¿En serio estas series no ganaron un Emmy? Las 10 mayores injusticias de los premios

Acaba de celebrarse la 78.ª edición de los premios Emmy y, como pasa cada año, esta noche especial nos ha dejado un buen saco de alegrías y decepciones. 

Todos conocemos de sobra a las grandes triunfadoras de la historia de la televisión, esas producciones ultraaclamadas que tienen las vitrinas de sus productoras a reventar de estatuillas. Sin embargo, hay otra cara de la moneda que te deja con la boca abierta. Todos nos hemos llevado un chasco alguna vez cuando nuestra serie favorita no gana, cuando ni siquiera entra en las nominaciones o cuando esa producción que tenía todas las papeletas para arrasar se acaba yendo de vacío. Pero es que hay casos que van mucho más allá.

Hablamos de ficciones que han sido auténticos mitos, adoradas en masa por el público y alabadas de forma unánime por la crítica. Series tan gigantescas que das por hecho que en su día tuvieron que ser las grandes ganadoras de sus ediciones.

Y la sorpresa llega cuando te pones a repasar los palmarés históricos, te llevas las manos a la cabeza y te preguntas: ¿cómo demonios es posible que algunas de las series más grandes de la historia de la televisión no tengan ni un solo Emmy principal? Pues las hay. Y todas y cada una de ellas sorprenden. Da igual que tuvieran nominaciones a puñados o que cambiaran la forma de hacer televisión. Para los señores del jurado, simplemente no existieron.



En una industria donde los gustos son muy subjetivos, con estos diez títulos todos coincidimos en que fue un auténtico crimen que nunca ganaran el premio gordo. ¿Cómo te lo explicas?

Saca tu frustración, que vamos a repasar esta lista del olvido para ver a qué niveles llega a veces el atraco de la Academia.


Better Call Saul

El caso de esta serie clama al cielo y pasará a la historia de la televisión por los motivos más injustos posibles. Estamos ante una serie que la crítica y el público coinciden en señalar como una absoluta obra maestra de principio a fin y sí, estuvo nominada 7 veces como mejor serie dramática, es decir, la Academia la metió en la lista de las mejores en todas y cada una de sus temporadas sin fallar ni un solo año. Pero a la hora de la verdad, daba igual, no ganó ninguna de las veces.

Además logró la dolorosa proeza de acumular nada menos que 53 nominaciones totales a lo largo de su trayectoria y se fue completamente de vacío. Ni la serie, ni el guion, ni las espectaculares actuaciones de Bob Odenkirk o la inmensa Rhea Seehorn rascaron jamás una mísera estatuilla. Muchos dicen que la ignoraron porque ya le habían dado todo a Breaking Bad en su día, pero ¿y? Dejar a este pedazo de serie con un cero rotundo en su palmarés es uno de los mayores delitos de la historia de los premios.



The Big Bang Theory

El caso de los frikis más famosos de la televisión es de lo más curioso. Durante los años que estuvo en antena, la serie fue un fenómeno de masas imparable que arrasaba en las audiencias de todo el mundo. Sin embargo, en los grandes premios siempre tuvo un muro invisible. La producción llegó a estar nominada 4 veces consecutivas en la categoría de mejor serie de comedia, pero jamás consiguió llevarse el reconocimiento principal.

Para los jueces, el show solo tenía un nombre propio: Jim Parsons. El actor que daba vida al genial Sheldon Cooper se comió por completo la atención de los premios y consiguió levantar 4 estatuillas individuales como mejor actor de comedia. Bien merecido desde luego, pero fue una jugada extraña de la Academia, que prefirió premiar al personaje de forma masiva mientras ignoraba por completo al conjunto de la serie en su categoría reina. Un éxito agridulce que dejó claro que, para el jurado, el universo de la serie empezaba y terminaba en Sheldon.



A dos metros bajo tierra

Esta producción de la HBO está considerada de forma unánime como uno de los dramas más redondos y potentes del siglo, además de tener el que para muchos es el mejor final de la historia de la televisión. A pesar de ese estatus, la Academia la dejó  siempre a las puertas del triunfo. La ficción dedicada a las idas y venidas de la familia Fisher estuvo nominada como mejor serie dramática en 3 ocasiones, perdiendo el duelo principal en cada uno de esos años.

Aunque el show obtuvo algún reconocimiento menor en categorías de dirección o casting en sus inicios, el vacío a sus actores principales fue absoluto. Intérpretes de la talla de Frances Conroy, Peter Krause o Michael C. Hall hicieron unos papeles memorables que nunca obtuvieron su correspondiente premio individual. Una de esas claras veces que te preguntas seriamente: ¿en serio no ha ganado ningún Emmy? Pues eso, una ceguera bastante llamativa de los premios con una historia que rompió moldes en la pantalla.



