michael (bueno, paterna o tutor, colega rarito… algo así) daba lugar a chistes buenos. Y con su hermana Gina tenía muy buena química, lo que provocaba las escenas más graciosas en mi opinión.
Los nuevos friends de Joey en Los Ángeles
Gina Tribbiani (Drea de Matteo) era un torbellino en tacones con voz fuerte y cero filtro. Una peluquera intensa que podía hablar, pelear y amenazar a alguien en menos de dos segundos. Bendita ella.
Gina era fantástica porque parece haber salido de una sitcom propia, paralela y más ruidosa.
Michael Tribbiani (Paulo Costanzo), el hijo de Gina, era la antítesis de su tío Joey: brillante, socialmente torpe y con alergia a todo lo que no fuera estudiar, pero con esa inocencia que hace que quieras protegerlo del mundo, sobre todo de su propia familia. Constantemente te preguntabas de dónde había sacado esos genes.
Su relación con Joey es de las cosas más simpáticas de la serie: Joey le enseña a vivir… y Michael intenta enseñarle a pensar.
Alex Garrett (Andrea Anders) es la vecina abogada, culta, amable, adorable y crush potencial. Uno de los intentos más serios de darle un arco románico a Joey y hacerle sentar la cabeza (misión imposible?).
Bobbie Morganstern (Jennifer Coolidge. Sí, la mismísima Jennifer Coolidge) es la representante de Joey, una combinación perfecta de caos, carisma y frases que probablemente nadie más podría decir sin prender fuego a la habitación. Creo que todos sabemos lo desternillante que es esta mujer. Bobbie merece un altar, un spin-off y probablemente un Emmy retroactivo.
Jimmy (Adam Goldberg) es el padre de Michael y el ex de Gina. Con su hijo tiene una relación inexistente, hasta el punto de que Michael no sabe que es su padre. Con Gina bueno, digamos que no pueden hablarse sin gritarse barbaridades, pero tampoco pueden quitar las manos el uno del otro cada vez que se ven. Una relación amor/odio en toda regla. Y con Joey… todo el mundo se lleva bien con Joey.
Howard (Ben Falcone, el marido de Melissa McCarthy), otro de los vecinos de Joey, que intenta a toda costa ser amigo suyo y bueno, torpemente, ligar con Gina. El típico vecino que parece que no tiene casa porque siempre está por allí, pues eso. Personaje muy recurrente en las sitcoms.
Zach (Miguel A. Nuñez Jr.) compañero actor de Joey, entusiasta, peculiar y con un punto de “¿cómo ha sobrevivido este hombre en Hollywood?”.
Uno de los secundarios más agradecidos, porque aportaba caos simpático.
Un buen repertorio de secundarios y algunos nombres potentes. En pantalla esa mezcla funcionaba a ratos: había momentos divertidos y gags que sí colaban y todos contribuían a hacer de Joey un universo propio, lejos del Central Perk.
Pero el problema no era el reparto. Era que Joey intentaba reproducir la química de Friends… sin los friends. Y eso es como intentar hacer paella sin arroz.
Cameos y apariciones que quisieron seguir la tradición de Friends
Como en Friends, Joey tuvo su lote de invitados de renombre.
Aquí, al tratarse del mundo de Hollywood era algo incluso más fácil y muchos hacían de sí mismos como Carmen Electra, Kevin Smith, Bob Saget, Ellen DeGeneres (quien, por si no lo sabías, audicionó en Friends para el papel de Phoebe) o Jay Leno (gran fan de Friends, que por supuesto también tuvo su cameo allí).
Pero también hubo otros nombres importantes: Christina Ricci, Lucy Liu, Mädchen Amick o Betty White, por ejemplo. Nada mal.
Sin embargo lo que todos esperábamos en algún momento y nunca llegó, fueron los cameos del elenco de Friends.
¿Por qué? Por varios motivos:
1. Creativo: los productores querían que Joey “volara solo” sin depender de sus antiguos compañeros.
2. Práctico: los actores habían cerrado ese capítulo y estaban con nuevos proyectos.
3. Económico: traer a cualquiera de ellos habría sido caro de narices.
Así que no, nunca vimos a Chandler visitando Los Ángeles, ni a Phoebe tocando en un bar raro de Venice Beach, ni a Rachel comprando en Rodeo Drive o acosando a alguna estrella… Y se notó.
Yo personalmente tenía la absoluta confianza de que alguno de ellos iba a aparecer. Pero bueno, nos tuvimos que conformar con menciones, que esas sí hubo unas cuantas.
