Volviendo a la adolescencia por contrato: actores que hicieron de teens sin serlo

Que en cine y televisión la edad sea más un concepto flexible que un número, no es ningún secreto. Los actores casi nunca tienen la edad que representan sus personajes y eso no lo vamos a descubrir ahora. 


Pero donde más se nota esos reajustes es en las series e historias de instituto. 

Más que nada porque en las demás no solemos conocer la edad de los personajes, ni nos importa en realidad. No tiene nada que ver con la trama. 

Pero aquí no hay escapatoria: tienes que tener entre 15 y 18 años... A no ser que a alguno se le atragante algún curso, pero esas cosas no pasan en la tele. Pase lo que pase, se gradúan todos. Y si hace falta, se organiza medio instituto en modo revolución estudiantil, ¿verdad Donna Martin?


La realidad del casting, sin embargo, va por libre. Algunos dan el pego y dices: vale, aceptamos barco.

Otros… bueno. Digamos que si les dan una tutoría con los padres, son ellos los que la firman. Y nosotros tampoco hemos nacido ayer y NO cuela.


Pero la ficción lleva años practicando ese deporte extremo llamado “tú haz como que te lo crees”. Y nosotros, disciplinados, hemos colaborado encantados. Si el guion dice que esa persona está preocupada por un examen de química de cuarto, pues adelante, carpeta en mano y a clase, aunque su DNI esté pidiendo ya hipoteca.





Así que vamos a repasar algunos de esos casos en los que la tele intentó convencernos de que estábamos en el instituto… y nosotros, cómo no, se lo concedimos.



Troian Bellisario – Pretty Little Liars





Aquí entramos en el maravilloso universo donde el instituto dura lo mismo que una carrera universitaria, un máster y una crisis existencial. Porque vale, aceptar que persigan a “A” por los pasillos en vez de hacer deberes te lo compro… pero seis años para salir del instituto ya es dedicación al suspense.


Ninguna de las protagonistas tenía edad real de taquilla juvenil cuando empezó la serie, pero Troian jugaba en otra liga: tenía 25 años interpretando a Spencer, que tenía 16. 

Que no pasa nada y todos adoramos a Spencer, pero la gracia es cuando empiezas a hacer cuentas y todo se desmadra.


Spencer se gradúa, pasa el famoso salto temporal de cinco años… y en la ficción sigue siendo más joven de lo que Troian era ya en las primeras temporadas. 


Y en la realidad, tenía solo un año menos que el profesor Ezra, que le sacaba tropecientos años a Aria y ella tenía los mismos que Spencer… Un lío de edades que se suma a la colección de misterios imposibles de la serie. 


Entre villanos con sudadera negra, gemelas sorpresa y gente que aparece viva cuando no tocaba, que los números no cuadren era casi lo de menos. 


Gabrielle Carteris – Sensación de vivir





Si esto fuera un ranking oficial, Andrea Zuckerman tendría una placa conmemorativa. Caso mítico. Patrimonio histórico de los institutos falsos de la televisión.

En Beverly Hills 90210 la mayoría del reparto no era precisamente menor de edad, eso ya lo sabemos. Pero lo aparentaban, más o menos. Dylan no, pero como era Dylan, se le perdonaba todo.


El problema es cuando aparece Andrea, empollona oficial del grupo… con 16 años en la ficción y 29 en la vida real. Veintinueve. No “veintipocos que aún cuela”. No. Veintinueve bien puestos. Casi el doble. 


Y ni siquiera fue un secreto eterno, ella misma ha contado que mintió sobre su edad en el casting. Estrategia arriesgada, pero oye, le salió redonda. Porque cuando se enteraron de sus verdaderos años, le confesaron que de haberlo sabido, no le hubieran dado el papel. Pues hombre, la culpa no fue suya. Hay quien se quita años para ligar y ella se los quitó para volver al instituto por la puerta grande, ¿por qué no? ¿Qué iba a hacer entonces? 


Y sí, se le cogió cariño al personaje, pero lo de vendernos que estaba en el mismo punto vital que el resto del grupo y que tuviera la misma edad que Brian Austin Green o Tori Spelling, que sí tenían 17 de verdad, era un acto de fe. 


Tom Welling – Smallville





Y llegamos al chico que acaba de empezar el instituto con mandíbula de hombre que ya ha firmado una hipoteca: Tom Welling.


Cuando arrancó Smallville, Clark Kent se supone que tenía 14 años. Edad de granos, inseguridades y pedir que te acerquen en coche porque aún no conduces. Tom Welling tenía 24. Diez añitos de nada, que en estas edades no son un detalle, son una temporada completa de la vida.


