Que vivimos en la era de la nostalgia y de estirar el chicle, en algunos casos innecesariamente, no es ninguna novedad. Todo, absolutamente todo, vuelve. Y claro, Scary Movie no iba a ser menos. Y es una de esas veces, en las que un regreso nos da fuerte en la patata.
¿Por qué estamos todos de los nervios desde que se anunció el proyecto? Pues porque, por fin, los hermanos Wayans están de vuelta. Y eso es sinónimo de que hay que agarrarse fuerte. Muchos pensaban que esas películas tenían un humor del que hoy en día ya no se podría hacer... hasta que han llegado ellos mismos y han dicho: "¿Que no? Sujétame el cubata". Y vaya si lo van a hacer.
Ya han prometido que vuelven más “políticamente incorrectos” que nunca. No vienen a hacer humor flojito ni bromas aptas para todos los públicos; vienen a traer de vuelta ese humor cañero, gamberro y completamente sin filtros que nos flipaba. Y si, van a ofender a media humanidad, se van a saltar los límites y, la polémica está más que servida.
Pero claro, para entender el revuelo que se ha montado con este estreno, de que los creadores originales cojan los mandos de la sexta entrega y por qué los fans estamos como locos, hay que viajar un momento al pasado. Porque la historia de esta franquicia tiene más drama y puñaladas traperas entre bambalinas que un slasher de manual…
Así que vamos a repasar un poquito esta saga.
El "robo" del siglo: El drama real de cómo los Weinstein les quitaron la saga
Es curioso, porque Scary Movie fue a la parodia lo que Scream al slasher: hasta en eso la "copió". A finales de los 80 y durante los 90, el género de la parodia estaba superquemado de tanto exprimirlo con Agárralo como puedas, Espía como puedas y sucedáneos. Pero en el año 2000 llegaron los hermanos Wayans (Keenen Ivory, Shawn y Marlon) y revivieron el género por completo.
La primera película fue un exitazo brutal que pilló a todo el mundo por sorpresa. ¿El secreto? Un humor salvaje, negrísimo, muy gamberro y con ese toque de comedia sin censura que se sentía fresquísimo en su momento. Rompieron las taquillas de medio mundo (recaudó casi 280 millones costando solo 19, una barbaridad) y, claro, la secuela no tardó ni un año en llegar. Scary Movie 2 se hizo corriendo y con mucha prisa por exigencias del estudio, pero aun así mantenía esa mala leche tan característica de los hermanos.
Y aquí es donde viene el lío gordo, donde los Weinstein entraron en acción.
Resulta que la franquicia era propiedad de Dimension Films y Miramax, las productoras de los infames hermanos Harvey y Bob Weinstein. Tras el éxito masivo de las dos primeras entregas, tocaba sentarse a negociar los contratos para Scary Movie 3. Los Wayans, lógicamente, querían cobrar lo que les correspondía como creadores de una gallina de los huevos de oro que estaba haciendo millonario al estudio. Pero los Weinstein, que tenían fama de ser los tipos más duros, tacaños y despiadados de Hollywood, no querían soltar la gallina... ni los billetes.
¿Qué hicieron? Utilizaron una estrategia rastrera pero legal: como los derechos del título y del concepto de Scary Movie pertenecían contractualmente al estudio (Dimension Films) y no a los creadores, los Weinstein decidieron romper las negociaciones de golpe. Simplemente dejaron de llamar a los Wayans. Rompieron el contacto y decidieron seguir adelante con la tercera parte buscando a otros directores y guionistas más baratos y dóciles que no exigieran un porcentaje tan alto de las ganancias.
El propio Marlon Wayans confesó en una entrevista años después que se enteraron de que los habían echado de su propia franquicia por las noticias. Literalmente leyeron en la prensa cinematográfica que Scary Movie 3 estaba en marcha con otro equipo.
Los Weinstein les quitaron su propia criatura de las manos amparándose en la letra pequeña de los contratos para no tener que pagarles su parte del pastel. Unos hachas del negocio, vaya…
Por cierto, un detalle curioso: si os fijáis en los créditos de la 3, la 4 y la 5, los nombres de Shawn y Marlon siguen apareciendo. Pero que no os engañen, porque no escribieron ni una sola línea de esas pelis. Les tuvieron que poner en los créditos sí o sí porque los personajes originales (como Cindy o Shorty) eran suyos, así que les caía algún cheque suelto de vez en cuando, pero los millones gordos de la taquilla se los quedaba limpitos el estudio.
Tras ese "secuestro" de la saga, las secuelas entraron en una espiral extraña, convirtiéndose en productos de consumo rápido que devoraban cualquier cosa que estuviera de moda. Y es que, si hoy decidimos hacer memoria antes de ir al cine a ver el nuevo estreno, nos damos cuenta de un fenómeno rarísimo: las películas originales se han convertido en algo que ni sus propios creadores imaginaron.
