Es muy probable que si piensas en James Marsden te venga a la mente una sonrisa perfecta, unos ojos azules de infarto y esa planta de galán clásico que hace que te preguntes si este hombre duerme en una cámara criogénica, porque el pacto con el diablo que tiene para no envejecer es de estudio científico. Lleva más de treinta años colándose en nuestras pantallas y, admitámoslo, es uno de los actores más guapos de su generación. Pero detrás de esa cara de buen chaval hay un actorazo que no siempre ha tenido el reconocimiento que merece.
Por suerte, el talento (y la madurez) siempre caen por su propio peso.
Actualmente está viviendo una racha de oro. Podemos verle en la segunda temporada de Vicios ocultos (Your Friends and Neighbors) en Apple TV+, un thriller con tintes de comedia negra donde interpreta a un viudo multimillonario con algún que otro secretillo y que trae más de un problema a todos los que ya tenían en ese vecindario ultramega adinerado. Marsden se marca un papelazo que demuestra lo bien que se le da ser simpático con un punto de psicópata.
Pero si hay un proyecto que ha roto moldes recientemente es Paradise de Disney+, un potentísimo thriller político y post-apocalíptico. La serie nos mete en un búnker subterráneo gigante tres años después de un cataclismo mundial, y arranca con un bombazo: el presidente de los Estados Unidos, interpretado por Marsden, aparece asesinado. Una de las series más aplaudidas de los dos últimos años y cuya brillante actuación le valió una más que merecida nominación al Emmy.
Pero claro, nadie nace siendo una estrella de prestigio internacional, y nuestro querido James tuvo que morder el polvo en los noventa como casi todo hijo de vecino.
Los años de "Jimmy" y el circuito de cameos noventeros
Para encontrar las raíces de este muchacho hay que viajar a Oklahoma, donde nació en 1973.
Su debut fue en 1993, en un papel episódico en Salvados por la campana. Pero ojo, no la de Zack y Kelly. La otra, la nueva clase. Un spin off con el señor Belding y Screech dando guerra aun a los nuevos estudiantes de Bayside, donde una de ellas era Bianca Lawson cuando sí era adolescente de verdad… Ni tan mal para empezar.
A partir de ahí, James se convirtió en el perfecto "rostro invitado" de las series que devorábamos por las tardes. Pasó por La niñera, se cruzó con Blossom y sufrió los dramas de Cinco en familia. Vamos, el pack completo del actor principiante de los noventa. Lo curioso de esta época es que se le acreditaba como "Jimmy" Marsden. Se ve que por aquel entonces en Hollywood pensaron que "Jimmy" sonaba más cercano y juvenil para venderlo como el típico novio guaperas de instituto. James ya es más serio, sí. Pero todos tenemos un pasado.
Aunque el “premio gordo” de sus inicios le llegó con Noe y familia (Second Noah, 1996-1997), su primera serie como uno de los miembros principales del reparto. Durante dos temporadas se metió en la piel de Ricky, el mayor de los tropecientos hijos adoptivos que tenía una pareja bastante peculiar en una granja de Florida llena de animales exóticos.
El pozo del bajo presupuesto y las joyas de sobremesa
Como el alquiler en Los Ángeles no se paga solo con cameos de tres minutos o series canceladas, "Jimmy" tuvo que meterse de cabeza en el maravilloso y bizarro mundo de las películas de bajo presupuesto y los telefilmes a destajo.
Primero encadenó producciones que pasaron sin pena ni gloria como No Dessert, Dad, Till You Mow the Lawn (1994), una comedia donde hacía de hermano de una jovencísima Allison Mack y donde los padres eran Joanna Kerns y Robert Hays. También se dejó ver en Public Enemies (1996) con Alyssa Milano.
Su primer papel protagonista fue en la película de terror Historias de la medianoche (Campfire Tales) en 1997, junto a Amy Smart, Christopher Masterson y Christine Tylor entre otros. Aprovechando la fiebre del slasher que había revivido gracias a Scream, aquí nos contaban pues eso, historias de terror en pleno bosque, cuando un grupo de adolescentes se queda atrapado. Porque no había otra cosa qué hacer, claro.