Que sí, que era perfecto como Superman en potencia: altura, presencia, cara de héroe de calendario. Pero como estudiante de primer año… Aquello era un instituto donde al quarterback le ponías una chaqueta de cuero y no iba a clase, iba a una reunión de vecinos.


Funcionaba porque Welling tenía carácter tranquilo y mirada de chico bueno, pero adolescente adolescente… pues no colaba exactamente.


En Smallville aprendimos dos cosas: que los meteoritos dan poderes… y que en Kansas los institutos aceptan alumnos con pinta de ya haber terminado la universidad.


Charisma Carpenter – Buffy Cazavampiros





Sunnydale tenía vampiros, demonios, portales infernales… y un instituto donde las edades vivían en una dimensión paralela.


Porque sí, en las primeras temporadas de Buffy casi nadie tenía edad real de estar preocupándose por exámenes de historia. Pero algunos colaban mejor que otros. A base de vestuario estratégico, coleta alta y energía caótica adolescente, el truco medio funcionaba.

Hasta que mirabas a Cordelia.


Charisma Carpenter tenía 27 años cuando empezó la serie. Su personaje rondaba los 16–17. Diez años de diferencia. No es “me he echado una base de maquillaje de más”, es “he hecho la declaración de la renta varias veces”.


Y ella estaba perfecta para el papel en carisma (nunca mejor dicho) y presencia. Nunca hubiera puesto a otra actriz en su lugar y además Cordelia era mi favorita.

El tema es que la vibra era más de “poseo varias propiedades” que de “me estreso por un examen sorpresa”. Cordelia funcionaba por actitud, no por ilusión óptica. 


Pero es que no estaba sola en el club.

Nicholas Brendon, mi no tan favorito Xander, tenía 25 años al inicio. Y no puedo dejar de nombrarlo, porque en mi opinión era todavía más cantoso. También interpretando a un estudiante de instituto. Y aquí pasaba algo parecido: energía adolescente sí, pero cara de haber vivido ya varias temporadas de facturas. Y el contraste que hacía con Alyson Hannigan por ejemplo, era brutal. 


La serie, en el fondo, tampoco se molestaba demasiado en esconderlo. Buffy jugaba más a que te creyeras las emociones que las fechas de nacimiento. Eso era lo bueno.


Y cuando Cordelia saltó a la serie Ángel, todo fluye mucho más natural: misma actriz, mismo talento, pero en edad y contexto donde no tenían que disimular que acababan de salir de la clase de biología. Y claro, el personaje brilla aún más. 


Paul Wesley – Crónicas Vampíricas





Y hablando de vampiros, aquí los guionistas ya venían con excusa incorporada de fábrica. Ser inmortal te soluciona muchas cosas… pero no te borra años de golpe en el casting. 


Cuando empezó The Vampire Diaries, Paul Wesley tenía 27 años interpretando a Stefan Salvatore, que se quedó con 17 para toda la eternidad. Claro, en la trama cuela, porque los vampiros no envejecen y todo eso. En la vida real, el instituto de Mystic Falls parecía tener más repeticiones que un canal de telenovelas.


Pero a ver, que dentro del universo no funciona. Stefan es un vampiro centenario con cara de drama permanente, no un chaval que se acaba de sacar el carnet joven. Y claro, lo peor no es que Wesley le sacara 10 años a su personaje, es que Stefan siempre tuvo 17, las 8  temporadas… No cumplía años, pero el bueno de Paul sí, claro, y terminó la serie con 35. No pensaron en ese detalle…


Eso sí, también hay que decir que en esta serie nadie tenía pinta de estar pensando en la  Selectividad precisamente. Entre asesinatos, triángulos amorosos eternos y gente resucitando cada dos por tres, repetir curso era el menor de sus problemas.

Mystic Falls no era un instituto, era un limbo académico con taquillas.



Leslie Grossman – Popular





Aquí tenemos otro caso de instituto de ficción donde nadie te pide el DNI. 


Decir que adoro a Mary Cherry y que no concibo a otra persona que no sea Leslie Grossman interpretándola es totalmente compatible con el desfase de edad, porque las dos cosas pueden ser verdad a la vez. Por costumbre y porque ese nivel de locura tan específico no lo levanta cualquiera. Ese personaje era un deporte de riesgo interpretativo y Leslie se tiró sin red. Normal que se lo quedara.


Mary Cherry era estudiante de instituto, o sea, terreno 16–17 años, dramas de pasillo, taquillas y popularidad medida en decibelios. Leslie tenía 28 años cuando empezó la serie. No es “me saco un par de añitos”, es “ya he vivido muchas cosas”.


