Mis peores finales de series: decepciones que no esperaba

El final de Stranger Things ha sido, sin exagerar, uno de los más comentados y polémicos de los últimos años. 

Internet dividido, hilos eternos, enfados, defensas a muerte y gente analizando planos como si estuvieran resolviendo un crimen real. 


Yo ya lo dije en mi entrada sobre el final: estoy en un punto intermedio. Le veo todos los fallos, las prisas, las explicaciones que faltan y las decisiones discutibles… pero también me quedo con lo que me hizo sentir. Y eso, para mí, pesa.


El problema es que no siempre puedo decir lo mismo. 


Porque a lo largo de los años ha habido finales de series que no me dejaron nostalgia, ni emoción, ni ese “bueno, no era perfecto, pero me quedo con esto”. Algunos me enfadaron, otros me decepcionaron y otros, quizá los peores, fueron totalmente fríos. De esos que recuerdas con los años y sigues pensando: ¿pero en serio esto era lo mejor que se les ocurrió?


Así que hoy vengo con una lista muy personal de finales que, por un motivo u otro, no estuvieron a la altura del camino. No todos son desastres absolutos, pero ninguno me hizo sentir que el viaje había merecido la pena del todo.




Aviso importante y necesario: hay spoilers de TODOS los finales que se mencionan. Si no has visto alguno y te importa, huye ahora que estás a tiempo.


Scrubs – cuando el final perfecto no era el final


Scrubs tuvo un final precioso. Me encantó. La temporada 8 termina con ese episodio redondo, emotivo, coherente con la serie y con sus personajes. J.D. mirando al futuro, ese montaje final, esa despedida bien hecha… Yo lloré. Fue perfecto. 


¿Entonces? Que hubo una temporada 9. Una temporada 9 que debería haber sido un spin off y entonces no hubiera habido problema. Pero no, fue otra temporada que llegó como si nada, vendida como una continuación cuando en realidad era otra cosa muy distinta, con nuevos personajes (hola Dave Franco), otro enfoque y cero necesidad. Y acabó manchando un cierre que ya estaba perfectamente cerrado.


Así que sí, Scrubs no tiene un mal final… El problema es que no supieron parar. En febrero vuelve. Veremos… 





Dexter: New Blood – volver para liarla más


A mi el final de Dexter original, aun años después, sigo sin saber si me dejó cabreo, frialdad o qué. No sé por dónde cogerlo. Pero sí, opino que no fue un buen final, creo que nadie podría discutir eso. 

Pero nos dijeron “tranquilos, ahora sí vamos a arreglar el final” y claro, picamos. Porque somos fans y porque Dexter nos importa.


Error.

Para mi fue un final aún mucho peor. Y mira que era difícil empeorarlo. Pues sí, lo hicieron. 


Todo se precipita, los personajes de repente atan cabos como si hubieran hecho un máster acelerado en criminología y Dexter toma decisiones que no cuadran con el personaje que llevamos años conociendo. Y luego está Harrison, convertido en el centro de todo para llegar a un final que pretende ser intenso, trágico y definitivo… pero que se siente forzado y torpe.


¿Que Dexter muera? Podía funcionar. ¿Así? No.

No solo no arreglaron el final original, sino que lograron algo aún peor: enfadarnos otra vez. Y eso ya tiene mérito. 


Y por si no había suficiente, vuelven a intentarlo otra vez con Dexter Resurrección. Algún día darán con el final correcto… 




Veronica Mars – Destruirlo todo en cinco minutos


El revival venía con nostalgia, guiños y la promesa de una Verónica más adulta. Hasta ahí, bien. 

El problema es que decidieron ser “valientes” y ya sabemos lo que suele pasar cuando una serie hace eso al final.

Matan a Logan. Así. Porque sí. Para “endurecer” al personaje de Verónica


No es que duela, que también, es que no aporta nada. No cierra un arco, no mejora la historia y no respeta el camino recorrido durante años. Es shock gratuito.


Después de cuatro temporadas y una película, el mensaje es claro: da igual lo que hayas invertido emocionalmente, te lo vamos a quitar igual. Y eso se perdona bastante menos.





