Si sales a la calle y le preguntas al gran público por Alison Brie, es probable que muchos no sepan ponerle cara a la primera. No es de esas actrices que saturan las portadas ni que busca el aplauso fácil en el circuito más comercial. Sin embargo, la realidad es que estamos ante una de las actrices más completas e inteligentes de las últimas dos décadas.
Es una currante de la pantalla que, aunque no tenga una fama súper masiva, tiene un talento inmenso y una capacidad brutal para hacer suyo cualquier proyecto.
Porque la verdadera genialidad de Alison es lo bien que utiliza esa fachada de inocencia para colarte personajes que están completamente desquiciados o llenos de doble fondo. Su gran superpoder en pantalla es la expresividad gestual. Es una actriz que no necesita grandes discursos poéticos para que entiendas lo que le pasa por la cabeza, le basta con mover una ceja o clavar una mirada de psicópata para robarse la escena.
Maneja la comedia física sin ningún tipo de complejo ni vanidad, pero manteniendo siempre una naturalidad tan brutal que te la crees en cualquier papel, ya sea en un drama de época o en una comedia desatada.
Y justo ahora mismo, su nombre está en boca de todo el mundo gracias a que se acaba de estrenar la esperadísima adaptación en acción real de Masters del Universo y Alison se ha metido de lleno en su "villain era".
Se encarga de dar vida a Evil-Lyn, la mítica y poderosa hechicera que sirve como mano derecha de Skeletor. El papel le va como anillo al dedo porque ha construido a una villana imponente pero con su característico sentido de la ironía. Y aunque no ha sido lo que se dice un éxito en taquilla, sí que ha dado qué hablar para bien entre el público general y sobre todo los fans de toda la vida de He-Man. Así que sí, se podría decir Brie está en un buen momento.
Pero su camino al estrellato no tuvo nada que ver con el glamour de las alfombras rojas. Su carrera se la ha tenido que currar paso a paso desde abajo…
Los inicios: Terror de serie B y proyectos fantasma
Nacida precisamente en Hollywood, en 1982, su carrera como actriz, irónicamente, no empezó bajo los focos de un plató. Y es que, antes de codearse con las grandes estrellas, Alison se ganaba la vida de una forma bastante menos idílica: enfundándose una peluca y pintándose la cara de payaso en cumpleaños infantiles. Y claro, puede que no sea exactamente un trabajo actoral, pero igualmente actuaba frente a un público y uno de los más difíciles además, que son los niños. Y ahí tenía que usar la comedia física a destajo, improvisar y ser pura expresividad. Así que ese trabajo fue su primer gran escenario para moldear y dar origen al control gestual tan brutal que tiene. Y un dato muy curioso, la verdad.
Pero su primer papel de verdad llegó de la mano de Disney en 2006, apareciendo en un episodio de Hannah Montana, nada menos. Sin embargo, el año siguiente se convirtió para ella en el año del todo o nada. Sus primeros pasos en el cine se dieron en el circuito ultra-independiente de bajo presupuesto.
Su debut oficial en un largometraje llegó con Dickie Smalls: From Shame to Fame, un falso documental de comedia negra que se movió por el Festival de Sundance y poco más. Y también tuvo su primer protagonista en la película de terror de serie B Born. El embrión del mal, donde llevó todo el peso de la trama interpretando a Mary Elizabeth, una joven virgen que es poseída tras quedar embarazada de un demonio. Un argumento nada visto, no.
La televisión también llamó a su puerta ese verano, aunque de una forma un tanto misteriosa. Brie fue seleccionada para formar parte de Not Another High School Show, una serie de Comedy Central que parodiaba las ficciones adolescentes de la época, como Dawson Crece o The O.C. y donde ella hacía de Muffy, la típica estudiante pija e insufrible. Pero la cadena decidió no comprar ese piloto y el proyecto nunca salió a la luz.