Dexter

¿Acaso una serie protagonizada por Michael C. Hall no puede ganar un Emmy? Pues se ve que no… Y el caso de nuestro psicópata favorito de la televisión es para abrir una investigación policial. Durante años, la serie nos tuvo a todos completamente enganchados al televisor. Y esas primeras temporadas fueron tan indiscutiblemente buenas que por supuesto estuvieron nominadas 4 veces consecutivas en la categoría de mejor serie dramática, pero la Academia decidió que premiar a un asesino en serie quizá no era muy bonito y nunca le dieron el galardón principal.

Lo peor es el gafe histórico que arrastraba su protagonista, Michael C. Hall. El pobre estuvo nominado 5 veces seguidas como mejor actor principal y las perdió absolutamente todas. Se ve que a los jueces les daba un miedo tremendo subir al escenario a darle el trofeo por si acaso le daba por sacar los plásticos y los cuchillos. Al final, los Emmy decidieron ignorar una de las ficciones más adictivas de la época en sus categorías reinas, demostrando que tener un código moral impecable para matar gente mala no sirve de nada para caerle bien al jurado.



The Wire

Lo de esta serie ya no es un misterio de los premios, es directamente para que los amantes de la televisión montemos una manifestación. Hoy en día es imposible abrir cualquier lista de internet sobre las mejores ficciones de la historia sin encontrarte el retrato criminal de Baltimore peleando por el primer puesto. Pues bien, cuando se emitía, los votantes debían de estar viendo los canales de dibujos animados, porque el vacío fue absoluto. La serie cerró su andadura con cero estatuillas en su casillero y la ridícula cifra de dos únicas nominaciones de consolación para el guion en toda su trayectoria. 

La ceguera de los Emmy con este proyecto roza lo absurdo. Nunca la consideraron para el premio de mejor drama del año, y actores que nos volaron la cabeza a todos haciendo historia como Idris Elba en la piel de Stringer Bell o el gran Dominic West jamás recibieron una mísera mención en las listas de candidatos principales. Una vergüenza histórica de los premios que demuestra que el tiempo pone a cada uno en su lugar, aunque no tengas un trofeo dorado en la estantería. 



Twin Peaks

¿Pero cómo esta serie no va a tener ningún Emmy si literalmente es LA serie? Lo suyo no es solo una injusticia, es directamente un insulto a la historia de la televisión. Estamos hablando de la obra que cambió las reglas del juego para siempre y que abrió el camino a todo lo que vemos hoy en día en las plataformas, de la madre de la televisión moderna. David Lynch demostró que la pequeña pantalla también podía ser puro cine. Pues bien, la Academia de 1990 se ve que no tenía las neuronas preparadas para semejante revolución y le dio la espalda de mala manera.

La serie irrumpió con la salvajada de 14 nominaciones en su primer año, con sólo 8 episodios que tampoco era lo normal en la época, pero a la hora de repartir los premios gordos la dejaron completamente tirada en la cuneta. El galardón a mejor serie dramática se lo acabó llevando un procedimental de abogados de lo más tradicional, mientras que el misterio de quién mató a Laura Palmer se tuvo que conformar con dos tristes estatuillas técnicas de vestuario y montaje. Tampoco sirvió de nada que Kyle MacLachlan se marcara una actuación icónica. Estuvo nominado dos veces como mejor actor principal y también lo dejaron de vacío. Los jueces prefirieron quedarse en su zona de confort antes que premiar una genialidad absoluta que les venía gigantesca. Un patinazo histórico que demuestra que, a veces, ser un visionario en Hollywood solo sirve para que te miren como a un bicho raro.



House of Cards

El caso de este culebrón político es histórico por dos motivos radicalmente opuestos. Por un lado, fue la serie que inauguró la era del streaming en los premios: en 2013 se convirtió en la primera producción de internet en colarse en las categorías, obligando a los Emmy a aceptar que las plataformas digitales también sabían hacer televisión de calidad. Pero por el otro, se convirtió en uno de los grandes vacios de las votaciones. La ficción estuvo nominada como mejor serie dramática en 5 ocasiones consecutivas y jamás consiguió levantar el trofeo principal.

El pasotismo de los jueces no se quedó ahí. La serie de Netflix se sostenía gracias a un brutal duelo de poder de su pareja protagonista, pero los premios importantes pasaron de largo de forma constante. Robin Wright firmó una Claire Underwood colosal que le valió la friolera de 6 nominaciones seguidas como mejor actriz y las perdió absolutamente todas. Una andadura impecable que demostró que puedes abrir un camino totalmente nuevo en la forma de consumir televisión y, al mismo tiempo, quedarte a dos velas en tus categorías principales.