Visualmente la diferencia con el resto del reparto hacía que se notara más, porque el contraste canta siempre. 


Ahora bien, a su favor: Popular nunca fue realista ni lo intentó. Era sátira pura, personajes exagerados y caricaturescos. Mary Cherry no era una adolescente creíble nunca, era un delirio andante. Así que esa edad de más casi jugaba a favor del personaje, porque le daba aún más surrealismo y ese punto de diva desubicada que vivía en su propio universo.


Mary Cherry es de esos personajes que se comen la pantalla. Y cuando el personaje funciona, el espectador compra casi cualquier cosa, incluso que alguien que roza los 30 esté preocupadísima por ser reina del instituto. 


Timothy Granaderos – Por trece razones





Si hay un instituto donde claramente pedían experiencia laboral previa para entrar a clase, era el de Por trece razones. Y dentro de ese ecosistema de adolescentes con cara de haber vivido tres vidas, Timothy Granaderos destacaba con luz propia.


Cuando empezó en la serie, tenía 30 años. Su personaje, Montgomery de la Cruz, estaba en el instituto, compartiendo pasillos con gente que, en teoría, aún necesitaba permiso para faltar a clase. La diferencia rondaba los 12–13 años respecto a la edad que se supone que tenía Monty. Vamos, que no estaba repitiendo curso, estaba repitiendo década.


Eso sí, hay que reconocer una cosa: el personaje ayudaba. Monty no era el típico chico inseguro con mochila llena de apuntes; era agresivo, físico, de esos que parecen haber pasado ya por demasiadas cosas. Esa dureza hacía que su aspecto más adulto encajara mejor que si lo hubieran puesto a hacer de empollón tímido. A nivel de energía, comprabas al personaje. A nivel de partida de nacimiento… eso ya era otra historia.


Monty daba más presencia de “entrenador enfadado” que de alumno castigado sin recreo. Pero en ese universo, donde todos sufrían como si llevaran 40 años de vida a cuestas, casi hasta pegaba.


Brock Burnett – Las gemelas de Sweet Valley 





Puede que este nombre no os diga absolutamente nada, y normal, porque no salió precisamente de aquí convertido en estrella de Hollywood. Pero como se puede ver, en todas las series hay algún infiltrado madurito, y en Las gemelas de Sweet Valley no se quedaron atrás. 


Allí tenían al millonario Bruce Patman I (sí, I, porque hubo relevo) interpretado por Brock Burnett, que tenía 28 años mientras que en pantalla andaba por los 16. 


El contraste era de esos que no necesitas ni hacer cuentas: tú veías a las gemelas con sus dramas de instituto y a Bruce con aura de “yo ya he pagado impuestos”. 


Casualidad o no, el actor fue sustituido, algo bastante típico también en series de los 90 cuando un personaje secundario no terminaba de encajar o querían reajustar cosas sobre la marcha y ponían a otro actor sin más.

¿Fue por la edad? No lo sabemos, pero desde luego disimular, no se disimulaba mucho.


Y lo mejor es que del otro Bruce casi no hay información. Más desconocido todavía y sin fecha de nacimiento clara. Igual encajaba perfecto… o igual colaron a otro infiltrado y nadie dijo nada, siempre me quedará esa duda. Misterios televisivos que se quedan para siempre en el expediente X de los castings.


Bianca Lawson – la alumna eterna de la televisión





Y sí claro, no puede faltar Bianca Lawson. Nunca puede faltar Bianca Lawson, que directamente es la verdadera reina de la juventud eterna. Porque lo suyo no es normal: se ha tirado más de dos décadas rondando pasillos de instituto televisivo con una constancia que ya quisieran muchos profesores fijos.


Empezó jovencísima en series como Salvados por la campana: La nueva clase o Buffy, ahí todo en orden, edad coherente, expediente limpio. Pero la industria vio que funcionaba y dijo: “Perfecto, te quedas en el instituto indefinidamente”. 


Y así fue encadenando adolescencias ficticias mientras sus cumpleaños avanzaban con total independencia.


En Dawson crece ya tenía 20, pero todavía entraba dentro de lo razonable. En La vida secreta de una adolescente la cosa ya era más de fe que de lógica televisiva.

Y cuando apareció por Pretty Little Liars con 32 años, otra vez entre taquillas y dramas hormonales, uno ya no solo pensaba “qué joven parece”, sino “esta mujer conoce mejor los institutos de ficción que el Ministerio de Educación”. Ojipláticos nos quedamos.