Pero si algo se le daba bien a Marsden en esa época eran las películas para televisión. Y oye, que reivindico este formato porque en los noventa se hacían telefilmes muy defendibles que te salvaban la tarde de un sábado, todo lo contrario que las siestas que te entran ahora. Tuvo buenos títulos como 919 Quinta Avenida (1995) o Bella Mafia (1997), donde compartió planos con Jennifer Tilly nada menos.
Pero la más destacable sin duda es Al filo de la inocencia (On the Edge of Innocence, 1997). Un clásico instantáneo de sobremesa con un reparto que hoy en día costaría millones de dólares. Marsden interpreta al interés amoroso de la leyenda de los telefilmes Kellie Martin, en una trama psiquiátrica juvenil donde también andaban metidos Lisa Jakub, Jamie Kennedy, Clea DuVall y un Joshua Jackson pre-Dawson Crece. Un drama de romance adolescente tratando la salud mental que, si te pillaba con quince años, te dejaba pegado al sofá.
Del culto adolescente al thriller de videoclub
A finales de los noventa y principios de los 2000, esa etapa de producciones modestas quedó atrás. Fue en este momento cuando James Marsden encandiló al fenómeno fan encadenando varios títulos que se convirtieron en auténticos referentes para la generación cinematográfica de la época.
El primer aviso llegó con Comportamiento perturbado (Disturbing Behavior, 1998), un thriller de terror psicológico que protagonizó junto a Katie Holmes y Nick Stahl. La peli nos metía en un instituto idílico donde a los estudiantes rebeldes les hacían una especie de cirugía cerebral para convertirlos en ciudadanos ejemplares y siniestramente perfectos. Marsden cargaba muy bien con el peso de la intriga como el chico nuevo que sospecha del pastel, en una cinta que con los años se ha ganado a pulso la etiqueta de película de culto.
Poco después llegó Rumores que matan (Gossip, 2000), un thriller universitario soberbio sobre tres estudiantes que deciden lanzar un rumor falso sobre una compañera como parte de un experimento social para su clase de periodismo, desatando una bola de nieve incontrolable que termina en tragedia. El resto del reparto era un escándalo de la época, pero es que hoy en día es aún más potente: Lena Headey, Norman Reedus, Kate Hudson y Joshua Jackson.
La interpretación de James te atrapa por completo y decides adorarle y odiarlo a partes iguales y, para mí, fue la película que marcó su carrera en la gran pantalla. Mi favorita absoluta de las suyas y muy arriba en mi top de esa sagrada época de los 2000, además fue, literalmente, donde descubrí a James Marsden y creo que la mayoría. Y claro, es de esos actores que ya no olvidas…
La era mutante y las joyas olvidadas
Aunque, seamos realistas, el verdadero salto a la fama masiva mundial le llegó vistiendo el cuero negro de Marvel en X-Men (2000). Marsden asumió la responsabilidad de ser Cíclope (Scott Summers), el líder de los mutantes. Un papelazo que mantuvo vivo en su secuela tres años más tarde, X-Men 2 (2003), y que cerró en la trilogía original con X-Men: La decisión final (2006).
A pesar de que las películas se centraran demasiado en Lobezno y dejaran a su personaje en un segundo plano bastante injusto, su presencia en esta trilogía es muy recordada e icónica y le consagró en el cine de superhéroes mucho antes de que existiera el engranaje actual de Marvel.
Pero entre tanto rodaje de superhéroes, Marsden tuvo tiempo de pasarse por un par de películas que quedan en el olvido pero que merecen muchísima más valoración.
Una es Ingenuas y peligrosas (Sugar & Spice, 2001), una comedia negra gamberrísima sobre unas animadoras que deciden atracar un banco cuando una de ellas se queda embarazada de él y así poder pagar la manutención. James es el quarterback del equipo, que no tiene muchas luces y junto a Marla Sokoloff, Marley Shelton, Mena Suvari y Alexandra Holden, formaban un cast totalmente reconocible dosmilero.
La otra es Interstate 60 (2002), una joya ide carretera y fantasía donde James interpreta a un joven que emprende un viaje por una autopista que no existe en los mapas, encontrándose con personajes de lo más extravagantes y un repartazo de lujo: Gary Oldman, Amy Smart y Christopher Lloyd entre otros muchos, cameo de Michael J. Fox incluido.