Scary Movie como cápsula del tiempo: Chistes con fecha de caducidad
Si hoy metes el DVD de cualquiera de las tres primeras películas en el reproductor, la experiencia es rarísima. Verlas ahora es como abrir una cápsula del tiempo de la cultura pop extinguida. Nosotros nos partíamos de la risa en el cine porque teníamos el cerebro empapado de la televisión y el Hollywood de la época, pillábamos cada referencia, pero el público de ahora es imposible que se ría igual. Para un chaval de quince años hoy, la mitad de los gags no son chistes: son jeroglíficos que necesitan una nota al pie de página.
La culpa de esto la tiene la obsesión de la saga por los famosos del momento. Hubo una época en la que si no salías en Scary Movie, no eras nadie en el mundo del corazón estadounidense. Pero claro, el famoseo caduca rápido:
Los juguetes rotos y los escándalos: En Scary Movie 3 hay escenas enteras dedicadas a destrozar a Michael Jackson (con George Carlin y Charlie Sheen encontrándolo escondido en una habitación), justo cuando el cantante estaba en pleno ojo del huracán mediático por sus juicios. O la mítica apertura de Scary Movie 5, que juntó en la misma cama a Charlie Sheen y Lindsay Lohan riéndose de sus propios arrestos, adicciones y problemas con la justicia real. Hoy ves eso y te da hasta un poco de bajón.
Las "celebrities" que se tragó la tierra: La saga está plagada de cameos de gente que en 2001 era el centro del universo y hoy la gente no sabe ni quiénes son. ¿Quién se acuerda hoy de la fiebre por las gemelas Olsen (parodiadas en la 3 con el chiste de Los Otros), de la Playmate Carmen Electra abriendo la primera película, de Tori Spelling (haciendo de posesa en la 2 justo tras el boom de Sensación de Vivir), o de Denise Richards haciendo de monja rota?
Televisión e internet prehistóricos: ¿Cómo le explicas a alguien hoy el mítico gag de Shorty, sus amigos y el mismísimo Ghostface gritándose por teléfono "Wassup" con la lengua fuera? Ese momento calcaba palabra por palabra un anuncio de cerveza Budweiser que fue el primer meme global de la historia, cuando internet iba con cable de teléfono. O las mofas a Paris Hilton y Nicole Richie en su reality The Simple Life, o la parodia del berrinche de Tom Cruise saltando como un desquiciado en el sofá de Oprah Winfrey en Scary Movie 4. Era humor en tiempo real que ha envejecido de una forma loquísima.
El buffet libre: ¿Cuántas películas caben realmente aquí?
Ese es el otro gran truco de la saga. Nos venden que cada película parodia los dos o tres éxitos de terror de cartelera, pero si te pones a analizar el metraje fotograma a fotograma, descubres que en cada entrega hay enterradas entre 20 y 40 referencias cruzadas. El cine de terror era solo la fachada; dentro metían cualquier cosa que hubiera recaudado un dólar en taquilla, fuera del género que fuera.
Si empezamos a rascar la pintura, el conteo de películas reales que destrozaron da miedo:
Scary Movie 1 y 2 (El bofetón de los Wayans): Pensamos en Scream y Sé lo que hicisteis el último verano. Pero los hermanos metieron en la batidora el drama adolescente de Dawson Crece (con cameo de James Van Der Beek incluido), la mítica escena de las cartas de Amistad de Spielberg, el thriller psicológico de El sexto sentido, el metraje encontrado de El proyecto de la bruja de Blair, la acción cyberpunk de Matrix, e incluso clásicos antiguos como El Exorcista o El Resplandor. En la 2 la cosa se les fue de las manos: usaron el esqueleto de The Haunting (La guarida) para meter chistes de Hannibal, El hombre sin sombra, Poltergeist, Lo que la verdad esconde, Titanic y hasta una escena de acción calcada de Los Ángeles de Charlie.
