Robert Urich dijo en una ocasión: “El que diga que nunca ha visto una serie de Spelling, miente”. Y eso sí que es verdad.
Con más de 80 series a sus espaldas a lo largo de 50 años, es prácticamente imposible no haberse topado con ninguna. Si a eso le sumamos que casi todo lo que tocaba se convertía en oro, más aún. No es de extrañar que siga contando con el récord de productor más prolífico de la historia de la televisión y, durante años, también tuviera el de más horas producidas, con más de 5.000. Pero ojo, que no siempre fue así.
De origen judío y muy humilde, Aaron Spelling era hijo de un sastre inmigrante y sufrió tanto acoso de pequeño por parte de sus compañeros de colegio que, a los ocho años, un trauma psicosomático lo dejó sin poder andar durante todo un año.
Aaron tuvo que ganarse el pan desde abajo. Tras ser corresponsal en la Segunda Guerra Mundial, empezó en la industria escribiendo anuncios para televisión. También probó suerte como actor en pequeños papeles, la mayoría sin acreditar, pero quedó claro muy pronto que ese no era su sitio. Así que volvió a escribir, fichando por la productora Four Star, donde fue el guionista de 20 episodios de los 149 que tuvo la serie Zane Grey Theater en 1956. Otros tantos episodios también los produjo, y ahí empezó todo.
En 1965 estableció su propia productora junto a Danny Thomas, un paso clave antes de terminar donde todos le conocemos.
Entre sus producciones se encuentran más de cien películas para televisión y cine, que se dice pronto, las cuales sirvieron además para darles su primer papel principal a actores como Nick Nolte o Jennifer Jason Leigh. Pero, sin duda, sus mayores logros siempre estuvieron en las series.
El 23 de junio de 2006, a los 83 años, nos dejaba el que fue un auténtico padre televisivo. Lo fue tanto para cientos de actores que nacieron de su mano, arrancando sus carreras y haciéndose famosos gracias a él, como para todos nosotros, que crecimos pegados a la pantalla viendo sus historias.
Han pasado ya 20 años de esa pérdida, pero su legado sigue vivo. Cada una en su generación, sus producciones marcaron nuestra juventud y hoy en día las seguimos revisionando con el mismo cariño de siempre.
Eran series muy distintas entre sí que demostraban su inmensa categoría como productor, pero manteniendo siempre su esencia única. Se sabe perfectamente cuándo una serie es de Spelling, y no solo porque lo ponga en los créditos. Tenía un ojo clínico para darle al público lo que quería en todo momento. Y por eso sus series siempre serán más que recordadas.
Así que eso es justo lo que hemos querido hacer hoy: rendirle un pequeño homenaje recordando todos sus éxitos y, por qué no, algún que otro fracaso, que también los hubo.
Johnny Ringo (1959-1960)
Su primera producción televisiva fue para la CBS con este western de 30 minutos inspirado en la vida del forajido real. Vamos, que no se rompió mucho la cabeza para dar con el nombre de la serie. Spelling fue también el creador y escribió varios de los 38 capítulos de los que constaba su primera y única temporada. Un éxito poco destacable, pero para ser un “debut” no se puede decir que estuviera nada mal.
The Lloyd Bridges Show (1962-1963)
Esta serie, protagonizada por otra leyenda de la pantalla, también fue una creación de Spelling. Se trataba de un drama antológico donde Bridges interpretaba al periodista Adam Shepard, quien en cada episodio se imaginaba a sí mismo viviendo las historias que investigaba, por lo que tan pronto te lo encontrabas haciendo de boxeador, de soldado o de médico.
A lo largo de sus 34 capítulos contó con estrellas invitadas de auténtico lujo. Entre ellas estaban los propios hijos del actor, unos jovencísimos Jeff y Beau Bridges; un por entonces desconocido Ricardo Montalbán, que luego sería un mítico en las producciones de Spelling o la mismísima esposa de Aaron en aquella época, Carolyn Jones, a la que todos recordamos como la primera Morticia Addams de acción real.
The Mod Squad (Patrulla Juvenil) (1968-1973)
Y llegamos a su primer éxito. Patrulla Juvenil fue el comienzo de más de 20 años de unión ininterrumpida entre Spelling y la cadena ABC. Un proyecto arriesgado con el que la cadena se empeñó en cambiar el título original porque decían que nadie entendería qué significaba "Mod Squad". Spelling se negó en rotundo, amenazando incluso con abandonar la grabación si lo hacían con otro nombre.
La trama era de lo más innovadora para la época. Series de crímenes y policías ya había a patadas, pero esta estaba protagonizada por tres jóvenes hippies con problemas con la justicia, a los que les ofrecían la oportunidad de librarse de la cárcel si trabajaban como detectives infiltrados en bandas criminales. En la serie se tocaban temas como el racismo, la prostitución, las drogas, el aborto o el movimiento contra la guerra... todo muy adelantado a su tiempo. Y es que esto fue algo que caracterizó muchísimo a las producciones de Spelling: le encantaba arriesgarse creando tramas sociales que nadie más se atrevía a tocar, y casi siempre le salía bien.
Patrulla Juvenil no fue una excepción y se convirtió, sin duda, en un auténtico icono de la televisión que lanzó a la fama a sus tres protagonistas: Michael Cole, Clarence Williams III y Peggy Lipton (sí, la de Twin Peaks). Sus 5 temporadas, 4 nominaciones a los Emmy y 5 a los Globos de Oro hablan por sí solas.