Sin embargo, este proyecto fantasma sirvió para demostrar el potencial de Alison y casi de la noche a la mañana, su carrera dio un giro de 180 grados. Después de esos primeros proyectos “fracasados”, ese mismo año 2007, le llegó su gran oportunidad que le cambiaría la vida con uno de los mejores papeles que ha hecho: el de Trudy Campbell en Mad Men.
Trudy es la esposa perfecta, ambiciosa y correcta del ejecutivo Pete Campbell. El contraste con todo lo anterior fue brutal. Pasó de lo más underground a enfundarse en vestidos de alta costura de los años 60 en la serie más prestigiosa y elegante de la década en menos de un año. Y Alison estuvo inmensa defendiendo un personaje que fácilmente habría caído mal en manos de otra actriz.
La gracia de su interpretación era cómo manejaba la falsedad y la opulencia de la alta sociedad de la época: esa sonrisa forzada perfecta, sus modales exquisitos y esa forma de presionar a su marido para escalar socialmente mientras el matrimonio se desmoronaba en silencio. Te daba un recital de drama elegante en un plano y, en el siguiente, se marcaba un baile de Charleston memorable en una fiesta de la oficina que te recordaba lo bien que se le da usar el cuerpo para actuar.
El año de transición
Tras ese gran impacto, el año 2008 fue una etapa de transición muy curiosa donde Brie continuó curtiéndose en formatos muy diversos antes de su explosión definitiva. Participó en el drama de suspense Castigo (The Deadliest Lesson) protagonizado por Penelope Ann Miller, un telefilme clásico sobre un criminal dentro de un instituto durante un castigo en una clase, de esos que te enganchan una tarde de domingo.
Y de castigos iba la cosa, porque al mismo tiempo exploró las primeras plataformas digitales protagonizando My Alibi, una pionera serie web de misterio juvenil de la factoría Disney. La trama trata del confinamiento de unos estudiantes en una sala hasta que se confiese el culpable de una fechoría, con una estética que recuerda bastante a la mítica película The Breakfast Club (El club de los cinco) y donde la directora de ese instituto era nada menos que Gabrielle Carteris, otra mítica. Sus episodios de apenas 3 minutos, por cierto, aún se pueden cotillear por curiosidad en YouTube.
Allí interpretó a Rebecca, una estudiante estricta, maniática del control y superperfeccionista que se pasaba el día con un uniforme escolar impecable. En el cine, este periodo se completó con pequeños papeles secundarios en cintas independientes de perfil bastante bajo. Por un lado estuvo el thriller judicial The Coverup y, por el otro, la película de terror Parasomnia sobre una chica con una enfermedad que la hace dormir casi todo el tiempo y un asesino hipnotista. Papeles muy breves, sí, pero Alison seguía tocando todos los palos posibles mientras su rostro empezaba a hacerse un hueco definitivo en la industria.
El gran bombazo
Pero en 2009 llegó el papel que le dio definitivamente la fama y la consagró como una reina de los corazones seriéfilos: Annie Edison en Community. Para los que no la hayáis visto (y espero que seáis muy pocos) la serie arranca en Greendale, una universidad comunitaria bastante surrealista, donde un abogado un poco caradura monta un grupo de estudio de español falso solo para ligar con una chica. Al final, el grupo se convierte en siete desconocidos, a cada cual más raro y divertido. Lo que empezaba como una comedia de enredo “normal" pronto se convirtió en una absoluta genialidad, famosa por su humor meta, sus parodias cinematográficas y sus idas de olla.
Y entre toda esa fauna, Alison Brie se encargó de dar vida a mi personaje favorito de su carrera. Annie era una estudiante súper perfeccionista, la más empollona e inocente del grupo. Eso sí, detrás de esa fachada de no haber roto un plato, había una persona un poco desquiciada y un carácter oculto tremendo que le daba miedo hasta al más pintado. Porque si había algo icónico en ella eran sus gritos agudos que soltaba de repente cuando se frustraba y que dejaba a todo el grupo paralizado. Alison demostró que podía clavar la vulnerabilidad de una chica perdida y, al segundo siguiente, comerse la pantalla con una comedia física salvaje.