Revenge – Cuando vengarte ya no tiene ningún sentido


Revenge empezó como una fantasía muy clara: una chica, un plan milimetrado y una lista de gente a la que arruinarle la vida con clase. Venganza elegante. Vestidos blancos. Miradas intensas desde mansiones carísimas.

Y luego… se les fue.


Después de tanto, todo se resuelve de la forma más rara posible. 

Victoria finge su muerte para cargarle el muerto (literalmente) a Emily, luego aparece David y la mata de verdad, Emily acaba con un disparo y un trasplante de corazón que quizá sea el de Victoria (gracias por no aclararlo), y fin.


¿Emily se venga? Sí. ¿Te quedas a gusto? Pues no mucho.

Después de años de obsesión, traumas y giros cada vez más exagerados, el cierre es frío, confuso y bastante anticlimático. No enfada, que casi sería mejor. Te deja indiferente. 

Solo queda la idea, bastante obvia ya a esas alturas, de que la venganza no te arregla la vida.


No es un final que dé rabia. Es uno que te deja mirando la pantalla pensando: “¿Ya? ¿En serio?”

Y para una serie que vivía del exceso, acabar así se siente un poco… descafeinado.




Pretty Little Liars – Siete años de misterio… y diez minutos de explicaciones


Yo a Pretty Little Liars en el fondo la tengo cariño. Muchos años de sufrimiento voluntario que pasé, porque fue mi serie masoquista por excelencia. De esas que estás deseando que acabe, pero no dejas de ver… 


Después de siete temporadas de misterios, conspiraciones, giros absurdos, pistas falsas y teorías dignas del FBI, resulta que en diez minutos lo explican todo y averiguan fácilmente todo lo que no averiguaron en siete años. Claro que sí. 


Secuestro rápido, confesiones en cadena y, por supuesto, una gemela secreta británica sacada de la nada para cerrar el asunto. Porque claro, ¿por qué no? 

Cualquiera podía ser AD (porque sí, porque después de A vino AD), todos en el pueblo tenían motivos y eran sospechosos, pero mejor que fuera alguien que no había aparecido en toda la serie…

Rompeos la cabeza pensando, no lo vais a adivinar en la vida… je je je 


La serie pasó años diciéndonos que “todo estaba pensado al milímetro”, “todas las pistas encajan”, “mirad bien los detalles”… y luego resulta que no hacía falta mirar nada, solo esperar al último capítulo y ya.


Yo decidí tomármelo a broma. Porque enfadarse era perder energía y porque nunca me tomé esta serie en serio. 

Pretty Little Liars no tuvo un mal final: tuvo un final meme.

Y sinceramente, visto el historial… era casi lo más coherente.




Cinco hermanos – Cuando no saber parar lo estropea todo


Cinco hermanos (Brothers and Sisters) tenía un final perfecto en la cuarta temporada. Cerraba tramas, personajes y emociones como debía. De esos finales que dices: vale, aquí se acaba y tiene sentido.

Pero no. Decidieron seguir. Y me duele. 


La quinta temporada fue cuesta abajo y sin frenos, y el golpe final llegó con el padre de Sarah.

Una revelación innecesaria, forzada y que no aportaba absolutamente nada salvo confusión y desgaste emocional gratuito. 

De verdad, ¿a última hora decides que William no era su padre, cuando precisamente ella era su hija favorita? y ella fue la que más luchó por él y por su empresa familiar… es que me niego a aceptarlo. 


Era una serie muy de personajes, muy de vínculos familiares… y terminó traicionando justo eso por estirarla más de la cuenta.

No fue un desastre espectacular, fue peor: una decepción lenta, viendo cómo algo que querías se iba desdibujando episodio a episodio.


A veces no hace falta un final explosivo para estropear una serie.

A veces basta con no saber decir “hasta aquí”.





The O.C. – No fue un mal final… fue un “ah, vale”


El final de The O.C. no es un desastre. No es ofensivo. No te enfada.

Y quizá por eso mismo… te deja bastante frío.


Ryan acaba con Taylor (en fin…), Seth y Summer tienen su boda, y todo queda más o menos colocado donde debía. Funciona. Es correcto. Demasiado correcto.