The Rookies (Los Patrulleros) (1972-1976)
Si algo triunfa, ¿para qué cambiar la fórmula, no? Eso mismo debió pensar Spelling, porque no abandonó la temática policiaca durante mucho tiempo. Su siguiente serie trataba sobre unos jóvenes que acaban de ingresar en el cuerpo de policía y que tenían un enfoque bastante carismático, por ejemplo, siempre que podían, rechazaban utilizar sus armas de fuego.
El reparto también contaba con una enfermera, que era la mujer de uno de los agentes, interpretada por una jovencísima y desconocida Kate Jackson. Y si algo bueno sacó Spelling de esta serie, aparte de que estuvo cuatro años en antena y llegó a colarse entre las 20 series más vistas de la televisión, fue a ella. Y es que Aaron nunca se olvidaba de un actor. Una vez que pasabas a formar parte de su "familia", lo más probable es que volviera a llamarte para otro proyecto. Es algo que se puede comprobar viendo cualquiera de sus series, al menos un actor "suyo" siempre terminaba apareciendo por ahí.
S.W.A.T. (Los hombres de Harrelson) (1975-1976)
Y uno de sus actores más habituales era Robert Urich, a quien precisamente lanzó a la fama en esta serie. Los hombres de Harrelson, que nació como un spin-off de The Rookies, trataba sobre cinco agentes especiales de operaciones de alto riesgo que trabajaban bajo el mando de Dan “Hondo” Harrelson (ya sabemos lo que le gustaba a España en aquella época hacer traducciones obvias para los títulos).
Quizá no fuera una de sus series más longevas, de hecho fue cancelada tras su segunda temporada debido a las quejas por su violencia, pero sí que se convirtió en una de las producciones más emblemáticas y recordadas de la televisión. Su sintonía, a cargo de Barry DeVorzon, era tan icónica que llegó a ser número 1 en las listas de éxitos de Estados Unidos.
El impacto de la serie fue tal que en 2003 se hizo una versión cinematográfica para la gran pantalla que, por supuesto, rescató esa banda sonora inolvidable, e incluso recientemente, en 2017, ha tenido un exitoso remake en televisión.
Starsky y Hutch (1975-1979)
De toda esta camada de series policiacas que además estuvieron al mismo tiempo en emisión, la favorita de Spelling era Starsky y Hutch. Y es que esta historia protagonizada por una pareja de policías fue una auténtica pionera. Rompió por completo con el molde serio y estirado de los detectives que se conocía hasta la fecha. Este estilo tan dinámico y, hasta humorístico en ocasiones, se fue poniendo de moda cada vez más en los años siguientes con éxitos como Las calles de San Francisco o Corrupción en Miami, pero ellos fueron los primeros en mostrar una química y una amistad asombrosa entre dos hombres, lo que hoy conocemos perfectamente como un bromance.
Los actores, David Soul y Paul Michael Glaser también formaron una gran amistad y se convirtieron automáticamente en estrellas. Pero si hubo algo que pasó realmente a la historia fue el Ford Torino rojo que conducían con la emblemática franja blanca. Como curiosidad, a Glaser no le gustaba nada el coche y lo llamaba de broma "el tomate pelado", sin imaginarse que de ahí saldrían miles de juguetes para niños y que los adultos tunearían sus propios coches para que se le pareciera.
Ya se sabe, la tele marca tendencia... También tuvieron su versión en el cine en 2004, contando con el cameo de Soul y Glaser.
Los ángeles de Charlie (1976-1981)
Esta es de las que menos presentación necesita. Fue el mayor éxito de los años 70, no sólo para Spelling, y también una de las series más recordadas e icónicas de la historia de la televisión. Y es que supuso un cambio radical en la época. Las mujeres no solían predominar en la pantalla y mucho menos en el género de acción, pero aquí llegaron estas tres agentes recién graduadas en la academia de policía para meterse en ese mundo y cambiar las reglas.
Y es que, cuando pensaban que su carrera se limitaría a escribir informes a máquina, un misterioso millonario llamado Charlie las contrata para su agencia de detectives. ¿Su misión? Resolver los casos más peligrosos y complicados. Lo curioso es que Charlie les asignaba las misiones desde el anonimato total, solo era una voz a la que nunca pusimos cara. Una genialidad que, por cierto, fue idea de la mismísima Kate Jackson. Detrás de esa voz estaba John Forsythe, quien jamás apareció acreditado en ningún capítulo.
Desde su estreno, la serie se convirtió en un fenómeno mediático sin precedentes. No solo catapultó a las actrices al estrellato, sino que su imagen inundó revistas y todo tipo de merchandising... por no hablar del mítico peinado de Farrah Fawcett, que se convirtió en el más solicitado en las peluquerías de todo el mundo. Precisamente Farrah fue la primera en abandonar la serie tras la primera temporada, un portazo que nadie esperaba y que trajo una lucha legal por incumplimiento de contrato. Al final llegaron a un acuerdo para que volviera como estrella invitada en la tercera y cuarta temporada.