Además, con esta serie, la actriz logró una hazaña brutal de la que muy poco se habla. Se tiró seis años jugando a dos bandas y compaginando a la vez dos de los proyectos más importantes y opuestos de la televisión.
Imagínate el ritmo. También es cierto que en Mad Men tenía bastante menos protagonismo y no participaba en todos los episodios, lo que tal vez le facilitaba un poco las cosas a nivel de agenda, pero aun así el mérito de mantener ese nivel es tremendo. Mientras se vestía elegante de los '60 para el drama serio de la AMC, al día siguiente se plantaba en el plató de Community para esquivar bolas de pintura en Greendale. Una versatilidad tremenda que no hace cualquiera y que demuestra lo bien que se le da cambiar de registro de la noche a la mañana.
El cine comercial y el salto al doblaje
Mientras se pegaba la paliza de grabar sus dos series, Brie todavía tenía tiempo para empezar a dejarse ver en el cine más comercial, pero sin soltar nunca el independiente. En 2012 participó en Montana Amazon, una comedia indie rarísima sobre una familia muy excéntrica de las montañas huyendo por carretera que, como curiosidad, tuvo una reedición especial en 2024 con un montaje nuevo del director bajo el título de Montana Amazon Redux donde comparte protagonismo Olympia Dukakis y Haley Joel Osment.
El año anterior había dado el gran salto al cine comercial con Scream 4, haciendo de Rebecca, la ambiciosa y superficial relaciones públicas de Sidney Prescott. Por cierto, ¿soy la única persona a la que Alison siempre le ha recordado un poco a una joven Courteney Cox? Así con esa misma mirada expresiva, la melena oscura y esa energía tan enérgica, no sé, pero cuando las vi juntas en esta película fue un choque que se sentía casi como un relevo generacional o un multiverso extraño. En fin, su persoaje la propia Brie lo definió como una mezcla entre Annie y Trudy y no me extraña, porque era un poco estirada insoportable. Además, protagoniza una de las escenas de muerte más tensas de la película en mitad de un parking oscurísimo.
En 2012 se pasó a la comedia romántica con Eternamente comprometidos (The Five-Year Engagement), una película súper divertida protagonizada por Jason Segel y Emily Blunt sobre una pareja que nunca encuentra el momento de casarse. Alison interpretaba a Suzie, la hermana de la protagonista, y se marcó un papelazo cómico imitando el acento británico y robándose cada escena en la que salía. Después, en 2013, volvió al cine independiente con la maravillosa Los reyes del verano (The Kings of Summer), interpretando de nuevo, a la sarcástica hermana mayor del protagonista, esta vez Nick Robinson, en una de las mejores pelis de adolescentes de la década.
Y casi sin darnos cuenta, en 2014 le llegó su primer gran bombazo en el cine de animación con Lego: La película. Se encargó de dar voz a Unikitty, esa gata-unicornio adorable que vive en un mundo de nubes rosas pero que si se enfada se convierte en un monstruo gigante de rabia pura. Un papel que le iba como anillo al dedo a su expresividad. El personaje gustó tanto que Alison volvió a prestarle su voz para el videojuego oficial en 2015 y para la secuela, La Lego película 2, en 2019.
De la animación de culto a la comedia más gamberra
Y toda esta experiencia en el doblaje, donde también participó con roles episódicos en algunas series como Padre Made in Usa o Axe Cop, fue el puente perfecto para que, también en 2014, Alison se metiera de lleno en uno de los proyectos más profundos, aplaudidos e importantes de toda su carrera, BoJack Horseman. Para mí, es sencillamente una de las mejores series de animación para adultos de la historia de la televisión. La trama es una sátira oscurísima, cínica y brillante sobre un caballo antropomórfico que fue una estrella de las sitcoms de los 90 y que ahora intenta relanzar su carrera en un Hollywood de lo más deprimente.