El problema es que The O.C. nunca fue una serie correcta.


Fue intensa, exagerada, dramática, musicalmente icónica y emocionalmente desbordada. Y su final… Es como cerrar una carpeta.

Después de todo lo que nos hizo sentir en sus primeras temporadas, el cierre sabe a:

“Bueno, pues ya estaría”. 


No es un final que odie. Es un final que no recuerdo con emoción, y eso, para una serie que nos marcó tanto, casi es peor. Porque con The O.C. esperaba llorar fuerte.

Y acabé diciendo: meh.





ALF – El “continuará” más cruel de nuestra infancia


Si hablamos de finales que duelen, ALF juega en otra liga.

La serie termina con ALF capturado por el gobierno, encerrado en una base militar… y un precioso “To Be Continued” en pantalla. Spoiler: no continuó. Jamás.


Nos dejaron con un alienígena adorable, que llevaba años escondido, separado de la familia que era ya la suya, y con la sensación de que alguien apagó la tele sin avisar. ¿Triste? eso no tuvo nombre.


Luego hubo una peli años después intentando arreglarlo. Spoiler 2: no lo arregló.

Vimos toda la tortura que sufrió ALF, haciendo experimentos con él y sí, es liberado y nombrado embajador de los alienígenas en la tierra, pero no volvió a ver a los Tanner nunca más y tampoco regresó a su planeta. 

Gracias por ese trauma gratuito, televisión de los 90.





Prison Break – Cuando sufrir durante años no sirve para nada


Si hay un final que me enfadó de verdad, ese fue el de Prison Break. Y también el que más me duele que lo sea. Porque yo era muy fan de esta serie. Tanto, que aun la defiendo en la segunda temporada. Cuando la gente ya empezó a bajarse, yo aun la disfrutaba y le tenía mucha fe.

Pero el resto da igual por donde lo mires, era indefendible. 


Tramas cada vez más enrevesadas, giros porque sí y la sensación constante de estar estirando algo que ya había dado todo lo que tenía que dar.


Prison Break era una serie exagerada, sí. Inverosímil en muchas cosas, también. Pero tenía algo muy claro: te hacía sufrir con sus personajes. Especialmente con Michael Scofield. Ese hombre no descansó en cinco temporadas. Ni él ni nosotros.

Por eso el final fue tan frustrante.


Después de todo lo que pasa, de todas las cárceles, conspiraciones, traiciones, enfermedades, muertes falsas y sacrificios varios… la serie decide que la mejor forma de cerrar todo es matando a Michael. Y no solo eso, sino contándolo a través de un salto temporal y un montaje rápido que te deja más frío que triste.

No fue un final valiente, fue un final injusto. Un todo ese viaje, para esto.


Y ojo, no es que un protagonista no pueda morir. Claro que puede. Pero aquí no se sintió como una decisión narrativa potente, sino como un golpe gratuito. 


Y años después van y hacen una quinta temporada con ese final que quería… gracias, pero llegáis tarde. El daño ya estaba hecho y la decepción también. Casi que me enfadó más porque dices, ¿eso no lo podíais haber hecho de principio? ¿Tanto costaba? ¿Ahora ya para qué?


En fin, mira que he visto finales malos, pero este se llevó la palma. 




Hay muchos más finales que no me gustaron por lo que sea, pero hay que saber acabar…


Al final, lo curioso de los finales es que no siempre arruinan una serie entera, pero sí cambian la forma en la que la recordamos.


Puedes haber amado personajes, sufrido con ellos durante años y recomendado la serie a todo el mundo… y aun así quedarte con una sensación rara cuando piensas en cómo terminó todo. No es solo decepción: es esa pequeña espinita de “con lo bien que iba, ¿de verdad era necesario acabar así?”. 


Alguien pensó que “sorprender” era más importante que cerrar bien.

Y siempre, la parte más difícil de una serie, es cerrarla bien. Sobre todo a gusto de todos. Pero si tanto nos importa y tanto nos duele, es porque la serie es especial y grande.


Y quizá por eso estos finales siguen dando conversación tanto tiempo después, porque no los hemos cerrado del todo ni nosotros.













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