A partir de ahí, el baile de actrices fue constante. A la marcha de Farrah (Jill), entró Cheryl Ladd interpretando a su hermana Kris. Los otros dos ángeles originales eran Kate Jackson (Sabrina) y Jaclyn Smith (Kelly), siendo esta última la única que aguantó las cinco temporadas completas. Cuando Kate Jackson se cansó y dejó la serie en la tercera temporada, la sustituyó Shelley Hack (Tiffany), que solo duró un año y fue reemplazada en la última temporada por Tanya Roberts (Julie). Cómo bonito detalle, la primera vez que las tres ángeles originales se volvieron a reunir en público tras el final de la serie, fue en la gala de los Emmy de 2006, para rendir un emotivo homenaje a Spelling tras su muerte.
A pesar de que en su quinta temporada la caída de audiencia fue tan brutal que provocó su cancelación, hoy sigue siendo un referente absoluto de la cultura pop. El cine intentó exprimir la marca con dos películas muy divertidas en el 2000 y 2003, y la televisión lo intentó con un reboot en 2011 que no pasó de los 8 capítulos. Por si fuera poco, en 2019 volvieron a intentarlo en la pantalla grande con otra película que se pegó un batacazo histórico. Y es que, ¿cuándo aprenderán que no hay nada como las originales?
Family (1976-1980)
Entre policía y policía, Spelling todavía tenía tiempo (y dinero) para el drama puramente humano, y Family se convirtió en una de las series dramáticas más aclamadas en esos años. Coproducida junto al prestigioso director de cine Mike Nichols, la trama giraba en torno al día a día de una familia de clase media americana y las dificultades a las que se enfrentaba. El objetivo era que la televisión tomara conciencia, por primera vez, de los problemas cotidianos. No era algo frecuente en la época, ya que las ficciones solían limitarse a entretener, pero Spelling siempre tuvo debilidad por los mensajes sociales. Aquí se trataban temas como el cáncer, el alcoholismo, el adulterio o los conflictos con los hijos. Dilemas reales muy adelantados a su tiempo.
La serie fue una cantera de talento y lanzó a la fama a varias de sus estrellas. Por un lado, a una jovencísima Kristy McNichol, ganando dos premios Emmy por este papel. Por otro lado, descubrió a Meredith Baxter, que años más tarde se convertiría en una de las madres más famosas de la televisión en la mítica comedia Enredos de familia.
Con cuatro temporadas muy potentes y un saco de premios a sus espaldas, Family demostró que el imperio de Aaron Spelling también era capaz de conmover al público. Un auténtico clásico que abrió el camino a los dramas familiares modernos.
The Love Boat (Vacaciones en el mar) (1977-1987)
Probablemente ha sido una de las series más parodiadas y ridiculizadas de la historia. La propia industria se reía refiriéndose a ella cómo "televisión para tontos", pero lo cierto es que estuvo 10 años en antena, convirtiéndose en la tercera serie más longeva de Spelling. Y es que él mismo decía: “Entre 150 críticos y 150 millones de espectadores, sé qué escoger”. Lógico.
Vacaciones en el mar trata exactamente de lo que su nombre indica: un barco de mega lujo que realizaba cruceros por todo el mundo. El reparto fijo lo formaban los entrañables miembros de la tripulación, como el capitán Merrill Stubing o la directora de cruceros Julie McCoy. En cambio, los pasajeros cambiaban en cada capítulo, entrelazando sus tramas en un tono de comedia romántica.
Por ese crucero pasaron infinidad de estrellas invitadas: desde viejas glorias de Hollywood como Lana Turner, Mickey Rooney, Gene Kelly o Gina Lollobrigida, hasta jóvenes desconocidos que acabarías viendo en todos lados, como Michael J. Fox, Jamie Lee Curtis, Tom Hanks, Courteney Cox, Teri Hatcher... y Tori Spelling, obvio. Todos ellos o viajar cada semana a cualquier parte del mundo sin moverse del sofá eran algunos de los atractivos de la serie.
Spelling quiso repetir la jugada en 1998 con Love Boat: The Next Wave, una secuela con Robert Urich a la cabeza. Pero, como yo siempre digo, los tiempos cambian y las cosas no funcionan igual, así que el barco se hundió tras solo una temporada. Habrá que quedarse con el recuerdo de la antigua, sobre todo sabiendo que el mítico transatlántico real donde se grababa la serie acabó desguazado en 2013. El barco ya no existe, pero su sintonía sigue siendo historia de la televisión.
Vega$ (1978-1981)
Por fin Robert Urich tuvo su propia serie como protagonista absoluto, metiéndose en la piel del mítico detective privado Dan Tanna. El personaje llegó a ser tan popular que incluso se juntó con las tres ángeles de Charlie en un caso, marcándose un crossover espectacular entre ambas series. Con esta producción, Spelling quería mostrar el lado más glamuroso y ostentoso de Las Vegas y dejar a un lado el ambiente oscuro de la mafia. Por eso, los casos siempre se resolvían en los casinos más lujosos de la ciudad y rodeados de mujeres elegantes.
Como curiosidad de puertas para adentro, Vega$ fue la primera serie de la historia de la televisión en grabarse íntegramente en la ciudad del pecado, todo un despliegue para la época, que normalmente se rodaban en los estudios de Los Angeles.
Esta serie también pudimos presenciar el debut como actriz de Tori Spelling (un clásico en los proyectos de su padre) y, sobre todo, la acertada asociación de Aaron con el productor E. Duke Vincent, quien se convertiría en su mano derecha y le acompañaría los siguientes 30 años.