Algunas curiosidades… y errores de continuidad
Y aunque ninguno de los Friends apareció físicamente, David Schwimmer (Ross) sí que estuvo en la serie dirigiendo dos episodios.
Matt LeBlanc tenía un salario inferior al que tuvo en la última temporada de Friends (un millón por episodio), porque de no ser así, la mitad del presupuesto se hubiera ido solo en su sueldo, ya que “solo” costaba dos millones producir cada episodio y aun así, fue una de las comedias más caras de las que debutó ese año.
No haré spoiler de sí Joey y Alex acaban juntos o no, pero sí diré que Matt LeBlanc y Andrea Anders, después de finalizar la serie, estuvieron saliendo 8 años.
Drea de Matteo acababa de ganar un Emmy por Los Soprano cuando la ficharon. Pasar de la mafia a Joey Tribbiani es una transición que merecería un documental.
Y por cierto, la actriz es solamente 6 años mayor que Paulo Costanzo, quien interpreta a su hijo. Ya me deprimiría…
Y si, Paulo Costanzo tiene el mismo apellido que Robert Costanzo, el actor que interpreta al padre de Joey, es decir, su abuelo. Casualidades de la vida, abuelo y nieto comparten también apellido real, aunque no tienen ningún parentesco. Yo llegué a pensar que sí.
Hablando de Robert Costanzo, es el único actor, (además de Matt LeBlanc, claro), que aparece con el mismo personaje que en Friends.
Y menos mal que al menos uno tuvo constancia, porque aquí es donde llegan los errores que nos sacaron de quicio a los fans.
Las hermanas de Joey (7 nada menos) aparecen en Friends.
Representadas todas muy caricaturescas, tan iguales de aspecto que es imposible distinguirlas (que se lo digan a Chandler…). Nada que ver con la Gina que vemos en Joey. Obviamente tampoco es la misma actriz. Al igual que Mary Therese, que aquí es Christina Ricci.
Dos personajes interpretados por actrices diferentes. Pero venga, se puede justificar. En Friends no fueron importantes y tampoco eran actrices reconocibles y en Joey, Gina era una de las protagonistas. Lógicamente tenía que ser una actriz potente y además, pudo haberse cambiado el color de pelo para no parecerse tanto a sus hermanas… por ejemplo. Venga, lo compro.
El problema estaba en que también ocurrió justo lo contrario: dos actores encarnaron a distintos personajes siendo el mismo universo.
Jennifer Coolidge también salió en Friends como Amanda, la del acento raro que fue vecina de Monica y Phoebe.
Aquí, como dije, es la representante de Joey. Pero bueno, al parecer nadie se acuerda, y si se acuerda, se perdona, porque es Jennifer Coolidge.
Más grave fue lo de Adam Goldberg en el papel de Jimmy. Aparte de ser casi familia de Joey, también era su amigo desde el instituto.
En Friends era Eddie, el compañero psicótico de Chandler que, precisamente, ocupa el sitio de Joey cuando se muda después de triunfar en Los días de nuestra vida. ¿Eso cómo se explica?
A mucha gente nos rompía bastante la serie y el universo compartido, pues es un error de continuidad grande y muy notable.
Lo cierto es que Friends también tenía muchos, no de ese estilo, pero sí otros. Aunque ya por cariño y costumbre, se pasaban por alto y era como parte entrañable de la serie.
Pero aquí no fue tan perdonable porque, ¿cómo puedes no acordarte que un actor ya había interpretado a un personaje en la serie madre y además, un personaje tan sonado? Era molesto, la verdad.
¿Por qué Joey no funcionó? Una mezcla de razones
Bueno, una de ellas bien podría haber sido esos errores, pero no creo que tampoco influyera mucho a la audiencia.
La serie arrancó muy bien. Veníamos huérfanos de Friends, necesitábamos un salvavidas emocional y, aunque faltaban los otros cinco, al menos nos quedaba Joey Tribbiani y había que agarrarse a eso. Era familiar y querido, fácil de ver. Pero después… llegó la caída.
Gran parte de la culpa la tuvo NBC, que la movió de horario tantas veces que verla era como jugar al escondite. Además tenía a ABC pisando fuerte, estrenando ese mismo año Lost y Mujeres Desesperadas. Al siguiente, llegó Anatomía de Grey. Mala época para competir…
La otra culpa la tuvo de dónde venía.