Brie puso la voz a Diane Nguyen, una escritora fantasma intelectual que es contratada para escribir la autobiografía de BoJack. Su personaje es genial porque funciona como el ancla moral de la serie. Es la única que le dice las verdades a BoJack en su propia cara, regalándonos unos diálogos cargados de melancolía y una profundidad psicológica que te dejaban el corazón roto. Una verdadera joya de Netflix.
Paralelamente a este éxito en la plataforma, Alison no paró de encadenar comedias en el cine, tocando todos los registros posibles de la risa. En 2014 participó en la disparatada comedia de carretera Pirados al rescate (Search Party), y al año siguiente, en 2015, se dejó caer por Dale duro (Get Hard), haciendo de la caprichosa prometida de Will Ferrell en una comedia bastante gamberra sobre la cárcel. Ese mismo año también estuvo junto a Colin Hanks en Más extraño que el amor (No Stranger Than Love), una comedia independiente con toques surrealistas donde interpretaba a una profesora de arte que ve cómo el hombre casado con el que iba a tener una aventura cae literalmente en un agujero negro interdimensional que aparece en mitad de su salón. Una bizarrada importante.
Y en 2015 protagonizó una de sus mejores películas, Nunca entre amigos (Sleeping with Other People), una comedia romántica divertidísima donde comparte una química arrolladora con Jason Sudeikis. Interpretan a dos excompañeros de universidad que, tras años de fracasos amorosos e infidelidades compulsivas, se reencuentran en una terapia y deciden mantener una relación estrictamente platónica para no arruinar su amistad. Alison está increíble en la piel de Lainey, desborda carisma, maneja el humor físico de maravilla y nos regala escenas memorables, demostrando que es buenísima en este género cuando le dan un guión inteligente.
Entre comedias corales y un viaje de época
El año 2016 fue un auténtico no parar en el cine con un montón de papeles secundarios. Pasó de forma muy breve por la comedia independiente Joshy, una cinta bastante turbia que arranca con el suicidio de su prometida, ella misma, por lo que apenas trabaja un par de minutos. Mucho más peso tuvo en la comedia Mejor... solteras, compartiendo juergas neoyorquinas con Dakota Johnson y Rebel Wilson. Alison hacía de Lucy, una chica totalmente obsesionada con encontrar novio usando algoritmos de internet, aportando ese puntito histérico y cuadriculado que tan bien se le da.
Ese mismo año también se dejó caer por Get a Job, una comedia muy divertida con Miles Teller y Anna Kendrick sobre lo difícil que es encontrar un curro decente al salir de la universidad. Aquí Brie era Tanya, una empleada bastante irreverente que protagonizaba las escenas más locas dentro de la oficina.
El punto serio lo puso con el drama Un hombre de familia, donde Gerard Butler interpreta a un cazatalentos corporativo muy despiadado. En esta historia, Alison interpretaba a Lynn Vogel, una ejecutiva agresiva y súper competitiva y su principal rival en la empresa.
Pero el verdadero volantazo en este periodo lo dio en la televisión, cruzando el charco para trabajar en la miniserie británica Doctor Thorne, escrita por el creador de Downton Abbey y que aquí pudimos ver en Prime Video. Fue todo un choque verla con trajes victorianos tras tantos años haciendo comedia en Estados Unidos. Brie era Martha Dunstable, una rica heredera americana muy directa y bastante descarada para las normas de la alta sociedad inglesa de la época. Un papel muy distinto que demostró que el drama clásico de tacitas también lo podía hacer muy bien.
El año del ring y los grandes proyectos
Aunque en el cine seguía encadenando papeles, algo menores pero muy buenos y en 2017 tuvo tres películas radicalmente distintas demostrando que podía con todo. Primero estuvo en En pecado, una comedia negra independiente ambientada en un convento medieval. Alison interpreta a la monja Alessandra en una farsa loquísima llena de hormonas desatadas, donde comparte pantalla con Aubrey Plaza y con su propio marido, Dave Franco (del que, por cierto, también os hablo aquí)
Ese mismo año repitió equipo con él en The Disaster Artist, la aclamada comedia dramática dirigida por James Franco que recrea el caótico y divertido rodaje de The Room (la considerada peor película de la historia). Ella encarna a Amber, la novia del protagonista, en un papel secundario pero entrañable. Y para rematar el año en la pantalla grande, el mismísimo Steven Spielberg la fichó para Los archivos del Pentágono. Todo un hito de prestigio donde Alison se metió en la piel de Lally Graham, la hija de la poderosa editora del periódico interpretada por Meryl Streep, aguantando el tipo de forma brillante en un drama histórico impecable.