Fantasy Island (1977-1984)
Fue la primera serie que se escapaba de los parámetros que Spelling había realizado hasta entonces, incluyendo un toque de misterio y fantasía. Aquí el protagonista era Ricardo Montalbán, quien interpretaba al Sr. Roarke, el elegante anfitrión de una peculiar y misteriosa isla caribeña donde la gente pagaba 50.000 dólares para cumplir cualquier fantasía. La única e inquebrantable condición era que, una vez comenzada la experiencia, no se podía detener y los huéspedes debían vivirla hasta el final, saliera bien o mal y una vez cumplida, no podían quedarse en la isla.
Para gestionarlo todo, Roarke contaba con su icónico asistente Tattoo (Hervé Villechaize), encargado de anunciar las visitas con la mítica frase: “¡El avión, el avión!”. En el último año de la serie, Tattoo fue reemplazado por Lawrence, un mayordomo mucho más calmado que no terminó de convencer a los fans.
La serie tuvo un éxito inmediato debido a su originalidad. Al público siempre le ha atraído lo sobrenatural y en esa época apenas se explotaba en televisión. Estuvo 7 temporadas en antena (con 158 episodios), aunque el piloto se estrenó originalmente como un telefilm de casi dos horas. En España, curiosamente, llegó a proyectarse en las salas de cine.
Y como ya venía siendo habitual en las producciones de Spelling, por la isla pasó un desfile interminable de estrellas: desde mitos como Joan Collins, Yvonne De Carlo o Janet Leigh, hasta jóvenes promesas que acabarían triunfando como Michelle Pfeiffer, Heather Locklear o, sí, habéis adivinado, Tori Spelling. De hecho, todos los famosos que participaban dejaban su firma en el hidroavión real de la serie, el cual terminó subastándose en 1990.
El magnetismo de la isla es tan grande que Hollywood ha intentado resucitarlo varias veces. Hubo un primer remake en 1998, en el que Spelling ya no formó parte y que solo duró 13 episodios, una sorprendente película de terror en los cines en 2020 y, poco después, en 2021, una nueva serie en televisión que actualizó el formato durante dos temporadas.
Está claro que, por muchos años que pasen, la idea de Spelling de comprar nuestros deseos más ocultos sigue siendo una fórmula infalible.
Hart y Hart (1979-1984)
Volvemos a las series de detectives, aunque esta vez no una pareja de policías al uso, sino una pareja en sí. Jonathan y Jennifer Hart son un carismático matrimonio de la alta sociedad. Él es el director de una multinacional con industrias de todo tipo y ella es una reputada periodista. En su tiempo libre, por puro entretenimiento, se aficionan a resolver crímenes con la ayuda de Max, su entrañable mayordomo, que los asistía en cada caso.
Lo curioso es que nadie confiaba en que esta trama fuera a triunfar. El guión piloto original, escrito a principios de los 70 por Sidney Sheldon, fue rechazado por todas partes y cayó en el olvido dentro de un cajón. Todo cambió cuando Aaron Spelling vio el potencial de la idea y la rescató. Llamó a Tom Mankiewicz para que reescribiera la historia y la adaptara a los nuevos tiempos y un nuevo éxito en antena. Tan fácil.
La serie contó con la estrella de cine Robert Wagner y con Stefanie Powers. A pesar de llevarse 12 años de diferencia en la vida real, la increíble química que derrochaban en pantalla fue instantánea y fue una de las claves de la serie. Tras ser cancelada en su quinta temporada, el reparto se volvió a reunir en los años 90 para grabar ocho telefilmes a lo largo de la década, todo un regalo para los fans que ojalá hicieran otras series.
Dinastía (1981-1989)
Llegados los años 80, la televisión cambió por completo su manera de entender y enfocar las ficciones. Atrás iban quedando los capítulos autoconclusivos para abrir paso a las tramas continuadas y al género de la soap opera nocturna. Dallas fue la encargada de abrir esa puerta de par en par, convirtiéndose en la reina de la pantalla con 84 millones de espectadores. Pronto, las cadenas rivales de la CBS sintieron cierta envidia y la ABC le encargó a su máquina de éxitos una serie para competir con el clan Ewing.
Así fue como Spelling, de la mano de Esther y Richard Shapiro, se sacó de la manga Dinastía, una serie que en principio iba a llamarse Oil y que narraba los excesos del magnate del petróleo Blake Carrington, su familia y su nueva esposa Krystle, con la que se casa en un capítulo piloto de tres horas de duración, ahí queda eso. Además fue rodado dos veces, ya que al principio Blake estaba interpretado por George Peppard, pero tras salir de los pelos con medio equipo y montar una bronca monumental pidiendo hasta que cambiaran el guión, fue sustituido por el viejo amigo de Spelling, John Forsythe.
Su primera temporada tuvo una audiencia muy discreta; tanto, que la crítica la acusó de ser una copia barata de Dallas. Pero en la segunda temporada tiraron la casa por la ventana al contratar a Joan Collins como Alexis Carrington, la ex mujer de Blake y una de las más malas malísimas de la historia de la televisión. Alexis fue el contrapunto perfecto para Krystle, originando legendarios e históricos enfrentamientos físicos entre ambas que se convirtieron en una de las claves de su éxito.