Es gracioso el casting de Hollywood, que cuando encuentra a alguien que puede hacer de estudiante convincente, lo estira como si fuera chicle. Y claro, al final Bianca se convirtió en una especie de leyenda: no la chica nueva, sino la alumna fija del sistema educativo de las series.


Por suerte, en Teen Wolf por fin la dejaron entrar al instituto… pero por la puerta del profesorado. Cierre de ciclo. Ascenso laboral. Evolución natural. Después de tantos años de apuntes ficticios, ya tocaba contrato indefinido.


Y sinceramente, después de todo ese historial académico televisivo, ese ascenso se lo tenía más que ganado. Es asombroso cómo pudo interpretar a una estudiante de 16 años en tres décadas distintas. Y que yo quiero ser como ella, también es verdad… 


Los que son niños


Luego hay casos que son justo lo contrario, en que los actores no es que se quiten años… es que directamente les faltaban.


En la caótica Pretty Little Liars (tercera vez que la nombro, pobre), donde convivían actrices de veintitantos haciendo de estudiantes, Sasha Pieterse empezó como Alison con 14 años reales. Y manejando a todo el instituto como quería. 


Entre maquillaje, vestuario y actitud de villana jefa final, colaba bastante, pero si lo piensas dos segundos, media Rosewood estaba psicológicamente dominada por una niña de tercero de la ESO. 


Vamos, que en Pretty Little Liars podías desconfiar de cualquiera… menos de que alguien tuviera la edad que decía tener.





También estaba el entrañable Screech en Salvados por la campana. Esta es de las pocas series teen que su reparto si tenía la edad real de sus personajes escolares.


Mark-Paul Gosselaar tenía 15, Mario Lopez y Tiffani Thiessen 16… 

Pero Dustin Diamond empezó siendo un niño de 12 años. Y a esas edades va un mundo.

Mientras Zack y Slater parecían listos para independizarse, a Screech todavía no le habían salido todos los dientes, literal. La diferencia física y mental era parte del chiste… pero también era real.





Y otra mítica de “me colé por abajo” es Mila Kunis en That ’70s Show. Dijo en el casting que tenía 18… y tenía 14. Clásico movimiento de “ya lo arreglaremos luego”. 

Se quedó con el papel de Jackie y creció prácticamente en pantalla. Temporadas después ya no se notaba tanto, pero empezó siendo claramente la peque camuflada entre el resto que ya rondaban los 20. Con decir que su futuro marido Ashton Kutcher, la ayudaba a hacer los deberes del cole en el set… 





Así que sí: en la tele teen hay dos extremos igual de habituales. Los que llevaban años pagando el coche… y los que todavía necesitaban permiso para ir de excursión. Realismo, lo justo. Entretenimiento, todo.


Y ahora, antes de que alguien venga a decir que estamos aquí haciendo bullying a gente con mochila y arrugas de expresión: contexto, que también existe.

Esto no era (ni es) un plan maquiavélico para colarnos un “infiltrados en clase” por diversión. Obviamente hay una razón muy poco glamurosa y muy de producción detrás de todo esto: trabajar con menores es un lío logístico. 


No porque sean peores actores, sino porque la ley (y con razón) los protege.

Un actor menor de edad tiene que rodar menos horas, necesita tutor o responsable legal presente, tiene restricciones con escenas nocturnas y según qué tramas, directamente no puede hacerlas. Y hoy en día, que las escenas son cada vez más explícitas, olvídate. Obvio. 


Ahora imagina una serie de 22 episodios por temporada, rodajes eternos, jornadas maratonianas y guiones que cambian cada dos días. Para una productora, poner a alguien de 23 haciendo de 17 es muchísimo más “manejable” que un chaval de 17 de verdad. Es romanticismo cero, pero televisión cien por cien.


Pero vaya, que la culpa no era de los actores, por supuesto. Ellos curraban, cobraban y daban lo que les pedían. Máximo cariño y respeto, que bastante difícil es este oficio como para encima tener que pelearse con el DNI.


Y por cierto, esto no era solo cosa de Hollywood. Aquí también hemos tenido muchos adultos con libros de texto en la mano, que todos hemos visto a Fran Perea en Los Serrano o a Carmen Morales en Al salir de clase haciendo de estudiantes cuando ya llevaban varios años cotizados. 

Tradición internacional, básicamente. Contratar a un menor no es rentable. 


Así que sí, nos reímos, porque algunas cosas eran descaradas nivel “va a pasar del instituto a jubilarse”. Pero al final es parte de la magia rara de la tele: fingir edades, fingir institutos donde nadie estudia y fingir que con 16 años tienes tiempo para tramas que ni un adulto con agenda.

Y nosotros encantados de creérnoslo.


Comentarios