This Is Us

El drama lacrimógeno de la familia Pearson es otro de los grandes perjudicados y el ejemplo perfecto de cómo una serie que nos hacía llorar a todos a moco tendido en el sofá, luego dejaba a los jueces totalmente fríos a la hora de soltar el galardón principal. Durante sus seis temporadas en antena, la serie fue un auténtico fenómeno masivo en la televisión en abierto, logrando mantener enganchados a millones de espectadores con sus saltos temporales y sus infinitas tragedias. La producción se coló en la lista de candidatas a mejor serie dramática en 4 ocasiones, pero a la hora de la verdad, se fue de vacío todas y cada una de las veces.

La Academia prefirió centrar todo el amor en los premios interpretativos. Actores de la talla de Sterling K. Brown o el maravilloso y recordado Ron Cephas Jones sí consiguieron llevarse estatuillas a casa por sus brutales y emotivos papeles. Pero muchos fans se pasaron años quejándose de la negativa de los premios con la serie y, sobre todo, con el ninguneo constante a una fantástica Mandy Moore que jamás ni siquiera estuvo nominada. Un desenlace de lo más injusto para una de las ficciones que mejor ha sabido tocarnos la fibra sensible en las últimas décadas.



Expediente X

Otra de esas series que dices “tendrá 10 Emmys por lo menos”. Pues no, tampoco tiene ninguno increíblemente. Lo de las aventuras de los agentes Mulder y Scully es la prueba definitiva de que a los Emmy les salían sarpullidos cada vez que tenían que premiar algo que oliera a ciencia ficción. Durante los años 90, la serie fue un fenómeno social absoluto a nivel mundial que revolucionó por completo la televisión y que nos tuvo a todos pegados a la pantalla pasando miedo con los alienígenas, los monstruos de la semana y esa tensión tan brutal entre los protagonistas. Pues bien, a pesar de todo eso y acumular audiencias millonarias, la Academia jamás le otorgó el premio gordo.

La serie estuvo nominada 4 veces consecutivas en la categoría de mejor serie dramática en sus mejores años, y en todas ellas se fue completamente de vacío. Los jueces prefirieron barrer para casa y premiar a los típicos dramas de abogados o policías de toda la vida antes que reconocer que este género era el preferido del gran público . Al final, Mulder tenía razón: la verdad estaba ahí fuera, pero desde luego no estaba en los despachos del jurado de Los Ángeles. Un vacío histórico a un icono de la cultura pop que no necesitó ninguna estatuilla dorada para hacer historia.



Hijos de la anarquía (Sons of Anarchy)

Aquí tenemos un caso que no es que fuera un atraco a la hora de dar el premio, es que directamente ni los dejaron entrar al recinto. Las andanzas de la banda de moteros liderada por Jax Teller fueron un éxito brutal de audiencias y la crítica se pasaba los años diciendo que era uno de los dramas más intensos y mejor escritos de la televisión. Pues para la Academia llevar chaquetas de cuero y tatuajes no sumaba puntos, porque pasaron de ella olímpicamente. La serie cerró sus siete temporadas sin haber recibido ni una sola nominación a mejor serie dramática en toda su historia.

El vacío de los Emmy con este proyecto es de los que hacen daño. Ignoraron totalmente a Charlie Hunnam y, sobre todo, a una Katey Sagal inmensa en la piel de la matriarca Gemma Teller, que regaló uno de los mejores personajes femeninos del siglo y a la que ni mentaron en las listas de actrices principales. Por lo visto las guerras de bandas, el tráfico de armas y ese ambiente tan sucio e incómodo eran demasiado salvajes para el glamour de la alfombra roja. Un cierre de lo más injusto para una ficción redonda que igualmente se convirtió en una serie de culto absoluta.



Al final, repasar el palmarés de estos premios te deja claro que esto de los galardones no deja de ser una lotería bastante caprichosa. Que una serie no tenga una estatuilla dorada en las vitrinas de su productora no le quita ni un ápice del impacto, el cariño y las horas de entretenimiento que nos ha regalado en el salón. A veces, el verdadero premio no está en convencer a un jurado de Los Ángeles, sino en quedarse grabada a fuego en el recuerdo de los espectadores.

Al fin y al cabo, cada uno tiene sus gustos y estos premios los elige un grupo de gente que vota lo que le da la gana, pero eso no quita para que, por encima de esto, haya atracos históricos en los que todos los seriéfilos estamos de acuerdo.

Y todas estas, y otras muchas series que me he dejado fuera, se merecían al menos el reconocimiento gordo. Los trofeos se los llevarán los de siempre, pero a nosotros nadie nos quita el derecho de seguir defendiendo a nuestros grandes olvidados desde la comodidad de nuestro sofá.


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