También lo fue la ropa, las mansiones, los peinados, las joyas y el lujo ostentoso en general que desplegaba cada capítulo. Y es que, el golpe de talonario de esta serie fue muy elevado. Pero la inversión valió la pena y la audiencia respondió con creces y en su tercera temporada logró desbancar a Dallas como serie más vista de Estados Unidos. La industria también terminó cayendo rendida, nominándola a los Globos de Oro como mejor serie dramática cada año hasta 1987, ganándo en 1984, algo que ninguna de sus rivales consiguió.
Con el tiempo, los guiones se volvieron más enrevesados, las idas y venidas de los personajes eran absurdas y muchas tramas se cerraban sin sentido, pero el fenómeno de masas ya era imparable. En su novena temporada, con una audiencia muy pobre, la serie se despidió con un final completamente abierto tras ser cancelada. Aunque en 1991 el telefilme Dynasty: The Reunion intentó cerrar las dudas pero el resultado fue aún más confuso. Con este cierre, Spelling se despidió de la ABC y, por primera vez en tres décadas, se quedó sin una sola serie en emisión.
Sin embargo, el formato demostró ser inmortal: en 2017 se estrenó un exitoso remake moderno que actualizó los dramas de los Carrington durante cinco temporadas. Y es que, nos guste o no, los culebrones de lujo son los que más enganchan.
T.J. Hooker (1982-1986)
Nueva década y, cómo no, una nueva serie de policías. Esta vez el protagonista era el sargento Thomas Jefferson “T.J.” Hooker, interpretado por un icónico William Shatner que, tras sufrir el asesinato de su compañero, decide rvolver a patrullar las calles de uniforme y formar a las nuevas generaciones de la academia. Su nuevo compañero de patrulla será el novato Vince Romano (Adam Zmed), una marcada diferencia de edad y experiencia que se convirtió en el gran gancho de la serie, aportando una dinámica de mentor y alumno poco vista hasta entonces en las parejas policiales.
Tras una brevísima primera temporada de solo cinco episodios, Spelling decidió llamar a una jovencísima Heather Locklear, con quien ya estaba trabajando en Dinastía, para dar vida a la oficial Stacy Sheridan, la hija del capitán. Con ella llegó también el agente Jim Corrigan, interpretado por James Darren, otro habitual de la factoría Spelling. Los cuatro colaboraban a menudo, pero lo interesante es que esta nueva pareja aportaba muchísima variedad: cuando Sheridan y Corrigan investigaban casos separados, el capítulo se dividía en dos casos paralelos, algo nada habitual tampoco en las series policiacas de la época.
Para la quinta temporada, la serie vivió una auténtica montaña rusa. Cambió de cadena, saltando de la ABC a la CBS, y el formato se transformó por completo: los capítulos se alargaron hasta los 90 minutos para emitirse en la franja nocturna de la madrugada. Además, Adam Zmed decidió abandonar la serie, dejando a Hooker sin su fiel escudero. Demasiados cambios para una producción que ya estaba desgastada, convirtiendo a esa accidentada quinta temporada en la última de la serie.
Hotel (1983-1988)
Básicamente, la versión en tierra de Vacaciones en el mar. No sé si fue algo intencionado o no, pero lo cierto es que su formato era un calco. Spelling, también creador de esta producción, se basó en la famosa novela de Arthur Hailey, que ya había inspirado también a una película de 1967. La trama giraba en torno a los trabajadores del ficticio hotel St. Gregory de San Francisco, los únicos personajes fijos, mientras que cada semana desfilaba un nuevo grupo de huéspedes interpretados por grandes estrellas del cine y la televisión. James Brolin daba vida a Peter McDermott, el director, y Connie Sellecca (recién salida de El gran héroe americano) era Christine Francis, su ayudante. La tensión romántica de idas y venidas entre ambos fue, sin duda, uno de los puntos fuertes de la serie.
Pero el verdadero drama de Hotel ocurrió detrás de las cámaras. Para el papel de la dueña del hotel, Spelling llamó a su gran amiga y leyenda de Hollywood, Bette Davis. Davis llegó a rodar el episodio piloto, pero cayó gravemente enferma justo después y tuvo que abandonar el proyecto. Para cubrir su hueco en los siguientes capítulos, contrataron a otra gloria del cine clásico y 15 años más jóven: Anne Baxter, quien interpretaría a Victoria Cabot. Curiosamente, Baxter había sido la gran némesis en la pantalla de Bette Davis en la mítica película Eva al desnudo (1950). Este papel le devolvió una fama que ya tenía algo olvidada, pero ironías del destino, Baxter falleció en 1985, en pleno rodaje de la tercera temporada, muriendo cuatro años antes que la propia Bette Davis.
Esta vez decidieron no buscarla sustituta y el hotel quedó en herencia en manos del director, Peter McDermott. Sin embargo, la serie no logró recuperarse de este trágico bache y la audiencia fue cayendo hasta su cancelación en la quinta temporada.
Los Colby (1985-1987)
En pleno éxito de Dinastía, ¿por qué no intentar aprovecharse del tirón? De ahí nació este spin-off, que en el fondo no era más que una serie idéntica (hasta la sintonía del opening era prima hermana) pero en vez de los Carrington, centrada en la otra gran dinastía de la industria petrolera: los Colby. A muchos miembros ya los conocíamos de la serie madre, ya que sus empresas colaboraban o competían, y Jeff Colby estaba casado con la hija de Blake Carrington, Fallon. Sin embargo, aquí pudimos conocer al clan al completo y adentrarnos en su lujosa vida en California. Con ellos se mudaron de serie los propios Jeff y Fallon, y las visitas de personajes de Dinastía eran constantes.