El regreso triunfal a la televisión
Y aunque ya estaba más que afianzado en el cine y es donde tenía más éxito, decidió volver a la televisión brevemente pero por la puerta grande. Se incorporó a la quinta temporada de Ally McBeal (2001-2002), una de las series más aclamadas de finales de los 90 y principios de los 2000.
Se metió en la piel de Glenn Foy, un joven y atractivo abogado con un talento vocal tremendo, un detalle genial que la serie aprovechó para lucir las dotes reales de Marsden para el canto mientras ponía patas arriba el bufete.
El eterno rival amoroso de Hollywood
El año 2004 marcó un antes y un después absoluto en su carrera gracias a El diario de Noa (The Notebook). Esta película desató un auténtico boom romántico a nivel mundial y sirvió para que James dejara atrás esa imagen de chico gamberro e impredecible que arrastraba de sus thrillers juveniles, abriéndose paso como el galán por excelencia.
El problema es que aquí empezó su gran "maldición" en el cine: el de chico no elegido. James interpreta a Lon Hammond, el prometido rico, guapo y perfecto de Allie (Rachel McAdams) que, aun siendo un trozo de pan, la protagonista prefiere quedarse con Ryan Gosling. Una injusticia cinematográfica en toda regla.
En ese mismo año, y alejándose radicalmente de las grandes masas, participó en una película bastante desconocida titulada The 24th Day. Es una producción junto a Scott Speedman y una jovencísima Sofía Vergara que nació como una obra de teatro y que nos mete en una habitación donde un hombre retiene al personaje de Marsden tras enterarse de que es portador del VIH. Aunque generó bastante polémica por su tratamiento del tema y se pegó un batacazo con las críticas, lo verdaderamente rescatable es el tremendo duelo interpretativo que se marcan ambos protagonistas.
Superhéroes de la competencia y el subidón musical
Poco después, James volvió a los superhéroes, esta vez en DC con Superman Returns (2006), interpretando a Richard White, la nueva pareja de Lois Lane. Y sí: otra vez le tocó hacer el papel de novio segundón y comprensivo que cuida del hijo de Superman mientras el héroe salva el mundo.
Por suerte, fue encadenando peliculones que demostraron que este hombre vale para todo. Primero llegó Hairspray (2007), la maravillosa adaptación del musical de Broadway donde brilló como Corny Collins, el presentador del programa de televisión, luciendo su espectacular voz y su planta de los años sesenta.
Inmediatamente después enamoró a medio planeta en Encantada: La historia de Giselle (2007), la joya de Disney donde dio vida al Príncipe Edward. Su interpretación parodiando al típico príncipe animado egocéntrico, atolondrado es una absoluta genialidad cómica junto a Amy Adams y dónde de nuevo, ella se quedó con otro (claro, que ese otro era Patrick Dempsey…)
Pero la mejor para mi fue 27 vestidos (2008), una de las comedias románticas más importantes de los 2000. Aquí comparte protagonismo con Katherine Heigl (que fue la que mejor criterio tuvo de todas y ella sí le eligió, por fin!) e interpreta a Kevin, un cínico periodista que escribe crónicas de bodas. La química entre ellos es brutal, sobre todo en la icónica escena del bar donde ambos terminan subidos a la barra, borrachos, cantando a pleno pulmón Bennie and the Jets de Elton John. Y James demuestra el magnetismo que tiene cuando le dan un papel protagonista a su altura.
Un giro hacia el misterio psicológico
En 2009, Marsden decidió dar un giro de timón hacia algo mucho más oscuro con The Box, una intriga psicológica de los años setenta que compartió cartel con Cameron Diaz. La peli plantea un dilema moral tenso: un matrimonio ahogado por las deudas recibe una caja con un botón; si lo pulsan, reciben un millón de dólares, pero a cambio morirá alguien en el mundo a quien no conocen. James se marca un papel dramático impecable como el marido científico que intenta buscar la lógica a una situación agobiante donde empatizas una barbaridad con la desesperación de los personajes.