Joey nunca pretendió ser Friends 2. Tenía otro ritmo, otro humor, otro ambiente y otra energía. Pero las comparaciones fueron inevitables. El público tampoco esperábamos un Friends 2, entre otras cosas porque era imposible y además tampoco lo queríamos, porque era intocable. Pero sí un poco más de coherencia por todas partes.
Y ya digo que la culpa fue nuestra, porque no se podía evitar cada vez un “eso no le hubiera pasado a Joey con Chandler” o “seguro que esa trama hubiera funcionado mejor entre Joey y Ross que con Zach”. Y ya dicen, las comparaciones son odiosas.
Otra parte es que nos costaba mucho ver a Joey solo. De los seis era el mejor amigo, el más leal, el que siempre los apoyaba a todos y rara vez los juzgaba, por no decir nunca. ¡Hasta le gustó el pastel de Rachel, eso si que es ser un verdadero amigo! Realmente los quería como a su familia. Todos eran amigos, pero Joey era EL amigo.
Y después de verle añorando Nueva York después de dos días en Londres o deprimido porque Monica y Chandler se mudaban y no soportaba los cambios, no era fácil verle tan lejos de ellos y que él lo llevara tan bien. A ver, al final cada uno tenía su vida y lo lógico es que Joey terminara madurando y rehaciendo la suya, pero ¿quién no se lo imaginó envejeciendo encima del garaje de Chandler y Monica antes que en Los Ángeles?… Si, definitivamente es culpa nuestra.
Además, aunque todos queremos mucho a Joey, no podía llevar todo el peso. Es un personaje adorable, pero no era el más complejo del grupo. Los seis funcionaban por contraste, por química mutua. Separarlo de ellos era quitarle la mitad del encanto. Y eso nos hubiera pasado con cualquiera de los seis, (creo, nunca lo sabremos) pero Joey era el menos “interesante” por sí solo.
Era el único que no tenía un arco propio. Su mayor historia fue su carrera de actor, pero una cosa es llenar diez minutos con gags y otra sostener una comedia unipersonal durante 46 episodios. Algunos críticos dijeron que Joey terminó perdiendo el carisma vivaz que le hacía gracioso en el grupo. Y de verdad, fue una pena.
Se esperaba mucho de esta serie al ser una continuación de Friends, pero el listón estaba demasiado alto.
Así que entre unas cosas y otras, la audiencia fue cayendo en picado y NBC no solo canceló la serie para una tercera temporada, si no que no emitió los 8 últimos episodios de la segunda que ya estaban grabados.
Durante años, en EEUU esos capítulos solo se podían ver si comprabas la serie en dvd, que tampoco es que hicieran muchas ediciones. En otros países, incluido España, tuvimos más suerte y si se emitieron todos. Aunque igualmente nos quedamos sin un final cerrado, claro.
¿Un nuevo renacer?
Desde hace poco, han decidido poner fin a esa incertidumbre y 20 años después, por fin se puede ver la serie completa.
La cuenta oficial de Friends ha subido a su catálogo de Youtube todos los episodios, incluidos esos 8 que se quedaron colgados. Así que ahora, si vives en EEUU puedes ver la serie online y gratis. Esta vez ha sido al revés y en España y en más países, están bloqueados por temas de derechos y territorios. Pero bueno, siempre nos quedan los dvds.
Y ahora que la serie ha vuelto a streaming, mucha gente que nunca la vio en su momento está descubriéndola sin expectativas, sin la sombra de Friends reciente. Y eso le hace un favor.
¿Merece la pena volver a verla ahora?
Sí por curiosidad histórica y justicia televisiva. Sin la presión de la comparación constante, Joey deja momentos muy simpáticos, un reparto secundario que merece halagos y un Matt LeBlanc dándolo todo incluso cuando la industria no tenía claro qué quería hacer con él.
No es la sitcom del siglo, pero tampoco lo buscaba.
Además, para quienes crecimos con Friends, es un documento curioso: ver a Joey intentando ser grande en Hollywood tiene su encanto triste y bonito. Era simplemente una forma de seguir un poco más con un personaje que queríamos.
¿Conclusión? Joey no fue el fracaso absoluto que algunos dicen, ni tampoco la comedia imprescindible que imaginaban los ejecutivos. Fue un experimento. Un experimento que no salió como nadie esperábamos, pero que merece al menos un visionado.
Y oye…a Joey siempre apetece verle un rato más.
Aunque sea para comprobar si por fin aprendió a compartir comida.

















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