El patriarca, Jason Colby, estaba interpretado por la leyenda del cine Charlton Heston. Su esposa era Sable, la mismísima prima de Alexis, y decidida a demostrar que era todavía más retorcida y mala que ella. Los dramas familiares estaban a la orden del día: uno de los hijos del matrimonio, Miles, se casó con una Fallon completamente amnésica, arrebatándosela a su primo Jeff. Historias rocambolescas hubo a patadas, pero lo que se dice originalidad y calidad, muy poca.
El experimento no terminó de cuajar y, tras su segunda temporada, Los Colby se despidieron. Dejaron varias tramas abiertas que tuvieron que resolverse a la carrera de vuelta en Dinastía y un final bochornoso con abducción de ovnis incluida.
Beverly Hills 90210 (Sensación de vivir) (1990-2000)
Cuando Dinastía terminó, también terminó una era y los medios vieron tambalearse un imperio. Hubo un periódico cuyo titular fue tajante: “La dinastía de Spelling ha muerto”. No se refería a la serie. Como juego de palabras muy bueno, pero como adivino no tenía ningún futuro... Para arrancar la nueva década, el creador Darren Star llamó a su puerta con una temática que Aaron nunca había tocado: el instituto y los adolescentes. Spelling, aunque estuviera un poco pez en el tema, sabía el filón que podía suponer y, además, contaba con sus propios hijos adolescentes en casa, Tori y Randy, por si necesitaba "asesoramiento".
Y así fue en parte. Tori fue contratada como uno de los personajes principales, claro, pero también ayudó a desatascar el casting. El protagonista, Brandon, aún no tenía cara y ella sugirió a Jason Priestley, un actor desconocido al que solo ella parecía haber visto en la serie Sister Kate. El otro problema fue Dylan. Spelling quería a Luke Perry, pero la cadena Fox no lo veía claro. Así que Aaron hizo la pregunta del millón: “Si no le pagáis vosotros, ¿puedo contratarlo yo?”. Dicho y hecho. El productor tiró de talonario y pagó a Perry de su propio bolsillo (con razón estuvo tan ausente en los primeros episodios).
Estrenada en otoño de 1990 en la prácticamente nueva cadena Fox, la serie se convirtió en un éxito rotundo entre el público juvenil. Aquí os hablaba de ese fantástico capítulo piloto. Adolescentes guapos, ricos y con problemas reales (más o menos…), la fórmula perfecta para enganchar. El escenario principal era el mítico West Beverly High, rodado en realidad en el instituto Torrance High School (el mismo edificio donde más tarde también fue grabada Buffy Cazavampiros). Los protagonistas se convirtieron en iconos de la noche a la mañana, ocupando todas las portadas y reventando tiendas con merchandising que incluyó hasta Barbies y Kens con sus caras.
Tras la polémica marcha de Shannen Doherty, cuya versión oficial fue que ella quiso dejar la serie, sufrieron un traspié del que se recuperaron gracias a su primera villana: Valerie, interpretada por Tiffani-Amber Thiessen, una actriz que ya era muy famosa gracias a Salvados por la campana. Con los años, las tramas sociales del principio empezaron a convertirse en culebronescas tipo Dinastía, pero sin abandonar del todo los buenos mensajes. Como el hecho de que Donna mantuviera su virginidad hasta la graduación universitaria, algo que la propia Tori Spelling sospechaba que era una idea protectora de su padre. No seré yo quien lo dude.
La marcha de algunos más del reparto y la llegada de personajes de relleno acabaron desgastando las audiencias, pero aún así aguantaron 10 temporadas cubriendo toda la década de los 90. Y poco les duró la ausencia. En 2008 regresaron con un remake que rescató a varios miembros del elenco original, incluida Shannen Doherty. Y más recientemente, en 2019, la factoría se reunió en la delirante miniserie BH90210, donde los propios actores se parodiaban a sí mismos intentando resucitar la serie. Una carta de amor a los fans que demostró que el fenómeno de los gemelos Walsh sigue muy vivo en nuestra memoria.
Melrose Place (1992-1999)
De nuevo Darren Star tuvo una idea brillante basándose en sus propias vivencias de juventud y creó este particular spin-off de Sensación de vivir. Primero nos introdujeron al personaje de Jake Hanson en Beverly Hills para que, poco después, Kelly, Donna, David y Steve se dieran una vuelta por el icónico complejo de apartamentos de Melrose y lanzar la serie por todo lo alto en la Fox.
La idea original era ser una versión más adulta de 90210, con personajes recién salidos de la universidad intentando abrirse un hueco en el mundo laboral. Al principio, las tramas eran autoconclusivas, con su correspondiente moraleja, y entre los vecinos había un buen rollo increíble, eran todos más buenos que el pan.
Tras los primeros trece capítulos se produjo la primera baja (Amy Locane) y fue sustituida por Daphne Zuniga, vieja amiga de la universidad de Darren Star. La serie también pasó a la historia por contar con Matt Fielding, el primer personaje principal abiertamente gay en el prime time norteamericano. Eso sí, la censura de la cadena era tan estricta que jamás se emitió un beso suyo. Llegaron a rodar uno en el final de la segunda temporada, pero la Fox obligó a cortarlo en el montaje.