Scary Movie 3 y 4 (El delirio de David Zucker): Aquí es donde se rompió el filtro por completo. El terror lo ponían The Ring y Señales, pero el guion se detenía para parodiar de cabo a rabo el drama musical de Eminem en 8 Millas (con George Carlin metido a rapero), la ciencia ficción filosófica de Matrix Reloaded (con el Arquitecto), e incluso películas como Air Force One o Una rubia muy legal. En la 4 repitieron la jugada: mientras Cindy escapaba de las trampas de Saw y los fantasmas de The Grudge, la película dedicaba bloques enteros a burlarse del drama boxístico de Clint Eastwood en Million Dollar Baby, el romance vaquero de Brokeback Mountain, la catástrofe alienígena de La guerra de los mundos y el thriller psicológico de El bosque (The Village)
Scary Movie 5 (La batidora rota): El colmo del absurdo. Intentaron colar que era una parodia de Paranormal Activity y Mamá. Mentira. La mitad de la película son parodias salvajes que no tienen nada que ver con pasar miedo: metieron el drama de ballet obsesivo de Natalie Portman en Cisne Negro, la ciencia ficción mental de Christopher Nolan en Origen (Inception), los monos inteligentes de El origen del planeta de los simios, el fenómeno literario erótico de Cincuenta sombras de Grey y hasta las comedias de Madea de Tyler Perry.
Al final, te pones a sumar y te das cuenta de que la saga no era cine; era un archivo gigante de los impactos comerciales de Hollywood de las últimas dos décadas.
El reinicio definitivo: Los Wayans recuperan las llaves de casa
El karma en Hollywood a veces es lento, pero es implacable. Tras el colmo del absurdo que supuso la quinta entrega en 2013, la saga quedó completamente congelada. Sin embargo, los despachos han dado el vuelco definitivo: con los Weinstein fuera del mapa, el nuevo jefazo de Miramax, Jonathan Glickman, llamó en persona a Marlon Wayans para resucitar el formato.
Y la intrahistoria es brutal. Marlon contó que la llamada le pilló justo tras prometerle a su padre antes de morir que no guardaría rencores y que volvería a trabajar con sus hermanos. Así que aceptó con una condición innegociable: o volvían todos, o nada. Dicho y hecho. Los tres hermanos Wayans han recuperado el control absoluto del guion y la producción, y para blindar el proyecto y tener un presupuesto de infarto, se han aliado con Paramount Pictures para asegurar un estreno masivo en cines.
Pero no vuelven solos. Para recuperar la verdadera esencia de la saga, han conseguido reunir al "Core Four", el cuarteto original que nos enamoró en el año 2000. Sí, Anna Faris se vuelve a meter en la piel de la sufridora Cindy Campbell y junto a ella regresa la mítica Regina Hall como Brenda, además de Jon Abrahams (Bobby) y Lochlyn Munro (Greg). Es una declaración de intenciones en toda regla: quieren dinamitar los últimos veinte años de secuelas genéricas y volver a las raíces de la comedia cafre.
De hecho, la primera gran parodia de la película está en su propio título. Siguiendo la moda actual de Hollywood de las "recuelas" o secuelas de legado, donde las sagas borran los números de sus títulos para venderse como un reinicio, tal y como hizo Scream en 2022 en lugar de llamarse Scream 5, los Wayans han hecho exactamente lo mismo. No estamos ante Scary Movie 6; la película se titula oficialmente Scary Movie.
El veredicto: ¿Por qué este regreso sí importa?
Y ojo, porque el panorama actual les ha dejado el terreno abonado. Los Wayans han vuelto dispuestos a demostrar que en esta era de la piel fina no hay "espacios seguros" y vienen a meterse tanto con el cine como los temas más espinosos de la vida real de los últimos años:
El nuevo terror de prestigio: El cine de terror moderno va a pasar por su filtro gamberro. El guion ya tiene como blancos principales fenómenos recientes de la taquilla, destacando la atmósfera perturbadora de Longlegs, la tensión de la saga Smile y, por supuesto, los bailes virales y el descaro de la muñeca M3GAN.
La cultura de la cancelación y el movimiento MeToo: Los hermanos han avisado de que no se van a cortar un pelo con la corrección política actual. La película mete el dedo en la llaga en los cambios sociales actuales, en las dinámicas de género post-MeToo y la cultura de la cancelación, demostrando que ellos se ríen absolutamente de todo el mundo.
La era post-pandemia: Al llevar tantos años fuera de juego, el guión recupera el tiempo perdido burlándose de la histeria colectiva que vivimos en la pandemia del Covid, el postureo de los influencers, el auge de OnlyFans y el miedo actual a la Inteligencia Artificial y ChatGPT.
Precisamente por eso, ver cómo meten toda esta locura del mundo moderno en el mismo saco que los fantasmas de las películas es el verdadero gancho de este estreno. Queda por ver si el público actual está preparado para el regreso de los reyes de la parodia o si nos hemos vuelto demasiado sensibles.
Al final, los que crecimos con la saga vamos al cine con la esperanza de recuperar esa complicidad tan gamberra que solo los Wayans y el reparto original sabían crear. Es hora de apagar el teléfono, dejarse de análisis y ver si consiguen volver a volarnos la cabeza como la primera vez.
Nos vemos en los cines.










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