Arrancando los 2010, James se metió en una racha de lo más variopinta y ligera. Pasó por Un funeral de muerte (2010), donde se marca un momento divertidísimo haciendo de novio colado por error en mitad del velatorio, y al año siguiente protagonizó Hop (2011) junto a Kaley Cuoco, una comedia familiar bastante simple donde le tocó lidiar con un conejo digital.
También tuvo tiempo para el cine independiente con Un amigo para Frank (2012), una joyita entrañable sobre un anciano con demencia y su robot cuidador, compartiendo pantalla con Susan Sarandon y Liv Tyler.
Mucha más repercusión sin duda tuvo su papel en Perros de paja (Straw Dogs, 2011) el crudo remake del clásico de los setenta donde asumió el reto de sustituir a Dustin Hoffman. Interpreta a un guionista bastante urbanita que se traslada con su mujer al tranquilo pueblo natal de ella, donde los lugareños empiezan a acosarlos hasta que la situación estalla en una espiral de violencia salvaje.
Es una película cruda, tensa y muy incómoda de ver, donde Marsden suda tinta y clava la transformación de ese hombre pacífico e intelectual que se ve obligado a sacar su lado más primitivo para defender su hogar.
A partir de ahí, Hollywood pareció empeñado en usarlo como el perfecto secundario de lujo, así que volvió a pasarse por la televisión en esos años.
Primero en Modern Family, haciendo de un vecino irresistible y bastante colgado que vivía en una casa de plástico, y después en Rockefeller Plaza (30 Rock), donde se marcó un arco genial como Criss Chros, el novio bohemio de Liz Lemon, derrochando una vis cómica buenísima.
Entre el romance y el suspense
El año 2014 sí que fue especialmente intenso para James, y nos dejó un par de títulos que merece la pena rescatar. El primero es Vaya resaca (Walk of Shame), una comedia junto a Elizabeth Banks. La trama es una locura sobre una presentadora de televisión que, tras una noche de fiesta loca con el personaje de James, se queda tirada en el peor barrio de Los Ángeles sin dinero ni móvil, intentando llegar a una entrevista de trabajo muy importante. Una peli ligera que te alegra la tarde y donde él brilla con poco.
Ese mismo año también cumplió el expediente romántico para hacernos llorar a moco tendido en Lo mejor de mí (The Best of Me), otra de esas adaptaciones empalagosas de novelas de Nicholas Sparks.
Pero si tengo que reivindicar una joya absoluta de ese año que pasó súper desapercibida, es El loft, un pedazo de thriller que el argumento te atrapa desde el minuto uno: cinco amigos casados comparten en secreto un loft de lujo para sus aventuras extramatrimoniales, hasta que un día encuentran el cadáver de una mujer en la cama y empieza la paranoia porque nadie más tiene llave.
Es un juegazo de sospechas donde James comparte reparto con Karl Urban y Wentworth Miller. Una maravilla de misterio, con unos giros que no te esperas y que mereció muchísimo más éxito del que tuvo.
El regreso a los secundarios y el fenómeno de las sagas
Tras ese año frenético, James bajó un poco el ritmo y volvió a esos roles secundarios que tan bien se le dan para apoyar proyectos ajenos. Le vimos en The D-Train (2015), una comedia bastante incómoda y retorcida junto a Jack Black, y un par de años después en Desvelando la verdad (Shock and Awe, 2017), un drama político muy serio donde interpretó a uno de los periodistas reales que investigaron las mentiras sobre las armas de destrucción masiva en la guerra de Irak.
Pero el verdadero pelotazo de esta etapa, y el que le aseguró la jubilación, fue su salto al cine familiar con Sonic, la película (2020). James se metió en la piel de Tom, el policía de pueblo que termina adoptando y protegiendo al erizo azul de Sega.
Aunque pudiera parecer la típica peli para cobrar el cheque, Marsden derrocha tanto carisma interactuando con la nada que la fórmula funcionó como un tiro manteniéndose al pie del cañón en todas las secuelas de la franquicia, incluyendo Sonic 4 que se estrena en 2027.
La madurez televisiva: el terreno donde de verdad brilla
Por suerte, la televisión llamó a su puerta de nuevo para regalarnos su madurez interpretativa que el cine le estaba racaneando últimamente.