Pero sus grandes papeles estuvieron siempre en la televisión y aquel año 2017 volvió por la puerta grande con Glow. Qué maldita maravilla de serie y qué injusticia tan grande cometió Netflix con ella. La trama nos traslada a los años 80 en Los Ángeles, donde un grupo de mujeres desajustadas socialmente terminan metidas en un estrafalario programa de televisión de lucha libre femenina. Alison está magnífica encarnando a Ruth Wilder, una actriz frustrada que tenía una aventura con el marido de su mejor amiga (Betty Gilpin) y que no encuentra su sitio hasta que se sube al cuadrilátero y se transforma en la mítica villana soviética Zoya the Destroya.
Su interpretación es una auténtica fantasía que mezcla el drama más tierno con una comedia física salvaje, hasta el punto de que se pegó una paliza real aprendiendo a pelear. Estuvo nominada a dos Globos de Oro consecutivos como mejor actriz de comedia por este papel, entre otros premios. Lamentablemente, la serie sufrió una de las cancelaciones más dolorosas de la plataforma. Tras tres temporadas espectaculares, Netflix la renovó por una cuarta entrega final, pero el rodaje coincidió con el estallido de la pandemia en 2020 y, por problemas financieros derivados del parón, decidieron fulminarla y dejar el final completamente abierto. Una pena tremenda, porque la serie estaba en su mejor momento y además merecía un final mejor.
De los thrillers incómodos a su faceta como guionista
Así que, tras este éxito/traspiés, Alison Brie volvió al cine y pegó un cambio brutal en su carrera, demostrando que no solo sabe actuar, sino que tiene una mente creativa tremenda detrás de las cámaras. En 2020 dio el salto definitivo al cine independiente más personal con Horse Girl, una película de Netflix que ella misma coescribió y produjo. Aquí interpreta a Sarah, una chica bastante solitaria, obsesionada con las manualidades y los caballos, que empieza a sufrir unos delirios surrealistas y a perder el norte de la realidad. Se marca una actuación desgarradora y supermadura.
Siguiendo con el cine independiente, su marido Dave Franco la dirigió en Vigilados (The Rental), un thriller de terror psicológico bastante tenso sobre dos parejas que alquilan una casa para el fin de semana y descubren que los están espiando
Ese mismo año también participó en la brillante Una joven prometedora (Promising Young Woman), un thriller de venganza brutal e incómodo flipante a todos los niveles. Alison se mete en la piel de Madison, una antigua compañera de la universidad de la protagonista (Carey Mulligan). Su papel es breve pero clava a la perfección a esa típica mujer superficial que en su día prefirió mirar hacia otro lado, protagonizando una escena en un restaurante que es pura tensión psicológica.
Y para cerrar ese 2020, estuvo en la comedia romántica navideña La estación de la felicidad (Happiest Season), donde hacía de Sloane, la competitiva y estirada hermana de la protagonista, robándose cada escena familiar a base de pullas divertidísimas.
En 2022 ya le cogió el gusto a eso de ser guionista y también coescribió Hazme girar (Spin Me Round), una comedia independiente donde daba vida a Amber, la gerente de una franquicia de restaurantes que gana un viaje con todos los gastos pagados a un idílico instituto en Florencia, solo para descubrir que las vacaciones son un completo y bizarro desastre.
