Scrubs: así es la comedia médica más especial de los 2000

Vuelve Scrubs, la serie de médicos más divertida de la historia, y a los que crecimos con J.D. y compañía, nos ha dado un vuelco el corazón. Y no, no es un infarto de esos que saldrían en la serie, es pura nostalgia. 

La nostalgia que hace que todo regrese después de décadas y con ese miedo que siempre tenemos los fans de que nos estropeen el recuerdo, pero también con ganas e ilusión de volver a reencontrarnos con esos personajes tan queridos. Lo han hecho, lo están haciendo y lo seguirán haciendo con todo. Y ahora nos toca Scrubs. 


Así que es el momento perfecto para recordar por qué el Sagrado Corazón (Sacred Heart) era nuestra segunda casa. 




Hay series que te gustan, otras que recuerdas con cariño… y luego están las que, sin darte cuenta, se te quedan grabadas. No por ser perfectas, ni por ser las más prestigiosas, sino porque consiguen algo mucho más complicado: que te hagan soltar una carcajada y, al minuto siguiente, te partan el corazón. Y ahí es donde entra Scrubs.

Porque sí, en teoría es una comedia médica. Pero eso se queda cortísimo.


Porque admitámoslo, Scrubs no era una serie de médicos normal. Mientras en otras series todo el mundo se liaba con todo el mundo en el cuarto de la limpieza, aquí lo más probable era que J.D. estuviera imaginando que era un superhéroe mientras su paciente le miraba con cara de “pero qué le pasa a mi doctor”. 





El toque maestro de Bill Lawrence


Detrás de este caos estaba Bill Lawrence. Este hombre es un genio creando ecosistemas de personajes que funcionan como un reloj suizo.

Ya lo hizo en Spin City, su primera serie de la que os hablé aquí, lo repitió años después con Cougar Town y ahora lo ha vuelto a petar con Ted Lasso o Terapia sin filtro (Shrinking). 


Pero aquí fue donde encontró su tono. Y donde decidió que una serie podía soltar chistes y un drama existencial que te dejara en silencio en la misma escena. 

Bill tiene esa habilidad de pasar de un extremo a otro sin que chirríe.

No era un hospital. Era un filtro mental. 


Un novato con demasiada imaginación


Scrubs arranca en el Hospital Sagrado Corazón, con J.D. (Zach Braff), un niño grande con una voz interior que no se calla nunca, que llega como interno recién salido de la facultad y que no tiene ni idea de nada. Bueno, en realidad sí tiene una cosa clara: que todo le supera.




Desde ahí, la serie sigue su evolución como médico… pero sobre todo como persona. Y lo hace desde su cabeza. Literalmente.


Porque si hay algo que define a Scrubs es eso: todo pasa por la mente de J.D.

Sus fantasías, sus paranoias, sus inseguridades… todo se mezcla con la realidad.

Y eso es lo que le da ese tono tan raro que no tenían otras series médicas. Esas idas de olla constantes eran el ADN de Scrubs


J.D. y Turk: la amistad antes que todo


Sí, el centro de todo es J.D. Inseguro, inmaduro, excesivamente emocional… y con una tendencia preocupante a imaginar cosas en cualquier momento. Es de esos personajes que, si los piensas fríamente, serían insoportables. Pero no lo es. Porque también es honesto. Y porque la serie no lo idealiza.


Pero J.D. no estaba solo. Tenía a Turk (Donald Faison), su mejor amigo. Cirujano, seguro de sí mismo, competitivo… y tan infantil como J.D., aunque lo disimule mejor.




Su relación es probablemente lo más importante de la serie. Más que cualquier romance. Más que cualquier trama. Todos queríamos un mejor amigo como Turk.

A veces hasta parecía que eran una sola persona. 


Personajes tan buenos, que no son simple acompañamiento


Pero sí, también estaban las parejas románticas. 


Elliot Reid (Sarah Chalke), la doctora más neurótica, rápida hablando y llena de complejos de la historia. Era la típica interna que no sabía lo que hacía, que solo había estudiado medicina para impresionar a sus padres. Y verla evolucionar de niña rica asustada a una doctora increíble, fue de los mejores viajes de la serie. 




Su relación con J.D. fue el motor romántico (y desesperante) de Scrubs. Empezaron compitiendo como internos, pasaron por mil fases de “solo amigos”, salieron, rompieron, Elliot se hizo un cambió de look radical… fue todo una montaña rusa.

Lo mejor de ellos es que veías por qué no funcionaban y es que eran demasiado parecidos en sus inseguridades, miedos y “locuras”. 