Primero tuvo un papel muy breve pero intenso en la aclamada miniserie Mrs. America (2020) junto a Cate Blanchett, y ese mismo año también estuvo en The Stand (Apocalipsis), una nueva adaptación de la famosísima novela de Stephen King sobre un virus que arrasa el planeta. Ahí Marsden llevó el peso dramático de la historia rodeado de un elenco brutal que incluía a Whoopi Goldberg, Alexander Skarsgård y Amber Heard.
Aunque el proyecto que de verdad nos voló la cabeza fue Westworld (2016) en HBO. En esta súper producción de ciencia ficción interpretó a Teddy Flood, un tierno pistolero robótico atrapado en un bucle eterno de muertes y sufrimiento dentro de un parque de atracciones futurista. Un papelazo supercomplejo y exigente que se marcó.
Y en 2019 le tuvimos también en una de esas joyitas que se saca Netflix de vez en cuando, Dead to Me (Muertos para mí). Esta comedia negra es una maravilla absoluta donde James interpreta a dos gemelos totalmente distintos. Su química es total con Christina Applegate y especialmente con Linda Cardellini (de quien, por cierto, aquí tenéis un repaso a su carrera también).
Ver trabajar a ese trío en una trama llena de secretos y giros locos es un auténtico lujo que hay que ver sí aún no le habéis dado una oportunidad.
El gran resurgir: parodias, mutantes y una carrera en alza
En 2022, James nos dio una dosis tremenda de nostalgia al retomar su papel del carismático y absurdamente optimista príncipe Edward en Desencantada, la tardía secuela de Disney que llegó casi dos décadas después de la original.
Después llegó otra joyaza, Jury Duty (2023). El concepto de esta serie es una genialidad absoluta: un juicio falso donde todo el mundo es actor excepto un pobre chaval que se cree que todo es real. Marsden se interpreta a sí mismo haciendo una parodia desternillante de actor de Hollywood egocéntrico, pesado y obsesionado con llamar la atención. Estuvo soberbio, le valió una nominación al Emmy y demostró que tiene un sentido del humor enorme y cero miedo al ridículo.
Gracias a ese subidón, su carrera vuelve a estar por las nubes.
Actualmente, como dije, podemos verle en la serie Vicios ocultos y también acaba de estrenar la película Mike & Nick & Nick & Alice junto a Vince Vaughn y con viajes en el tiempo, que siempre es bien.
Pero, sin duda, el bombazo del que todo el mundo va a hablar a finales de año es su regreso por la puerta grande al universo Marvel en Avengers: Doomsday. Volver a verle ponerse las gafas de Cíclope es algo que los fans llevábamos años reclamando.
Treinta años de carrera dan para mucho, y James Marsden ha demostrado que es un auténtico camaleón moviéndose siempre en esa línea tan fina entre el galán de manual y el secundario cómico todoterreno. Ha sabido adaptarse a los cambios de la industria, sobrevivir a los caprichos de los grandes estudios que a veces no sabían qué hacer con él, y demostrar que se puede brillar tanto en un drama romántico como parodiándose a sí mismo en un juzgado.
Marsden ha construido una filmografía sin picos escandalosos de superestrella intocable, pero sumamente sólida. No ha necesitado ese estatus de líder absoluto de taquilla ni portadas semanales para mantenerse siempre ahí. Lo suyo ha sido un trabajo silencioso, pero impecable. Un actor completísimo, magnético y con un carisma increíble.
Cuando miras con perspectiva, te das cuenta de que ha estado presente en muchos de los grandes momentos de la cultura pop de las últimas décadas. Y el ritmo no parece que vaya a bajar.
Si eras de los que pensaban que solo era una cara bonita de los 2000, ya va siendo hora de actualizar el catálogo y darle el mérito que se ha ganado a pulso. Y si ya eras de los que valoraban su talento y constancia, queda claro lo que siempre supimos: hay carreras ruidosas que se olvidan en dos días, y luego están las de actores como él, que se quedan para siempre porque nunca fallan.


























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