Pero la serie no terminaba de despegar y la audiencia era tan discreta que se olía a cancelación. Así que Spelling decidió echar mano de su centavo de cuatro hojas, como él mismo llamaba cariñosamente a su actriz fetiche, Heather Locklear, para que apareciera en unos cuantos episodios y cambiar un poco las tramas. Pero revolucionó la serie por completo, el cambio funcionó y en la segunda temporada, su personaje, Amanda Woodward, ya había comprado el edificio y manejaba con mano de hierro la agencia de publicidad D&D, oficinas que en la realidad eran las de Spelling y su equipo. Las tramas se volvieron desquiciadas, Amanda ya no se movió de ahí, los personajes sacaron su lado más retorcido y maquiavélico, y la serie sufrió el cambio radical más salvaje que se recuerda en la televisión.
Gracias a ese giro hacia el culebrón más extremo, se convirtió en un éxito inesperado. Tras 7 temporadas, 227 capítulos y una mítica bomba, la serie se despidió. El formato intentó regresar con un remake en 2009 que sí fue cancelado en su primera temporada. Está claro que la magia de los inquilinos de los 90 es irrepetible.
Models Inc. (1994-1995)
Y como no hay dos sin tres, aquí llegó el spin-off de Melrose Place, creado para intentar estirar el chicle y repetir el éxito de sus predecesoras, aunque esta vez ya sin Darren Star en los guiones. La jugada fue exactamente la misma: presentar a los personajes en Melrose para luego llevarse la trama hacia su propia serie. En este caso teníamos a Hillary Michaels, la madre de Amanda Woodward, interpretada por la mismísima Linda Gray, dejando a un lado, supongo, los años de pique histórico entre Dinastía y Dallas. Hillary era la ambiciosa dueña de una prestigiosa agencia de modelos en Los Ángeles, donde trabajaba, entre muchas otras, una jovencísima Carrie-Anne Moss, años antes de alcanzar la fama mundial como Trinity en Matrix, y Teri Spencer (Stephanie Romanov), quien terminaba asesinada en el primer capítulo.
Spelling intentó mantener en vilo a la audiencia jugando al "¿quién mató a Teri Spencer?", emulando el misterio de la serie que siempre tuvo la espinita de no haber producido: Twin Peaks. Pero no coló. Aquella trama se resolvió demasiado rápido con un asesino que dejó bastante que desear. Al perder el único misterio que enganchaba, y viendo que las audiencias no acompañaban, la cadena decidió cortarle las alas. Los guionistas tuvieron que cerrar el resto de las historias de forma apresurada antes de ser cancelada fulminantemente al final de su primera temporada.
Sí, la factoría Spelling también tuvo fracasos, y este fue uno de los más estrepitosos, especialmente teniendo en cuenta el listón tan alto que dejaban las dos series de las que procedía.
Savannah (1996-1997)
Tras el tropiezo de Models Inc., se acabaron las nuevas producciones con la Fox y Spelling se mudó a la recién nacida cadena The WB con Savannah, una creación de Constance M. Burge. Probablemente sea una de las series menos conocidas del productor para el gran público y, sin embargo, es de las de mayor calidad.
La trama arrancaba con la boda de una de las protagonistas, la millonaria Reese Burton, lo que servía de excusa para reunir a tres amigas de la infancia en los ambientes de la alta sociedad sureña. Tras el enlace, los secretos de las tres empezaban a destaparse, mostrando sus verdaderas personalidades, destacando especialmente la de Peyton, interpretada por Jamie Luner como la perfecta "mala" de la función.
Las tramas estaban muy bien pensadas y, a diferencia de otros culebrones de la época, hiladas con un sentido impecable que mantenía la intriga sin caer en lo absurdo. Su primera temporada funcionó tan bien que se convirtió en una de las series más vistas de la cadena. Pero en la segunda, el error fatal vino de los despachos. La WB decidió cambiarla de día y terminó matando su audiencia. A pesar de ello, no se puede considerar un fracaso creativo, pues la serie supo despedirse con un desenlace digno, aunque no totalmente cerrado.
7th Heaven (7 en el paraíso) (1996-2007)
Quizá la serie favorita del propio Spelling, una producción por la que se arriesgó desde el primer minuto a pesar de que nadie en la industria quería hacerla, ya que decían que al público ya no les interesaba este tipo de series más tradicionales. La trama giraba en torno a Eric Camden, un pastor protestante, y su extensa familia (en la que, por cierto, se dio a conocer una jovencísima Jessica Biel como una de las hijas). En cada capítulo, los miembros del clan abordaban todo tipo de problemas y dilemas morales, tocando temas controvertidos y de actualidad que rara vez se habían tratado en la televisión de forma tan directa y abierta.
Más allá de los dramas cotidianos, la serie lidiaba constantemente con el polémico factor religioso debido a la profesión del padre, aunque los guionistas llevaban con mucha sutileza la fe de la familia para no ahuyentar a las diferentes audiencias. Contra todo pronóstico, el público sí respondió en masa y la serie batió récords de longevidad, convirtiéndose en el drama de mayor duración de la historia de la cadena The WB y en la serie familiar más larga de la televisión, superando a mitos como La casa de la pradera.