Y su último gran proyecto en esta línea fue Una antigua conocida (Somebody I Used to Know) en 2023, otra comedia romántica que escribió junto a su marido, que también es el director, y donde ella es la protagonista indiscutible. Interpreta a Ally, una productora de televisión adicta al trabajo que regresa a su pueblo tras un bache profesional y se reencuentra con su primer amor (Jay Ellis) lo que la lleva a replantearse toda su vida. Dos películas pequeñitas, muy cuidadas, que demuestran que a Alison le sienta de maravilla escribir sus propios personajes.
Grandes éxitos recientes
Pero a pesar de ser una cara habitual en el cine más independiente, últimamente se está dejando ver más por lo comercial y ha ido encadenando proyectos muy famosos en la actualidad. En 2023 se metió de lleno en la comedia de acción con Freelance. Aquí comparte protagonismo con John Cena y hace de una periodista que consigue una entrevista exclusiva con un dictador en mitad de la selva justo cuando estalla un golpe de Estado. Es una película puramente de entretenimiento, pero verla a ella lidiando con los tiroteos y las locuras de Cena tiene su punto divertido.
En 2024 volvió a la televisión con la miniserie Un revés inesperado (Apples Never Fall), basada en la novela escrita por la autora de Big Little Lies. La trama va sobre una familia aparentemente perfecta de entrenadores de tenis cuya madre desaparece de repente, levantando todas las sospechas entre los hermanos. Alison interpreta a Amy, la hija mayor, un personaje bastante inestable y caótico que choca un montón con el resto de su familia. Es una intriga familiar muy bien hecha donde comparte reparto con el tristemente recién fallecido Sam Neill y Annette Bening. De esas series que te mantienen enganchado desde el principio, de las que ya no sabes qué pensar, aunque el final es un poco ¿en serio? pero bueno, en general es bastante recomendable.
Pero el verdadero pelotazo reciente del que todo el mundo ha estado hablando ha sido Together, en 2025,. La película es una locura de body horror súper asfixiante sobre una pareja en crisis que se muda al campo y sufre una maldición que hace que sus cuerpos se empiecen a fusionar físicamente de forma literal y monstruosa. Lo mejor es que volvió a compartir pantalla y esta vez protagonismo con su marido Dave Franco. Y en esta película es un hecho clave, porque le meten una capa de intimidad y verdad a esa alarmante codependencia que te vuela la cabeza y le da una fuerza a la película brutal.
Toda esta mezcla de comedias, intrigas y cine independiente es lo que ha terminado de llevarla a su camino hacia ese gran papel de la hechicera Evil-Lyn en la nueva película de Masters del Universo de la que hablábamos al principio. Demuestra que es capaz de saltar de una producción pequeña a un gran blockbuster sin perder su esencia.
Una carrera sólida construida en silencio
Echando la vista atrás, la trayectoria de Alison Brie es sumamente interesante. Ha conseguido algo que muy pocos logran en esta industria: construir una carrera impecable y respetadísima sin necesidad de cargar con la pesada etiqueta de superestrella de cine o televisión. No es esa cara que está en todas partes, pero la realidad es que sus trabajos han tenido una repercusión brutal y muchos de sus personajes ya son iconos de la cultura pop.
Ha sabido moverse como pez en el agua entre el drama más elegante, la comedia física más gamberra, la animación de culto y el terror psicológico más salvaje. Casi sin hacer ruido, ha encadenado proyectos memorables demostrando que su verdadero motor es el amor a actuar y a contar historias diferentes, ya sea escribiendo sus propios guiones o enfundándose unas mallas en un cuadrilátero. Al final, se ha convertido en una de esas actrices infalibles. Una que, cuando aparece en pantalla, te da la total tranquilidad de que vas a ver algo con personalidad y bien hecho.
Así que, la próxima vez que la veas en un proyecto haciendo de las suyas, recuerda que detrás de esa expresividad tan brillante hay una actriz que empezó haciendo reír a los niños y que hoy se ha ganado, por derecho propio, el respeto de toda la industria.
Y si queréis echar un vistazo también a la carrera de otras grandes actrices, os invito a pasaros por la de Linda Cardellini y Leslie Bibb.





















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