Por otro lado teníamos a Carla (Judy Reyes), la que ponía los pies en la tierra. La enfermera que de verdad manejaba el hospital, mientras los médicos se peleaban por ver quien era el más guay. Directa, con carácter… y muchas veces la única adulta de todos.

Carla era la voz de la razón, aunque a veces esa voz fuera un poco autoritaria. 




Ella y Turk, en cambio, eran la pareja estable y más real de la serie. Su relación fue de las pocas que evoluciona de forma natural.


También estaban los que mandaban, los que te daban pesadillas. 


El Dr. Cox (John C. McGinley), es probablemente el mejor personaje de Scrubs. Sarcástico, borde, agotador… y, al mismo tiempo, el único que realmente se tomaba en serio lo que significaba ser médico.

Sus monólogos de cinco minutos insultando a J.D. sin respirar, eran arte puro.

Y es que su relación era muy peculiar. Medio mentor, medio tortura constante. Pero también era el único que intentaba enseñarle algo de verdad.




Acompañándolo estaba el Dr. Kelso (Ken Jenkins), el Jefe de Medicina. Al principio parece el mismísimo diablo con bata blanca, pero poco a poco se va humanizando. Porque en Scrubs nadie es solo una cosa.

Bueno, salvo el Conserje.




¿Podemos hablar ya del Conserje? (Solo se mencionó su nombre en el último episodio).

Neil Flynn improvisaba casi todas sus líneas y es que, directamente era un personaje salido de otro universo.

Su única misión era hacerle la vida imposible a J.D., por una tontería de una moneda en una puerta en el primer episodio (viva el rencor del bueno). Y cuanto más avanzaba, menos sentido tenía todo lo que hacía. Sus mentiras locas y su capacidad de aparecer de la nada, hacían que la serie fuera imprevisible. Y funciona.


Como curiosidad, en la primera temporada con la única persona que interacciona de todo el hospital es con J.D. y, claro, se llegó a pensar, que como siempre se estaba imaginando cosas, el Conserje solo existía en su mente.

Pues así estaba pensado exactamente. Los guionistas confirmaron que si Scrubs no hubiera sido renovada, al final de la temporada habrían revelado que el Conserje era un producto de la imaginación de J.D.





Pero la serie se alargó (por suerte) y decidieron aprovechar el personaje y darle mas “trama” relacionándolo con todo el mundo.

Aunque a las únicas que respetaba era a Carla, porque la tenía miedo y a Elliot, porque estaba enamorado de ella. Todo un personaje, nunca mejor dicho. 


Y por supuesto no podemos olvidarnos de Jordan Sullivan, la reina del hielo más necesaria de la serie. 

Si el Dr. Cox era el terror del hospital, Jordan era el terror de Cox.

Interpretada por Christa Miller (que por cierto, es la mujer de Bill Lawrence en la vida real), Jordan era maravillosa.

Sin filtros, cínica y con una lengua más afilada que cualquier bisturí. Su dinámica con Cox era de lo mejor: Se odiaban tanto que se amaban, de hecho se divorcian para poder estar juntos. Si, en ellos tenía sentido. 





El humor: de la payasada al nudo en la garganta


Lo fácil con Scrubs sería quedarse en que es divertida. Porque lo es. Mucho.

Pero lo que la hizo especial es que sabía cuándo dejar de hacer gracia. 


Tenía episodios que empezaban como cualquier otro y terminaban con una escena completamente seria. Sin música épica. Sin dramatismo exagerado. Solo silencio.

Y eso, en una comedia, es muy complicado. Porque no lo esperas. Y cuando pasa, te descoloca. 


Si has visto el episodio aquel de Brendan Fraser, has llorado. Lo de “¿dónde cree que estamos?” fue de lo más rompedor que se ha podido ver en una comedia. Y si no lo has visto, te recomiendo encarecidamente que lo hagas. (Bueno, toda la serie, que para eso estamos aquí…)


Trataba la muerte de una forma muy humana, sin florituras de Hollywood. Te enseñaba que, a veces, haces todo bien y el paciente muere igual. Y eso, en una comedia de 20 minutos era algo revolucionario.



 

No era un drama médico como Urgencias, pero tampoco podías reírte todo el tiempo, porque en un hospital hay desgracias. Y jugaba con eso todo el tiempo.


Una serie muy suya


Scrubs se estrenó en 2001 en NBC y, durante siete temporadas, fue más o menos estable. No era un fenómeno masivo, pero tenía un gran público.