Aaron Spelling siempre se sintió profundamente orgulloso de este proyecto, aunque tristemente no pudo ver su final. Estaba previsto que la serie echara el cierre definitivo en su décima temporada, sin embargo, los índices de audiencia fueron tan espectaculares que la recién nacida cadena The CW decidió renovarla de forma inesperada. Así, la serie se lanzó a una undécima temporada cuando el célebre productor ya había fallecido. El episodio final, como no podía ser de otra manera, estuvo dedicado a su memoria.
Sunset Beach (1997-1999)
Este fue, sin duda, uno de los mayores retos que le presentaron en su carrera. Spelling nunca antes había producido una telenovela diaria para el horario diurno y eso, siendo el indiscutible rey del prime time, era un desafío enorme. Pero aceptó. En un principio, él propuso el título Never Say Goodbye, pero tras unos estudios de mercado comprobaron que el público se sentía mucho más atraído por el nombre de Sunset Beach.
Para este proyecto, Spelling volvió a barrer para casa y contó con su hijo Randy, con quien ya había trabajado en la fallida Malibu Shores (esa sí que fue un fracaso de los grandes) y como secundario en Sensación de vivir. Después de lo de Tori, estaba claro que también había que darle una oportunidad al chaval en un papel principal, pero desde luego Randy no heredó la misma suerte (ni el carisma) de su hermana.
Una telenovela muy californiana, playera y enfocada a un público juvenil, algo que no cuadraba mucho con su horario. Aun así el estreno fue muy bueno y consiguió mantenerse un año, que fue lo que Spelling había firmado de principio. Finalmente, el invento aguantó tres temporadas, con un total de 756 episodios (es lo que tienen las series diarias...). Aunque la cadena NBC la terminó cancelando en EE. UU., la serie se convirtió en un inesperado fenómeno de culto internacional, arrasando en las televisiones europeas.
Charmed (Embrujadas) (1998-2006)
Cuando las ficciones sobrenaturales aún no abundaban en la parrilla televisiva, con tan solo Buffy y Sabrina triunfando en esa época, la guionista Constance M. Burge se cruzó de nuevo en el camino de Spelling. Tras ensayar la química de un trío de mujeres protagonistas en la sureña Savannah, Constance perfeccionó la fórmula y le presentó un nuevo proyecto: tres hermanas que descubrían que tenían poderes mágicos. Era una temática que el productor apenas había tocado en su carrera, pero el potencial le llamó la atención.
Para el casting inicial contó con una cara muy familiar, Shannen Doherty. Las otras dos hermanas eran Holly Marie Combs (propuesta por su íntima amiga Shannen) Alyssa Milano, a quien Spelling reclutó a toda prisa de Melrose Place para el papel de Phoebe, tras la marcha de la actriz del piloto original, Lori Rom. La serie se convirtió en un éxito arrollador desde el primer minuto, siendo líder de audiencia y logrando que su estreno fuera uno de los capítulos más vistos de la historia de la cadena The WB.
Sin embargo, la historia pareció repetirse. Las tensiones detrás de las cámaras provocaron la salida de la serie de Shannen Doherty al final de la tercera temporada. Las audiencias se resintieron notablemente con su marcha, pero lograron mantenerse a flote gracias a la llegada de una cuarta hermana perdida, Paige Matthews, interpretada por Rose McGowan. Curiosamente, Spelling pensó primero en Tiffani-Amber Thiessen para el papel, pero la actriz lo rechazó porque no quería pasarse la vida siendo la sustituta de Shannen Doherty en los platós.
A pesar de los baches y de los constantes recortes de presupuesto en sus etapas finales, Embrujadas se coronó como la serie sobrenatural con protagonistas femeninas más longeva de su generación. Alcanzó las ocho temporadas gracias a la insistencia y devoción de los fans, ya que el equipo técnico daba la serie por cerrada en la séptima. Fue, además, la última producción que Aaron Spelling controló en su totalidad y la última que pudo ver terminar en la pantalla. Apenas un mes después de la emisión del emotivo capítulo final, el legendario productor fallecía, cerrando con las hermanas Halliwell el imperio televisivo más grande de la historia.
Durante veintisiete años consecutivos, Aaron Spelling nunca estuvo sin, al menos, dos series en antena de forma simultánea. Y aun así, le dolía cada vez que la cadena le cancelaba una porque, como él mismo decía: “Lo difícil no es vender una serie, es hacer que continúe”.
Por suerte, muchas de ellas continuaron y consiguieron hacer nuestros días un poquito mejores. Y es que es imposible no echar de menos su forma de entender la televisión. Hoy en día las series se miden por algoritmos, temporadas cortísimas de streaming que te ventilas en un fin de semana y parones de dos años entre una y otra. Pero los que crecimos esperando al miércoles por la noche para ver qué hacían los gemelos Walsh o qué bomba explotaba en Melrose, sabemos que esa expectación era irrepetible. Por mucho que me gusten las ficciones de ahora, por mucha calidad técnica que tengan o por mucho que me intriguen sus tramas, las producciones de la factoría Spelling tenían algo especial, más único.
Yo no miento y no es que haya visto una serie de Spelling, he visto ocho. ¿Y tú?




























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