Hasta que llegó el lío.


La cadena decidió cancelarla, pero luego ABC la rescató para una octava temporada. Y si, todos estamos de acuerdo en que ahí es donde terminó la serie, con ese final perfecto. 

¿Temporada 9? La temporada 9 no existe. Pero bueno, en el caso de que existiera… Ahí cambia el enfoque, cambia el reparto, cambia todo.

Aquí la tuve que incluir en los peores finales, me obligaron a hacerlo porque es una temporada 9. 




Si ese experimento lo hubieran vendido como un spin off, lo compro. Igualmente hubiera sido malo, pero no estaría relacionado con Scrubs, al menos directamente. Pero no, lo metieron como temporada 9. Gran error. Porque era un spin off en toda regla, no sé de dónde se sacaron que era otra temporada… 


Ahí dejaron el hospital de lado y se trasladaron a la facultad. Nuevos personajes, en vez de internos, estudiantes, claro.


Los originales, J.D., Turk, Elliot, Cox… aparecían de vez en cuando para dar clases o prácticas.

Denise Mahoney (Eliza Coupe), una doctora que ya había aparecido en la última temporada de Scrubs, es decir, la octava, fue la única que tuvo un papel regular aquí, como supervisora o algo así.

Al menos tuvo algo bueno, porque ella era muy buen personaje en mi opinión. 


Algunos detalles que la hacían distinta


Más allá de la historia, Scrubs tenía muchos detalles que la diferenciaban.

Por ejemplo, el hospital no era un decorado. Se rodaba en un hospital real en Los Ángeles, lo que le daba un aire más creíble dentro del caos.





Y muchas de las historias médicas estaban basadas en casos reales, asesoradas por médicos de verdad.

De hecho, la serie siempre ha sido bastante respetada dentro del ámbito médico, precisamente por eso y por cómo retrata la vida en un hospital. Nada de dramas épicos, sino mucho papeleo, cansancio y humor negro para no volverse loco con lo que tienen que soportar allí. 


Todos los episodios se titulan “mi… lo que sea” porque están narrados desde el punto de vista de J.D., aunque a veces hacían excepciones y los narraba otro personaje bajo el título de “su historia” y también conocíamos las versiones de los demás. 


El tema de la intro “I’m no Superman” de Lazlo Bane, fue Zach Braff quien sugirió usarlo, ya que vio que la letra iba acorde, sobre todo con el episodio piloto. 




Como dije antes, Neil Flynn improvisaba casi todas sus líneas. Incluso, Bill Lawrence afirma que hubo un guión en la cuarta temporada que directamente ponía “lo que Neil diga”.

Pero todos los actores tenían la libertad de poder improvisar si ellos pensaban que algo era más divertido. 


Cameos y caras conocidas


Y luego están los cameos. Porque si has visto muchas series de esa época, en Scrubs te vas a cruzar con medio mundo.


Michael J. Fox como el Dr, Kevin Casey con su trastorno obsesivo-compulsivo, fue una lección de actuación y de cómo tratar una enfermedad con humor y respeto a la vez. 


Courteney Cox fue la jefa de medicina Taylor Maddox. Fue curioso verla ahí después de todas las referencias que tiene esta serie a Friends y justo antes de protagonizar Cougar Town, donde por cierto, acabaron saliendo casi todos los de Scrubs (Jordan, Kelso, Ted el abogado, Elliot…).

Es lo que tiene compartir creador. 


Brendan Fraser. Lo mencionamos antes, pero es que su Ben Sullivan es el cameo más doloroso de la historia de la TV. Punto. 

Hubo muchos y muy buenos. 




¿Hacía falta que volviera? 


Esa es la pregunta del millón. Tenemos miedo, si. Porque han vuelto a hacerlo. No es un revival, ni un spin off… es una temporada 10… o sea, continuamos de nuevo. Y terminó hace 16 años, obviamente la época no es la misma.

Pero volver a ver a J.D., Turk, Elliot, Carla, Cox… (vuelven todos, Los últimos en confirmarse han sido Jordan y el Conserje) es un caramelo muy difícil de rechazar.




Solo espero que mantengan ese corazón, que sigan siendo unos maduros-inmaduros y que el Conserje tenga alguna trampa preparada en la puerta. 


Porque al final, Scrubs nos enseñó que la vida es una mezcla de chistes malos y momentos difíciles, y que lo único que lo hace soportable es tener a alguien al lado que te siga el rollo en tus fantasías. 


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